Experiencia y revelaciones ouija en un cortijo gaditano

La ouija siempre es un tablero que inquieta y asusta por igual. Hay temor entre las personas a hacer una sesión de ouija por temor a «lo que se pueda escapar de ella» o de una posesión que, normalmente, no se suele producir. Pero en ocasiones también es el vehículo perfecto para hablar con seres que, tal vez, guarde alguna relación con las personas que se encuentran presentes en la misma.

Sesión ouija y mensaje

Les cuento una historia sucedida en un punto, encantado, al que nos dirigimos para hacer una investigación. Tras haber pasado allí un par de horas investigando, con pruebas de psicofonías con grabadoras convencionales digitales, con aparatos de bobina abierta, con las famosas «Spirit Box«, con medidores de temperatura, cámaras térmicas, de infrarrojos, diferentes tipos de luces (en su espectro de luz), hacer todo tipo de comprobaciones, alguien del grupo dijo: «¿Podríamos hacer una ouija a ver que sale?» y el resto de los participantes dio su aprobación.

Nos encontrábamos en un cortijo de la zona de Trebujena, un punto donde sabíamos, por sus dueños, que pasaban cosas y, de esa forma, comenzamos esa sesión donde había cuatro participantes y otras seis personas que sólo observaban. Los cuatro participantes desconocían la vida de las otras seis personas y, así, comenzó esa sesión. Todo discurría con normalidad, con dificultad para mover el máster de la tabla, pero en un momento determinado comenzó a girar en el centro de la misma, canalizando «una nueva presencia», en ese momento comenzó a lanzar un mensaje: «Padre, muerto, enfermedad», se consultó a los presentes pero nadie dijo nada. Entonces el máster siguió señalando letras a velocidad de vértigo, donde indicaba: «disgusto, con mi hijo, pelea con sus hermanos, por herencia». Nuevamente parecía una comunicación con alguien por un motivo que parecía personal pero nadie hablaba y tampoco, nosotros, habíamos preguntado por ello.

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Sombras y fenómenos extraños

En el cortijo nos habían informado que sucedían hechos extraños, que se escuchaban pisadas y voces, que las luces se encendían y apagaban solas e, incluso, que se había visto una sombra en un sillón en la planta baja. No quisimos saber más para no «contaminar» nuestros conocimientos de lo que estaba sucediendo en este sitio, procuramos -como hacemos siempre- saber lo menos posible para tratar de saber si el resultado de nuestras pruebas coincide con los datos que nos facilitan o que descubrimos.

La sesión de ouija siguió: «Estoy enfadado, hijo, Roberto» decía, entonces alguien de los presentes dijo: «Bueno, ya vale», esa persona se llamaba Roberto y no se podía detener la sesión así. Aquella sesión depararía una sorpresa más al decir: «Soy tu padre, Pepe, y quiero que no se venda». Entonces pudimos cerrar.

Una compañera, que hacía pruebas de péndulo en un pasillo indicó que se había «disparado» este al pasar junto a una habitación y fue donde el medidor de EMF dio más lecturas. En ese momento se nos explicó que había un problema por la herencia y uno de los focos de conflicto era la venta del cortijo, que Pepe era el padre y que no quería que -estando en vida- nadie le hablará de vender el cortijo, la finca familiar. Aquellos datos encajaban perfectamente con lo que era la historia de aquella familia, que desconocíamos y que, sin embargo, se mostró acertada. Una prueba más que este tablero, en ocasiones, depara sorpresas.

«Ha sido una sesión impresionante y doy fe que no sabíais nada de nuestras circunstancias personales» decía impresionado el hijo del difunto mientras decía que hablaría con sus hermanos para solucionar la situación.

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Pase lo que pase ya es algo que entre ellos deben solventar más allá de otros argumentos paranormales.