Desvelan el misterio de las Venus rupestres

Las figuras de las “Venus” son un enigma dentro del mundo del Arte prehistórico, aparentemente encarnan a mujeres embarazadas o a la fertilidad pero ha surgido una nueva hipótesis que vendría a poner un punto de discordia en lo que se creía hasta el día de hoy.

R. Johnson, profesora de la Escuela de Medicina de la Universidad de Colorado (Estados Unidos), ha realizado una investigación que ha publicado en la revista Obesity, donde podría dar la clave para comprender donde está el misterio de estas figuras: “Algunas de las obras de arte más antiguas del mundo son estas misteriosas figuras de mujeres con sobrepeso de la época de los cazadores recolectores en la Europa de la Edad de Hielo, donde no se esperaría ver obesidad en absoluto. Demostramos que estas figuras se correlacionan con momentos de estrés nutricional extremo”.

Así los primeros humanos modernos llegaron a Europa durante el calentamiento de hace unos 48.000 años, eran los auriñacienses, de naturaleza cazadora de los que nos han quedado sus lanzas con puntas de hueso y, en verano, recolectaban bayas, pescado, nueces y plantas, pero su clima no era estático. Las temperaturas bajaron y el frío era evidente así que tuvieron que buscar refugio en los bosques y la caza descendió. Es en este periodo cuando surgieron las figurillas obesas con dimensiones de entre 6 y 16 centímetros de largo en piedra, marfil, cuerno de animal o arcilla.

El equipo descubrió que las proporciones cintura-cadera y cintura-hombro de las estatuas eran más notables en aquellas que se encontraban en las proximidades de los glaciares: “Proponemos que transmitían ideales de tamaño corporal para mujeres jóvenes, y especialmente para aquellas que vivían cerca de los glaciares. Descubrimos que las proporciones de tamaño corporal eran más altas cuando los glaciares avanzaban, mientras que la obesidad disminuía cuando el clima se calentaba y los glaciares retrocedían”.

Así los investigadores indican que la obesidad en aquel tiempo era deseada pues se prefería a la desnutrición, estas figurillas pudieron estar imbuidas de un significado espiritual siendo un fetiche o amuleto para el embarazo, el parto y la lactancia, de hecho muchas eran hereditarias de madres a hijas.

La doctora indicaba al respecto que “el aumento de grasa proporcionaría una fuente de energía durante la gestación a través del destete del bebé y también como un aislamiento muy necesario”, indicaron los investigadores. Así el hecho de promover la obesidad fue  algo usual que se estuvo haciendo mientras las condiciones de dureza climática se mantuvo pues era “sinónimo de salud, de estar bien nutrida, de fertilidad y de proporcionar el alimento que un lactante necesitaba”.

“Las figurillas surgieron como una herramienta ideológica para ayudar a mejorar la fertilidad y la supervivencia de la madre y los recién nacidos. La estética del arte, por lo tanto, tuvo una función significativa al enfatizar la salud y la supervivencia para adaptarse a condiciones climáticas cada vez más austeras” sentenciaba la doctora.

Así la clave del estudio ha radicado en la “aplicación de mediciones y ciencia médica a datos arqueológicos y modelos de comportamiento de la antropología” que han logrado establecer un parámetro de comportamiento en cuanto a las representaciones en las zonas de mayor dureza en cuánto a clima y que hacía que todas las formas tuvieran como denominador común esa obesidad que hoy resulta especialmente llamativa por como nos la ha mostrado el arte rupestre en diferentes puntos del mundo. “Este tipo de enfoques interdisciplinarios están ganando impulso en las ciencias y son muy prometedores” explicaba, Johnson. “Nuestro equipo también tiene otros temas de arte y migración de la Edad de Hielo en la mira de investigación”.