Experiencia paranormal en el ‘cortijo encantado’ de Cádiz

En muchas ocasiones las fiestas navideñas también pueden deparar sorpresas que tienen una estrecha relación con el más allá.

Es el caso de nuestros dos protagonistas, de Juan Antonio García y José Luis Álvarez, ellos tuvieron una experiencia tan extraña como desconcertante. «Pensando en todo lo que es el fin de año decidimos ir al campo que tenía la familia y adecentarlo un poco para pasar allí esa noche, en familia. Es un cortijo que lleva mucho tiempo sin uso aunque se mantiene la casa y está bastante bien, pero se va poco, si se va dos o tres veces al año es todo lo más. La cosa es que jamás ha pasado nada raro allí hasta que nos pasó esto» comenzaba relatando el primero de ellos.

El viejo cortijo y la extraña presencia

«Fuimos a ver como estaba, si la luz estaba bien, el agua, repasar un poco. Tampoco es que esté abandonado pero si está dejadillo. Bueno, fuimos una mañana con tranquilidad y llegamos bien. Nos costó trabajo entrar porque la cerradura estaba dura pero se abrió y nada, bien, todo tapado como se dejó en verano, que es cuando más se va por que se llena la alberca que se usa como si fuera una piscina y se pasa allí unos días, pero también es verdad que si nos vamos a otro sitio pueden pasar seis meses sin que vaya allí nadie. La cosa es que estábamos viendo todo mi primo y yo, esto tiene que dar para que entremos 12 personas, con sus hijos y mis hijos, las dos familias. Encender el frigorífico y el arcón, para meter las cosas y demás, las bebidas, lo típico para esa noche» contaba.

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De esta forma daban una vuelta por la casa y lo iban poniendo todo en orden cuando sucedió algo imprevisto: «Hubo un momento en el que sentimos como alguien entraba en la casa, fuimos a ver por que allí no debe ir nadie y pensamos que, a lo mejor, eran los «forestales» o algo. Al bajar nos encontramos allí a un señor, delgadito, poca cosa, con un chaleco verde y unos pantalones de pana, o eso parecía, de color marrón. Llevaba metida una gorra y una pelliza. Estaba allí trasteando, como buscando algo en un cajón, se movía con mucha normalidad, hasta con familiaridad te diría yo. Fue cuando mi primo le dijo: «Oiga, ¿qué es lo que quiere? ¿Qué hace aquí?» y aquel hombre no nos hizo ni caso. Recuerdo que la temperatura de esa sala bajó muchísimo. Se lo volvimos a preguntar pero ni caso. Entonces fue cuando bajamos las escaleras y nos encontramos que aquel hombre, delante de nosotros desapareció. Qué se esfumó delante nuestra vaya, que se volatilizó» afirmaba.

En ese momento el pánico cundió y «no supimos que hacer, ambos nos encogimos por el miedo, no te puedo decir otra cosa. Nos surgió una inquietud tremenda y, por eso, salimos de allí rápido, sin ver siquiera si había leña o no pues la intención es encender la chimenea grande» apostillaba.

Sucesos extraños y explicaciones

«¿Sabéis que puede ser o pasar en el cortijo?» fue mi pregunta. «Mira, fui a ver a mis padres y a contarles un poco lo que había pasado, mis padres son aficionados a estos temas y siempre hablaron de ouija y de OVNIs en casa. Les conté lo que nos había pasado. Mi padre se sorprendió mucho y miró a mi madre que se levantó y fue a buscar algo al dormitorio. Sacó una caja con fotografías viejas y me comenzó a sacar algunas de ellas. Al llegar a una en concreto que estaba ella buscando, me dijo: «¿Es este ese señor?» y, efectivamente, era el mismo. Le dije que sí y ella, junto a mi padre, me contaron que era el tío Antonio, que era familia y era el guardés de la casa hasta que murió, que era una persona solitaria pero que hacía muy bien todo lo relacionado con el cortijo y que amaba esa tierra. Al morir echaron allí las cenizas, en el campo, que era donde él quería estar y donde dijo que quería que echaran sus restos. AL parecer no es la primera vez que se le ha visto y se sabe que aparece por allí» afirmaba.

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«¿Y qué vais a hacer?» fue mi siguiente pregunta. «La verdad es que irnos allí con la familia y pasar esa noche y el día siguiente, no se nos ocurre nada mejor y tenemos todo preparado, si el tío Antonio aparece pues se le tratará con respeto pero mi padre dice que no suele hacerlo y que sólo es cuando, por ejemplo, va gente sola allí, como un «sello» de bienvenida» concluía con una sonrisa en los labios y sorprendiendo por que, más allá del miedo, también hay un punto de esperanza y tolerancia, sin terror, en este tipo de temas.