La dama fantasma de los acantilados de Barbate

Dice que las apariciones que tienen que ver con “damas de blanco” o “mujeres espectrales” no tiene una connotación negativa y no nos tiene que llevar tener un sentimiento de miedo o inquietud. Claro que eso es la teoría y otra muy diferente es la realidad cuando se vive.

Entre la leyenda y la realidad les quiero contar una historia muy singular que tiene como marco incomparable la localidad de Barbate, allí cuentan que se aparece el fantasma de una mujer, de una “dama de blanco” y que camina, absorta en sus pensamientos, en el borde de uno de sus acantilados.

La leyenda

Cuenta esta singular leyenda que se trataba de una mujer a la que la vida, el amor, la había maltratado y sufría el llamado “mal de amores”. La mujer no soportaba aquella presión en el pecho que le dejó su amado, un amor no correspondido que la llevó a cometer una locura: tirarse por el acantilado para acabar con su sufrimiento.

Caminó hacia el acantilado, con su vestido largo, vaporoso, lentamente, llorando amargamente su infortunio y, sin pensarlo, arrojarse por el mismo hasta acabar con su vida y tortuosos momentos. Desde entonces, cuentan los marineros, se puede ver vagar a su alma por el mismo lugar donde decidió quitarse la vida, buscando más allá de la muerte el consuelo que no tuvo y el descanso que le llegó con tan drástica decisión. Hoy día su vestigio, su recuerdo, pasea por este mismo lugar causando consternación entre los que son testigos de su aparición.

Es el buen investigador John Pantoja quién se pone tras la pista de esta aparición ubicándola, posiblemente, en la zona de la torre de vigilancia costera llamada “Torre del Tajo”, del siglo XVI, cerca de Caños de Meca y que no dicen que su aspecto es de una mujer angustiada que viste lo que parece un camisón blanco propio en este tipo de apariciones.

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¿La historia real?

Así hay una historia, etiquetada como “real” en la que se dice que aquella dama habría vivido a principios del siglo XX y se llamaba “Magdalena”, su muerte no se habría producido por “mal de amores” sino por algo aún más trágico: la muerte de su hijo recién nacido, un hecho que siempre deja una profunda huella y herida en el alma.

Al parecer el marido de Magdalena la habría culpado de la muerte del bebé. Así el marido no olvidó jamás la muerte de aquel niño y siempre presionaba a su esposa con ese hecho que no dejaba de recordárselo y que “podría pasarle de nuevo”. Con todo ello, con el paso del tiempo, con las emociones a flor de piel y los sentimientos desechos, la mujer cae en una profunda depresión.

Había tenido ya otro hijo pero fueron años de culpabilidad, de señalarla, y por ello decide dejar a su hija recién nacida con su cuñada y optar por la decisión fatal que acabaría convirtiéndola en la “Dama Blanca” de Barbate, la fantasmagórica presencia “de otro mundo” de un alma desgajada que, de alguna forma, no encontró el consuelo necesario quedándose en este lado de la vida bajo otra forma de existencia para conmoción de aquellos que han tenido la oportunidad de verla y certificar su presencia y su dura realidad.

Entre la leyenda y la realidad si bien es cierto que toda leyenda contiene el germen de la verdad y que, de alguna forma, son numerosos los testimonios que nos hablan de una aparición en esta zona que, tal vez, sea más real de lo que podríamos pensar allá donde lo imposible se manifiesta eternamente.