Descubren que la ‘costa de los gigantes’ estaba en Cádiz

La importancia histórica de Cádiz es incuestionable y abarcar etapas de la Vida que vas más allá de lo que podríamos pensar, de hecho, debido a ello, ha sido bautizada como «la costa de los gigantes».

Ha sido una huella en el suelo la que ha destapado la existencia en nuestra región de uros de un gran tamaño, mucho más del que se pensaba hasta este momento. Así ese rastro de los uros (una especie de toro de gran tamaño) indica que podrían haber tenido hasta dos metros de altura y más de tonelada y media de peso, algo que habla a las claras de lo sobresaliente que resultaban comparado con un toro de nuestros días que alcanza el metro sesenta y los 500 kilos de peso. Así esa especie de uro gigante habría poblado -según el rastro- la zona de Trafalgar y Matalascañas en Cádiz y Huelva sin descartarse otros puntos de nuestra geografía.

Este hallazgo nos habla que en Andalucía hubo una mega fauna y que llegaron a coexistir con los antiguos pobladores ya fueran neandertales o sapiens más allá de la etapa interglaciar.

Los uros eran bovinos que suelen encontrar su hábitat en los valles fluviales del sur, sus huellas son inequívocas en Andalucía y nos dicen que estuvieron aquí hace 106.000 años. Al respecto de todo ello Carlos Neto de Carvalho, geólogo, paleontólogo y científico, indicaba: “el registro fósil del comportamiento de estos grandes uros está en la rocas y sedimentos tan antiguos como aquellos donde nuestro equipo ha identificado por primera vez huellas de estos animales en el cabo de Trafalgar”.

Fernando Muñiz, también paleontólogo, coautor de la Investigación y profesor de Cristalografía y Mineralogía de la Universidad de Sevilla, afirmaba: “el hallazgo de un nuevo icnogénero y especie (Bovinichnus uropeda) en Trafalgar es uno de los logros de este estudio, pero también la conexión con las huellas en los depósitos costeros del Pleistoceno medio-tardío del tramo del acantilado del Asperillo en Matalascañas (Huelva). Esta evidencia apunta a un uso recurrente del hábitat costero por parte de estos grandes artiodáctilos en el suroeste de Iberia”.

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Uros gigantes

Así la zona de Cádiz sería una especie de reserva de mega fauna que estuvo en contacto con los neandertales, con estos uros o con otros animales como los rastros descubiertos de Palaeoloxodon antiquuselefantes de colmillo recto parecidos a los reales aunque llegando a los cuatro metros de altura; jabalíes con el triple del tamaño normal, ciervos rojos gigantes, lobos o animales que resultaban impresionantes de tamaño y que la lógica evolución y adaptación les hizo reducir sus dimensiones.

Neto De Carvalho explicaba: “Las huellas redondeadas de un toro adulto real rara vez superan los 10 centímetros. Tuvimos la experiencia en Matalascañas de Medir las huellas de «Cariñoso», un toro de 1.128 kilogramos de peso, y no superaban los 18 centímetros. El uro del cabo Trafalgar sería un animal que medía más de dos metros de altura desde la cabeza (sin contar los cuernos que se sabe que alcanzaban los 80 centímetros de longitud) y rondaba los 1.500 kg de peso. Las hembras eran más pequeñas y mostraban en esta especie un fuerte dimorfismo [variaciones en la fisonomía externa entre los dos sexos] que también parece estar presente cuando Comparamos las huellas de uro en el nuevo yacimiento paleontológico del cabo de Trafalgar con los de Matalascañas”.

En los rastros descubiertos en playas y dunas “muestran una orientación preferencial de movimiento hacia la costa” que pueden parecer impropios en herbívoros “muestran en su mayoría la misma dirección de movimiento y se Interpretan como una manada de toros que camina lentamente hacia la costa en busca de algo de paz, como sucede actualmente con otras especies”.

Un pie de 31 centímetros

Otra sorpresa fue la de encontrar un «pie gigante» “Se encontró una Impresión de un pie articulado de 31 centímetros de largo en el cabo de Trafalgar. No quiere decir no obstante que el pie —y, en consecuencia, el homínido que lo produjo [neandertal]- tuvieran unas proporciones tan grandes, ya que la flexibilidad del pie humano durante la locomoción sobre un sustrato arenoso de duna, normalmente, se traduce en una huella más grande que el pie, especialmente en superficies inclinadas. Prohibición de Sin la estructura de la población y la ecología”.

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Así el neandertal de la época tenía un comportamiento adaptado a su hábitat, con una dieta rica en carne, verdura y pescado o marisco. Dentro de la carne entraba la de uro -que proporcionaba una abundante reserva-, el científico portugués afirmaba: “El periodo en el que utilizaron la mega fauna formada por uros, jabalíes y ciervos gigantes, así como por uno de los elefantes el más grande, Palaeoloxon antiguo, del que hay registros de huellas desde Portugal hasta Cádiz, responde a miles de años de abundancia de recursos alimentarios en una península Ibérica con un clima más cálido y húmedo que el. El alimento para los animales herbívoros estaba ampliamente disponible en los bosques de la época, especialmente a lo largo de ríos como el Guadalquivir, cuyos estuarios, marismas y lagunas llegarían a ser el hábitat de los predilectos. Estos eran, a la vez, el principal recurso alimenticio de súper carnívoros como el león, el leopardo, la hiena y el lobo, así como para nuestros antepasados, los neandertales. La presión motivada por los depredadores puede haber tenido consecuencias evolutivas en el sentido de que la selección natural primara a los animales con más porte para defenderse de estos grandes depredadores”.

Aquello de lo que nos habla la mitología de los «gigantes» puede que hoy sea menos mito o leyenda y más realidad a tenor del rastro encontrado. Todo es posible.