Impresionante experiencia y testimonio con un fantasma en un edificio de Cádiz

En muchas ocasiones las personas tienen experiencias que van más allá de lo racional y más allá de lo comprensible, experiencias que rayan lo extraordinario, lo inquietante, lo inexplicable. Son experiencias que están entre lo sorprendente, lo terrorífico, lo impactante. Una de esas experiencias es la que ha tenido nuestro protagonista dentro de la ciudad de Cádiz y que va más allá de lo que puede explicar.

Así la particular historia de Nacho López comienza en una fría tarde de este mes de febrero, impactado aún por lo que le había ocurrido me comunicaba: “Buenas noches José Manuel, me acaba de suceder algo que no le encuentro explicación y nos tiene totalmente aterrados; lo primero: perdona por la hora”, eran exactamente las doce y cuarto de la noche e, intrigado, le pedí que me explicara que le había sucedido.

“Ha sido escalofriante”

Nacho respondió tajante: “Ha sido escalofriante” y comenzó a contarme: “Vivo en el centro de Cádiz, en el edificio donde viven mis padres y donde cogí un alquiler no hace mucho. Los vecinos son gente, en su mayoría, ya mayor y nos conocemos todos. La cosa es que esta noche, después del trabajo, he regresado a casa, con el toque de queda no hay otra y no hay donde ir. He llegado a casa y en el portal he visto a Mercedes, una vecina, ya mayor, llevaba una bolsa y le he dicho: “Mercedes, ¿Dónde va tan cargada usted? Venga le llevo las bolsas a su puerta” y la he ayudado. La mujer muy agradecida comenzó a recordar cuando era pequeños y subía y bajaba las escaleras. Ella vive en el segundo y yo en el tercero, justo debajo de mí. Le pregunté: “¿Dónde ha estado usted estos días que no la he visto?” y me ha dicho que ha estado en el hospital unos días por que ha estado muy malita” decía.

“Le dejé las bolsas en su puerta, después de subir las escaleras y me fui a ver a mis padres que viven dos pisos por encima. Nada, subí y estuve hablando con ellos un rato y me dijo mi madre que me quedara a cenar. Mientras cenábamos les dije que había visto a Mercedes y que la había ayudado a subir las bolsas, entonces mi madre me dijo: “¿Mercedes? ¿Qué Mercedes?” y le dije que la del segundo. Entonces, aquí viene lo fuerte, mi madre me dijo que era imposible que la hubiera visto por que estaba ingresada en el hospital desde hacía días que estaba mal. Yo le insistí que había estado con ella y me dijo que estaba bien pero que había estado unos días en el hospital. Fue cuando mi madre dijo: “Pues le han debido dar el alta y no estar tan mal como decía Ángelita (la hija), voy a llamarla”. Y cogió el teléfono y llamó a Mercedes pero no le contestó, entonces pensó que igual estaba acostada y como tiene mucha confianza con la hija la llamó. A mi madre se le cambió la cara cuando ella le dijo: “Rosa, te iba a llamar ahora mismo, mi madre se ha muerto hace una hora, no han podido hacer nada, estaba muy mal”. Cuando ella se giró y me miró sabía que algo malo pasaba” explicaba cariacontecido.

“No había duda que yo había visto y ayudado aquella misma noche a Mercedes pero, curiosamente, la había momento, más o menos, en el instante en el que murió. Es muy fuerte. Nos hemos quedado helados, imagínate la impresión” concluía Nacho.

La experiencia no es para menos, no es la primera vez que ocurre que una persona fallece y, en ese instante, se manifieste en el lugar donde ella estableció un vínculo en vida, un vínculo emocional, sentimental, como es el de su hogar.