El fantasma de Casa Pinillos de Cádiz

Haciendo esquina con la calle Antonio López, en la plaza de Mina, hay un lugar, una casa, un edificio muy particular. Se trata de la casa-palacio llamada “Casa Pinillos” que durante mucho tiempo ha estado cerrada, guardando celosamente su secreto, y que sólo recientemente ha sido abierta para albergar diferentes exposiciones en tan “mágico” lugar.

Pinillos era el apellido de una familia que llegó a Cádiz en el año 1885, tras la creación de una de las más famosas navieras que surcaban, a vapor, las aguas de Europa.

Con el momento más álgido del negocio, los de mayor bonanza económica, deciden construir una casa que fuera su hogar pero también el estandarte de la sociedad de la época, una casa-palacio sin igual que fuera la admiración de todos los que la vieran.

Pero nada dura eternamente y con la explosión de la Primera Guerra Mundial el negocio de la naviera Pinillos comenzó a sufrir las graves consecuencias de esta, la ocupación de sus barcos descendió alarmantemente y durante el conflicto bélico perdieron varios barcos, hecho que agravó más aún la situación.

Peor aun cuando se comienzan a dar los primeros casos de la terrorífica y mortal “gripe española” y en varios barcos de la naviera se detectan casos, como fuero en el “Cádiz” y “Barcelona” que solían tener ruta con Cuba, así fueron los responsables de “llevar” el virus mortal a Santiago de Cuba y de la epidemia que allí se produjo ocasionando un gran número de muertes.

Mucho peor fue la tragedia del llamado “Titanic español” el llamado “Valbanera”, perteneciente a la naviera Pinillos, que vio como un 9 de septiembre de 1919 iba a naufragar cerca de Cuba, se le conoce como “The ghostship of the Quicksands” (el buque fantasma de las arenas movedizas) o “The wreck of the whores” (el pecio de las putas) en Cayo Hueso. Murieron más de 500 personas y la naviera vio cómo su situación pasaba de desesperante a agónica, tanto que en 1921 se vendía a la compañía catalana Transoceánica.

Tras el fracaso de la naviera Pinillos la familia se dedicó al negocio de la sal y entró en política entre cuyos logros destacó que diferentes miembros de la familia llegaron a ser alcaldes de la ciudad.

Carmen Martínez de Pinillos fue la última descendiente de la familia la cual tomó la decisión de la mayor parte del edificio al museo local de Cádiz excepto una zona que sería la que albergaría a la fundación que lleva su nombre y que estaría dedicada a los más necesitados.

La casa quedó deshabitada, abandonada, el tiempo pasó por ella y en su solitario interior parecía haber algo más que el silencio y el vacío.

Allí dentro, entre las otroras lujosas estancias de la Casa Pinillos el fantasma de un hombre ha sido visto asomándose a la ventana. Para unos es algún miembro de la familia, para otros sugestión y otros dicen que se trata, inequívocamente, del espíritu de la señora Pinillos.

Un fantasma que vaga como alma en pena por aquellas habitaciones y largos pasillos esperando a que su testamento se cumpla o el perdón, ¿quién sabe qué y por qué?

Pero no tiene porqué pertenecer a la familia Pinillos pues la última vía se abre cuando no hay quién falte y diga que el fantasma es el de una chica de servicio que fue asesinada en la casa y cuyo cuerpo fue ocultado por la familia. Hoy estaría reclamando, desde el más allá, justicia.

Sonidos extraños, misteriosas presencias, una cara que se asoma a una ventana, un llanto lastimero, puertas que se abren y se cierran solas y caras de terror entre los que dicen haber visto la cara espectral del fantasma asomándose a la ventana.
Hoy día el lugar es magnífico, es un ejemplo de la sociedad de la época en tiempos del esplendor de la familia Pinillos. En la planta alta aguardan mobiliario, ajuares, abanicos, piezas de cartografías y retratos de personajes ilustres que ejemplifican y hacen la puesta en escena de todo ello.

Destacar su torre mirador que, ¿quién sabe?, algún día es posible ver al alma que allí se manifiesta encaminando sus pasos hacia la eternidad.