Enigmas en el Arte, ¿huellas de una civilización perdida o simple ‘casualidad’?

A lo largo de los siglos, de los milenios, hay una serie de indicios, de rastros, de imágenes, que parecen sugerir que nuestra Humanidad, la conocida, recibió, en un pasado, las visitas de seres que podrían ser calificados de «otros mundos». Muchas son las hipótesis que se barajan de todo ello pero, lo cierto, es que hay cuadros que resultan sorprendentes.

Prodigios y «milagros» voladores

Un ejemplo de ello lo encontramos en el llamado «Libro de los Prodigios» de Tito Livio, historiador del Imperio Romano, que describió una serie de sucesos inexplicables, en el cielo, en Roma, entre los años 249 a.C. y el 12 a.C. tal y como se encargó de recopilar, en el siglo IV, Julio Obsequens.

Más sorprendente, sin dudas, resulta encontrar en el Vaticano, en la Biblioteca Vaticana, en Roma, un relicario que tiene una serie de piedras traídas desde Palestina, datan del siglo VI o VII d.C. y lo impactante no son estas piedras sino la caja en la que están. Se trata de una caja muy antigua que está ilustrada con diferentes imágenes pintadas. Representa la tumba de Jesús de Nazaret, en ella se puede ver a la Virgen María, pero lo extraordinario es poder contemplar un extraño objeto posado en el horizonte, con diferentes ventanas y una especie de acceso central, con un foco de luz o luces que ilumina todo y un ángel que se acerca a ellas. ¿Un tripulante? Eso es lo que podrían pensar los partidarios del fenómeno OVNI.

En el Prajnaparamita Sutra también encontramos otra muestra de ello, data del siglo X y en sus ilustraciones podemos encontrar intrigante objetos voladores. En texto «Los Sutras de la Perfección de la Sabiduría», que hoy está en un museo japonés, habla de la representación de los Vimanas y como tienen una forma similar a la que hoy se hacen de los OVNIs. En texto indica que se desplazaban a la «velocidad del viento».

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En Notre-Dame de Beaune, en Borgoña (Francia) de puede encontrar un vistoso tapiz llamado «Vida de la Virgen» que ilustra eventos de la vida de María, en el horizonte, tras las figuras y el paisaje, se puede encontrar una forma voladoras que recuerda a un OVNI. ¿Qué trataba de expresar su autor? ¿Simple casualidad?

Más ejemplos sorprendentes

En los «Annales Laurissenses», del siglo XII, es dibuja el sitio al castillo de Sigiburg, los sajones acosaron la fortaleza en el año 776, en el mismo aparece un grupo de soldados y, en el aire, cuenta, aparecieron luces, que se ubicaron sobre la iglesia. Los invasores sajones, con temor, creyeron que era una señal de protección celestial y se retiraron.

Impactante es «La crucifixión» del año 1350, obra de que se encuentra en el monasterio de Kosovo de Visoki Decani, en el mismo aparecen, en el cielo, dos aparatos voladores en cuyo interior hay dos tripulantes, dos personas.

 

Los expertos dicen que es «el ciclo de la vida» o «el día y la noche», otros dicen que son ángeles pero estos, en otra escena dentro del mismo cuadro, aparecen con sus características «alas». ¿Qué son esas naves? ¿Qué trataban de representar?

En el monasterio rumano de Dominicano, en Sighisoara, hay una pintura que no está fechada, se cree que puede datar de entre 1532 y 1700, no se conoce el periodo al que pertenece pero lleva una frase en alemán: «Israel, hoffe auf den herrn», qué significa «Israel espera al Señor», y se supone que debe ser posterior a 1523. En el mismo se representa una nube lenticular de curiosa forma que parece estar evacuando una columna de humo.

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En la tradición japonesa también encontramos el «Ume No Chiri», en el texto se cuenta el aterrizaje de un OVNI que fue encontrado en la provincia de Hitachi, en la costa este de Japón, en 1803. Al aparato estaba flotando y tenía unas curiosas características como su forma circular. Cuentan que del «bote hueco» bajó una mujer que no hablaba el idioma local, regresó a la nace y se perdió de nuevo. ¿Qué era? Muchas son las preguntas y muy pocas las respuestas.

Son ejemplos de pinturas desconcertantes que nos muestran extrañas naves en un periodo de tiempo en el que nada volaba -salvo las aves- y que la imaginación de los autores jugaba un papel importante allá donde también los había que sólo pintaban la realidad, sea cual fuere.