Experiencia en Cádiz: visitas después de la muerte

Dicen que cuando una persona fallece puede sentirse atrapada en nuestro mundo -de los vivos- y permanecer en el mismo por un tiempo, hasta que se marcha y deja este plano, la consciencia o no de muerte que se tiene, tal y como indica Emilio Carrillo sobre sus reflexiones sobre este tema.

Muerte prematura y luto

El caso que les quiero contar es uno de ellos y es singular por lo que implica y representa. Félix L. es una persona que sufrió la pérdida de su mujer de forma imprevista: «Fue un infarto fulminante según nos dijo el médico del que difícilmente podría salir con vida. Tenía 52 años y era deportista y muy vital. La verdad es que fue un palo muy gordo» comenta.

«Aquellos días fueron muy tristes, mi hija estaba muy mal porque su madre ya no iba a estar junto a ella y a mí se me había ido la luz de mis días. Cuando llegamos a casa tras el entierro sentí que en la casa había un olor que me recordaba a ella, era como su fragancia, por un momento creí que estaba allí, como si todo hubiera sido una pesadilla. Mi hija aquella noche se quedó con sus primas, por desconectar un poco. Yo no tenía ganas ni de comer y me puse a ver la televisión en el salón, también por despejar la mente. Estando allí, se encendió la luz del dormitorio, lo vi perfectamente. Me sorprendió mucho y me levanté a ver qué estaba pasando. Nada, cuando llegué estaba la luz encendida pero nada más, mi primer pensamiento es que el interruptor habría cogido humedad y se habría encendido por eso, es difícil pero mejor creerlo así que en otras cosas que son más raras» explicaba.

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«No tenía sueño y tenía unos días de permiso por el fallecimiento de Laura así que me puse a ver un álbum de fotografías en la cama, serían las doce y algo de la noche y sentí como la puerta de la cocina se cerraba. Laura solía cerrarla por la noche porque decía que hacía corriente del patio trasero. La puerta se cerró y me quedé mirando, entonces se encendió la luz del pasillo y ya me levanté alterado, sabía que había alguien. Cogí y di una vuelta por toda la casa pero no había nadie, absolutamente nadie. Pensé que me estaba volviendo loco o que el cansancio me hacía pensar en cosas que no eran reales. Pensé que lo mejor sería que dejara todo y que me durmiera, que descansara un poco. Lo normal. Pero aquí es donde viene lo sorprendente. Cuando nos íbamos a dormir Laura tenía la costumbre de tomarse un café, eso decía que la relajaba en lugar de alterarla y perder el sueño, cada persona es un mundo. Así que me vino ese olor a café que conocía tan bien. Me incorporé a la cama y miré al pasillo, vi una silueta pasar, la bata de Laura y dije: «Laura, ¿eres tú?», entonces se asomó a la puerta y me dijo: «estoy haciéndome el café, ¿quieres uno?» y no supe que responder. Me levanté en un segundo y al llegar a donde la había visto no estaba ella pero la luz de la cocina estaba encendida. Aquello me dejó aterrado y queriendo verla de nuevo pero no se apareció más» recordaba.

Non consciencia de muerte

«En días posteriores me vino el olor a ella pero ya se iba debilitando y al cabo de unos días ya desparecieron este tipo de cosas de la casa, ahora vivo en normalidad con mi hija, pero lo que yo viví sé que es real» finalizaba.

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Y desde luego no seré yo quien lo ponga en dudas pues atesoro, en un familiar, una experiencia similar y no tengo por qué dudar de su palabra. Si es cierto que se puede argumentar que el estrés de esos días, el luto, la pérdida, el choque emocional pueden hacer mucho a favor de este tipo de creaciones en la mente pero n oes menos cierto lo que argumenta el propio Emilio Carrillo: «cuando el difunto no tiene consciencia de muerte se suele seguir manifestando, por unos días, en el lugar donde habitó o trabajó» y un buen ejemplo de ello puede ser la experiencia de Félix que tuvo la oportunidad de ver a su esposa «viva» después de haber fallecido.