El misterio ‘Cristo del Aculaero’ del Castillo de San Sebastián

Muchos son los gaditanos de experiencias extrañas que han tenido en el Castillo de San Sebastián, lugar de mil historias y leyendas donde se entronca con el misterio y las otras realidades. Pero también es cierto que es un punto donde se esconden secretos que, seguramente, muchos desconocen.

Fueron dos submarinistas gaditanos Ricardo Curia e Ignacio Ardila, en homenaje a un judoka, Raúl Calvo, quienes pidieron a la familia del fallecido su traje de submarinismo y las plomadas del cinturón, igualmente pidieron a los amantes de este deporte una “pastilla” de plomo… Todo iba a tener una función muy concreta.

Con todo ese plomo se fue a la fundición de la calle Escalzo, en San José, donde se fundió todo ello y se realizó un Cristo con más de 100 kilos. Luego se ubicó en una base de hormigón a unos 4 metros de profundidad y se llevó a una cueva en la cercanía del Castillo de San Sebastián accesible y difícil de localizar.

Se le llama el “Cristo de los Aculaero”, está allí desde 1971, del Sagrado Corazón de Jesús con los brazos abiertos y tenido por muy milagroso por aquellos que le tienen especial devoción y saben de su presencia en el lugar.

Aunque está olvidado por muchos, este Cristo sigue teniendo la devoción de los submarinistas, como una especie de fiel protector. En su honor suelen poner flores en la zona donde se encuentra, a merced del mar, mucho más cuando un compañero muere pues es una forma de honrar su memoria.

Si alguna vez está en esta zona y decide buscarlo no desfallezca pues se puede encontrar ante uno de los mejores ejemplos de recuerdo que podemos encontrar en Cádiz allá donde la amistad estuvo por encima de todo. Una nueva historia eterna que nos deja una ciudad eterna y trimilenaria.