Inquietante experiencia en un piso encantado de Cádiz

Recientemente contactaba con una familia que hace unos años tuvo un problema con el piso que tenían alquilado en la localidad onubense de Matalascañas donde, a precio de ganga, se dispusieron a vivir una quincena en la playa y se acabó convirtiendo en unas “vacaciones de miedo”.

Ahora un nuevo caso, similar, llega a mis manos. En concreto Javier R. me decía: “Leí tu artículo sobre el fantasma de la casa de Matalascañas e igual te interesa conocer lo que me pasó a mí en una casa que cogimos en Cádiz y que era todo muy inexplicable”.

Con esta “carta de presentación” presté oídos a todo lo que me tenía que contar y, de esa forma inició un relato sorprendente: “A mis padres siempre les ha gustado toda la zona de Cádiz, nos gusta la playa, la gente, el clima, menos cuando hay levante, y la ciudad. Siempre que hemos podido hemos cogido algo, mi padre se conoce a muchos “corredores” y alquiló una casa un mes, mi padre se lleva ahorrando todo el año para ese mes, así que siempre vamos allá”.

Mirando a La Caleta

“Cogió un piso cerca de la playa, estaba muy bien, la terraza daba al mar, a la parte de La Caleta, en esa dirección, y por la corre corría un fresquito que era gloria bendita. Pero aquella casa tenía algo: estaba decorada muy antigua y los muebles eran muy antiguos. El “corredor” nos dijo que la familia no le echaba dinero encima y que la alquilaba barata por que quién entrara pues tenía que aceptar el mobiliario que había. Luego estaba muy bien, con su tele, el termo no fallaba, la cocina con microondas, vitrocerámica y funcionaba todo muy bien. Mi madre pronto lo puso todo envuelto en sábanas y listo. Pero de vez en cuando venía olores muy fuertes, no eran desagradables pero si fuertes. Lo atribuimos a alguien que usaba una colonia o un ambientador muy fuerte pero venía de dentro del piso” decía.

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Había más fenómenos extraños: “en ocasiones estábamos en la casa cenando y venía una ola de aire helado que nos dejaba a todos mirándonos y mi madre decía “cierra la ventana que no veas la que está entrando” y se iba esa ola de frío al poco tiempo, nos causaba risa por que había gente asada de calor y nosotros allí casi pasando frio”.

Encuentro con un fantasma

Aunque lo más extraño estaba por llegar: “una noche escuchamos un ruido fortísimo en el salón y fuimos a ver qué pasaba y no encontramos nada pero estando yo con mi padre se cerró la puerta de forma antinatural sin haber corriente ni nada, eso nos extraño y mi padre dijo “tira para el cuarto y duérmete que habrá sido el viento”, pero no era eso”. Mi madre una mañana la escuchamos riéndose y nos dice “ha venido la dueña de la casa, una señora mayor. Sentí ruido en la cocina y me levanté y me la encontré allí, le dije si era la dueña y me dijo que “había ido a ver si estaba todo bien”, entonces, para atenderla mejor, fui a ponerme una batita pero al llegar no estaba, se había ido. Me reí porque era una mujer que inspiraba mucha ternura, muy mayor” decía del encuentro de su madre.

“A los pocos días vino el “corredor” y mi padre lo cogió aparte, le dijo que hombre que la propietaria no entrara por la mañana sin llamar que había estado hablando con la mujer que salió medio dormida y al salir a ponerse la bata ya no estaba, entonces el hombre le dijo que la dueña no había ido. Mi padre se la describió en función de lo que dijo mi madre y le dijo que eso era imposible, que había dos llaves, una la tenía él y la otra la hija de la dueña y que esa señora descrita había fallecido ya hacía unos años. Entonces mi padre si se puso nervioso por que comprendió que había algo raro. Esa misma mañana fue a la catedral a coger agua bendita y echarla por la casa y no volvió a pasar nada salvo algún portazo o escuchar un “suspiro” en el salón” recordaba Javier.

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Concluyeron sus vacaciones y regresaron con una experiencia que puede que cuenten ahora como una anécdota pero que les hizo pasar jornadas de angustia y es que nadie sabe cuál es el “mecanismo” que parece despertar a estos seres para estas ocasionales visitas al más acá.