¿Estuvo la Atlántida en Cádiz?

Uno de los grandes misterios de la Historia es saber en qué ubicación, en qué punto geográfico, se encontraba la isla-continente de la Atlántida. Muchos son los lugares “seleccionados” pero pocos los que parecen ajustarse a una realidad si es que existió realmente.

Fue Platón el que escribió en sus diálogos Timeo y Critias sobre una cultura mítica que era muy adelantada a nivel social, científico y militar. Tanto es así que eran los dominadores absolutos de su época. Pero el relato no era original de Platón y si parecía que podía estar tomado de Solón y que habría existido 9000 años atrás, ello nos situaría que el relato de Solón fue copiado de los sacerdotes del templo de Sais en Egipto y nos conduciría a una fecha final del 10.500 a.C. en un punto pasadas las míticas “Columnas de Hércules”.

Ese punto es el Estrecho de Gibraltar con el Peñón en un lado o Calpe y la segunda sería el Monte Hacho, en Ceuta, o Abila. Así muchos expertos son los que ubican la mítica ciudad en el entorno de Doñana donde estarían los vestigios, igualmente, de otra cultura mítica -pero real- como fue la de Tartesos. No es extraño que se quiera fusionar a ambas como una sola bajo el nombre de Atlántida dado el poder cultural, social y económico de los tartésicos.

Tartesos vs. Atlántida

Vestigios tan importantes como El Carambolo (Sevilla), Cancho Roano (Badajoz) o Montilla de Azuer (Ciudad Real) nos habla de la cultura tartésica inexcusablemente y si no puede probar que ambas fueron lo mismo (algo difícil) si hay una corriente de opinión que indica que pudieron ser sus supervivientes. Recordemos que Tartesos tenía su reino ocupando una extensión de terreno que comprendería, principalmente, Badajoz, Huelva, Sevilla y Cádiz y siempre buscando zonas de agua como el rio Guadiana o el Guadalquivir.

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Hay escritos de Hecateo, del siglo VI a.C., en el que habla de Tartesos, antes los hicieron Heródoto refiriéndose al rey tartésico Argantonio o Rufo Festo Evieno, en el siglo IV d.C. en su “Ora maritina”. Sea como fuere Tartesos no tuvo presencia histórica en tiempos tan brumosos (documentalmente) como el 10.500 a.C. sino que encontramos su cronología partiendo del 1.200 a.C., de la Edad de Bronce, extendiéndose posteriormente a Asta, Nabrissa, Spal, Onoba, Ossonoba, Olissipo y Mastia, mientras que en el interior se destacan Corduba, Carmo, Astigi, Carambolo, Tejada la Vieja, Setefilla y Cancho Roano (Badajoz). Su desaparición se “fechó” hacia el 500 a.C.

Las “edificaciones” -más bien estructuras- descubiertas -bajo tierra- en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) indican que hubo un asentamiento en este punto y que, pudiera tratarse, de tartésicos o de la Atlántida, según los partidarios de esa idea. Lo cierto es que se ha ubicado en las islas Cicladas (Mar Egeo), en las Azores (Atlántico) y en la desembocadura del Guadalquivir así como posicionándola en las antiguas islas de Cádiz.

Por historia aquí se han alojado culturas tan importantes como la fenicia, cartaginesa o romana y no sería de extrañar que mucho antes, milenios antes, con otra orografía, se hubiera asentado una cultura desconocida cuando existió el “Golfo Tartésico” y el Lago Ligur, aunque nunca hay que ubicar a la Atlántida más tierra adentro y si en el entorno de Doñana -de tener que posicionarla-.

En Cádiz

La Atlántida desapareció como consecuencia de un terrible maremoto que la arrasó, algo que no es de extrañar y sólo basta rescatar las crónicas históricas de 1.755 -terremoto de Lisboa- para comprobar el daño que hizo el maremoto de Cádiz (consecuencia del anterior) a la ciudad.

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En algún punto pudo estar la Atlántida con sus míticos siete anillos (con mucho simbolismo), quizá en la Bahía donde su cráter es señalado como un posible vestigio (personalmente lo dudo) o en un punto entre Chipiona y Lebrija, tal vez no haya que buscar demasiado y estuviera en nuestras Islas Gadeiras, punto que ya eligieron muchas otras culturas posteriores, todo es terreno especulativo (hasta para los hombres de Ciencia) y de haber existido es una posibilidad como otra más.

Entre tanto sólo nos queda fabular e imaginar donde pudo estar el fascinante reino de la Atlántida allá donde el límite lo pone nuestra capacidad de soñar.