Impresionante testimonio de un fenómeno de ‘salto en el tiempo’ en Setenil

Cádiz y toda su provincia tienen lugares maravillosos donde perderse y donde, igualmente, pueden ocurrir hechos muy sorprendentes. Es el caso que les quiero comentar en el marco incomparable de Setenil de las Bodegas.

Nos desplazamos a este bello punto de la sierra, cerca de Ronda, para dejarnos llevar por su caprichosa “arquitectura” natural, por las bóvedas de piedra, las casas-cueva y la belleza de los paisajes dentro de la Ruta de los Pueblos Blancos de Cádiz, pero no nos trae el turismo sino la experiencia que le sucedió a Manuel López cuando se encontraba pasando unos días en este entorno.

El testigo nos decía: “Hace unos días que estuve de vacaciones en Setenil, siempre había tenido ganas de ir allí por parecerme un sitio impresionante, en estos días he descubierto que es más impresionante aún que en las fotos. La cosa es que cogimos una casa rural para pasar unos días y estuve con los niños y mi mujer un poco de turismo y disfrutando de la gastronomía. La verdad es que todo muy bien. Pero un día me pasó algo muy raro. Te cuento. Yo tengo que caminar todos los días una hora por un tema médico y me marqué como objetivo hacer una ruta por el cañón del río Trejo. La verdad es que desconociendo el terreno fue un poco atrevido pero bueno, era de mañana y todos dormían, sobre las 6 y me atreví a ello” comentaba.

Así Manuel comenzó a andar por aquel terreno y accedió a toda la zona de los escarpes del río Trejo, una zona bella pero compleja donde se tiene unas magníficas vistas: “Hubo un momento en el que iba tan entusiasmado con lo bonito que era aquello que me fui alejando más y más, al principio veía algunas casas-cuevas pero luego ni eso, todo era naturaleza y un paisaje casi de “otro mundo”, casi marciano” decía.

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Un salto en el tiempo

“Pero hubo un momento en el que escuché un ruido extraño y vi pasar a un señor, como estaba perdido le pregunté si podría orientarme por donde regresar. Lo primero que me llamó la atención era la ropa que llevaba que parecía de otro tiempo, era un hombre ya curtido, moreno, no llevaba ni móvil ni nada, aunque yo llevaba el mío y no tenía cobertura en ese momento, el hombre no llevaba reloj ni nada. Me miró y me preguntó sobre lo que hacía allí y le dije que salí a caminar un poco y me había alejado más de la cuenta. El hombre me miró de arriba abajo, tan extrañado estaba él como yo. Le dije que necesitaba saber el camino de regreso y, muy amable me dijo que bajara un poco y siguiera mejor el curso del cañón como una legua y luego vería las cuevas. Eso me dejó sorprendido, no sabía cuánto era una legua. Y lo mire sin saber que decirle, entonces el hombre me dijo que caminara un poco sin desviarme y vería las casas. Le di las gracias y le dije que si sabía la hora que era, el hombre se encogió de hombre y, por curiosidad le dije que como se las apañaba sin reloj ni móvil, que en qué época vivía”.

En esa pregunta llegó la sorpresa: “¿Qué? me dijo, y le enseñé mi móvil que iba KO, el hombre me dijo que no sabía qué era eso y me dijo que vivía en 1747 y me replicó: “¿Se encuentra bien?”, todo esto hablando muy raro. Me senté y comencé a pensar en todo lo que había pasado pero al volver a mirar aquel hombre ya no estaba. Me apresuré a ir por donde me dijo y al llegar al pueblo, al ver las casas y llegar a donde estaba mi familia mi mujer estaba muy asustada, habían pasado varias horas y no podía contactar conmigo, yo juraría que sólo habían pasando unos 90 minutos o así pero no, eran casi 5 horas fuera de casa y le conté lo que me pasó, todo fue muy raro”.

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Por el relato del testigo era como si hubiera habido una pérdida de tiempo en la que, de alguna forma, estuvo en otro tiempo pero en el mismo lugar y en el que, incluso, habló con un lugareño. Otros argumentarán que pudo ser una ensoñación pero lo cierto es que, sea lo que sea, nadie le quitará a nuestro testigo el haber sido “víctima” de un fenómeno que no podemos explicar.