Extrañas y misteriosas criaturas marinas en la Historia de Cádiz

Una de las leyendas más conocidas de Cádiz es la del denominado como hombre-pez de Liérganes y que une a nuestra ciudad con la norteña a través de la figura de tan misterioso personaje.

La historia del hombre-pez de Liérganes nos lleva a conocer mejor la figura de Francisco de la Vega, un joven que vivió en el siglo XVII en dicha localidad y que desapareció en las aguas del Cantábrico para aparecer, años después, en las redes de unos pescadores gaditanos en plena bahía. Fue llevado a la parroquia donde se le interrogó sin que pudiera decir nada, sólo, con el tiempo, artículo la palabra Liérganes y fue el motivo que propició que fuera llevado a Cantabria.

Nos llegan las crónicas de Benito Jerónimo Feijoo cuando narra de su presencia en Cádiz en 1679 y llamaba la atención su aspecto y “descamaciones” en la piel

En Cantabria fue finalmente identificado por la familia pero durante su vida sólo aprendería a decir “pan”, “vino” y “tabaco”. Francisco de la Vega y Casar parecía estar en casa tan cinco años desaparecido. Un día volvió a nadar en el río y desapareció de nuevo para no volver a ser visto jamás.

Pero en Cádiz hay más relatos de hombres-peces, de marineros que se encontraron con criaturas misteriosas como pudieran ser algunas de las que nos habla Plinio el Viejo (siglo I d.C.) en su historia natural cuando dice que: “autores y testigos tengo, que resplandecen en la orden de caballería, que en el mar océano, cerca de Gades, caminando la nao en que iba una noche muy oscura, les entró en ella un hombre marino que en todo tenia semejanza de hombre humano: era tan grande y pesaba tanto, que trastornaba la nao hacia la parte donde estaba y si mucho se detuviera, la trastornara y la llevara al fondo”.

Glauco, en el capítulo XIII de “Metamorfosis”, explica: “era un pescador griego de Antedonte en las costas de Gades, comió una hierba mágica y se sintió impelido a arrojarse de cabezas al mar siendo recibido por océanos y te diste con todos los honores, observaba que sus piernas se iba conservando en una cola de pez y le empezaba a crecer una larga y verdosa barba”.

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Pero hay más demostraciones de la presencia de extrañas criaturas en Cádiz: “Según se cuenta, en el siglo XVII circulaba la leyenda del mítico Peje Nicolao, un ser mitad hombre y mitad pescado, considerado en la época por los marineros gaditanos, un tritón, que había nacido en las playas de la ciudad de Rota.

Leyendas eternas

Según la crónicas de la época su padre tuvo un romance con una sirena cuando faenaba en alta mar y diez años después de relación tuvieron un hijo, pero este fue abandonado por el padre en una cueva, donde el muchacho sobrevivió y con su capacidad de adaptación al fondo marino podía respirar tanto dentro del agua como fuera de ella.

La leyenda continúa diciendo que un día encontró una cueva submarina y entró en ella, desapareciendo durante al menos cien años saliendo un invierno y contando historias maravillosas de una ciudad submarina en las inmediaciones de la costas gaditanas, contando historias fabulosas y admirables de sus moradores, diciendo que era un paraíso submarino lleno de música y de danzas”.

Pero es una leyenda indemostrable más propia de una creepypasta aunque en otros puntos del mundo se narran hechos similares.

Walter Mapes, en el siglo XII, contaba como había un individuo llamado Nicolas Pesce que era buceador y estaba “acostumbrado a vivir dentro del agua y tener una especial sensibilidad para predecir tempestades. Su popularidad fue tal que fue llevado a la corte del rey Guiller de Sicilia donde no soportó el distanciamiento del mar y murió de pena.

Sobre este mismo personaje Gervasio de Tilbury, en 1210, habla de “Nicolás” originario de la costa de Apulia, que solía pedir aceite a los pescadores que faenaban en las aguas para poder bajar a las profundidades con la facilidad. En el siglo XV se habla de Nicolao, un ciudadano de Catania (Sicilia) de gran habilidad para el buceo y que era llamado como “Peje Nicolao” o “Pez Nicolás” -“Pesce Cola”-. El texto decía: “Nicolao era capaz de permanecer hasta una hora debajo del agua sin salir a respirar, lo que le permitía vivir con holgura de la pesca de ostras y coral. Su superioridad en el nado era tal que solía ir nadando a un barco hasta alta mar, lo abordaba y después de comer en él, se brindaba a llevar noticias de los marinos a sus familiares de tierra.

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Nicolao, el hombre pez

Los prodigios acuáticos de Nicolao llegaron a oídos del rey Federico de Nápoles y Sicilia que quiso comprobar la certeza de su leyenda. El monarca, para ver hasta dónde llegaba la intrepidez y resistencia del siciliano, lo llevó hasta el famoso remolino de Caribdis, situado en el lugar más angosto del estrecho de Messina, y arrojó al agua una copa de oro, diciendo a Nicolao que si la recuperaba era suyo.

“Pesce Cola” se lanzó al agua y permaneció bajo ella tres cuartos de hora, hasta que finalmente salió con la copa en la mano. Interrogado por el rey sobre lo que había visto en tan temido lugar, Nicolao contó tremendas visiones de monstruos marinos y moradores de profundas cavernas.

El rey, entusiasmado por el relato, quiso saber más detalles y le prometió igual recompensa si bajaba de nuevo. Nicolao se mostró remiso a cumplir los deseos del monarca, por lo que éste le estimuló con una bolsa de oro, además de otra copa que arrojó al agua. “Pesce Cola” consintió y se sumergió de nuevo para no aparecer nunca más”.

Son los hombres-pez de Cádiz, a caballo entre la leyenda y la realidad pero que han dejado su huella en la Historia allá donde creer o no creer en ello es cuestión de fe, imaginación o realidad.