Expediente X del misterio en una Delegación de Cádiz

En ocasiones el fenómeno paranormal asalta hasta a aquellas personas que son más escépticas y negacionistas de todo lo que sea de carácter, aparentemente, sobrenatural. Es una forma de ser que es aceptada y entendible, dentro del respeto, hasta el momento en el que les «toca» directamente a ellos.

Miedo en la Delegación

Así, entre los críticos de mis publicaciones, o de otros compañeros en general, se encontraba Manuel que, en ocasiones, me escribía quejándose del misterio y de «meter miedo», algo que yo trataba de explicarle que se trata de los testimonios de las personas que lo viven y que, para mí, tienen tanto respeto como su actitud contraria a estos fenómenos. La sorpresa llega cuando desde su trabajo, en una Delegación en Cádiz -no puedo informar de cual es- vivía hechos que le iban a resultar poco menos que imposibles de creer si no fuera por estar viviéndolos él mismo.

Manuel me escribía: «Perdona que te moleste José Manuel. Tengo un problema y sólo tú puedes ayudarme«, pensé que era a nivel social, para darle visibilidad periodística en medios, pero no, era bien diferente: «Mira, tu sabes que yo hay temas en los que no creo pero me ha pasado algo y no necesito ni que me lo expliques, sólo que me escuches» denotando una profunda preocupación.

Así le pedí que me dijera que le había sucedido y me confesó: «Mira, aquí en la Delegación seguimos trabajando aunque bajo mínimos porque hay compañeros ya de vacaciones aunque hay que ir preparando el trabajo. En el despacho estoy solo y comencé a sentir un ruido, era como un «clac, clac, clac» molesto. Salí al pasillo para ver que era sabiendo que hay poca gente en mi planta pero no había nadie. Esto es un pasillo que da al despacho. Bueno, la cosa es que cuando regresé me encontré a un persona allí sentado y que era imposible que hubiera entrado por que justamente tendría que haber pasado por donde yo estaba y ni había nadie, ni pasó nadie, ni nadie se puede «esconder» para acceder a él sin que yo me diera cuenta, es un sitio muy ajustado. Bueno, di la vuelta para sentarme y le dije, «perdone pero aquí no atendemos a visitas, eso es en la planta baja«. Aquel señor me miraba simplemente y no decía nada. Le volví a decir lo mismo y tampoco respondió. Me comencé a enfadar» decía mientras narraba su experiencia.

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Sorpresa del testigo ante aquel fantasma

Le pedí que me contara como era ese señor y me dijo: «Era canoso, con los ojos azules, de cara gruesa y metido en kilos, camisa de cuadros y chaqueta picadita. Con el calor que hacía me dije «¿Donde va este hombre con chaqueta?». Pues bien, le dije que se marchara y que le atendía en la planta baja. Me levanté para abrir la puerta y al girarme, ¡no había nadie! Te juro por mis hijos que era real y que estaba allí pero desapareció. Llamé al de seguridad y me dijo que no había nadie que hubiera subido para esta zona. ¿Quién era José Manuel? ¿Qué era?» se preguntaba.

Evidentemente no tengo respuestas a sus preguntas y creo en su palabra, su concepto de este tipo de fenómenos ha cambiado mucho. «Ahora cuando te leo me pongo en el papel de esos testimonios y sé que son ciertos, perdona». En la actualidad se investiga si otros compañeros han tenido alguna vivencia de este tipo o experiencia similar así como la historia del edificio y su pasado.

Y es que dice un refrán que «nadie escarmienta en cabeza ajena» excepto cuando a uno le toca y el concepto de fenómeno paranormal y experiencia con lo imposible cambia su significado y ofrece una visión que antes, cuando se carecía de empatía, lo se lograba comprender.