La desconocida historia de la Inquisición en Cádiz y los libros prohibidos andaluces

La acción de la Inquisición en Cádiz se dejó sentir especialmente, sobre todo en el aspecto de censurar obras que se consideraban prohibidas o que ponía en liza un conocimiento oculto, herético, que convenía silenciar a los lectores que no se tuviera acceso a ellos por ir en «contra de los valores cristianos».

Todos esos libros serán contemplados como una amenaza y, como tal, había que destruirlos teniendo en cuanta que muchos eran filosóficos o que hablaban del pensamiento más allá del demonio. Por todo ello se publicó la Real Cédula contra papeles «sediciosos y contarios a la fidelidad y la tranquilidad pública» lo cual no hacía más que alimentar las curiosidades de las personas que querían saber de estos temas máxime cuando hablamos de Cádiz, una ciudad que siempre ha tenido un profundo sentido de la libertad.

Conocimiento y grimorios

La Inquisición lo controlaba todo, los puertos eran la vía más usual por donde solía entrar «el material pecaminoso y prohibido» y se registraban a conciencia camarotes y petates de los marineros. Por todo ello se logró que la Armada tuviera una dispensa o autorización especial apara tener libro de Anatomía, Medicina, Física, Botánica que eran muy particulares por la información que contenía, muy útil para le Ciencia, pero que la Inquisición en 1762 consideraba prohibidos.

Manuel Espinosa de los Monteros imprimía, pasada la mitad del siglo XVIII libros de gran importancia y autorizados -en su mayoría- como «Tratado de Cosmographia y Nautica», «Opera» de Dicórides especialmente relevante para los médicos, los «Aphorismi in 24» de Hipócrates así como «Anatomia Corporum Humanorum» de William Cowper.

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Cádiz era ese reducto de Conocimiento que lograba salvar el veto de la Inquisición -para determinadas obras- así como «puerto franco» para la entrada de obras clásicas. Aunque ello no impedía que el Inquisición realizada «peinados» requisando libros que acababan en el fuego salvando a aquellas bibliotecas de familias notables que por su peso o su dinero hacían que los inquisidores no entraran en ella.

Otros libreros e impresores como Julián Mutis, Nicolás Vigo, los hermanos Sóller o Lorenzo Pérez se encargaban de este tipo de negocios y hasta de «trapicheos» con obras que eran auténticas joyas (cabe recordar la gran cantidad de códices mayas que se destruyeron en el Nuevo Mundo por considerarlos heréticos por los inquisidores pese a no comprender su lenguaje, terribles paradojas de la vida).

Los libros prohibidos andaluces

No todo eran libros de Medicina o Ciencia, también nos encontramos que en Cádiz se podían encontrar ejemplares del condenado «Grimorio de San Cipriano», «Grimorio de Armadel» o el «Albanum Malificarum» que era un grimorio de magia andalusíes de mucho uso en localidades como Sanlúcar de Barrameda o Jerez al igual que el «Introductorium in astronomiam Albumasaris Albalachi : octo continens libros partiales» también de magia y que hoy se encuentra en el Observatorio de la Armada de San Fernando siendo una joya de la literatura de la época.

Cádiz era esa luz que evitaba que muchos de estos libros se perdieran por la ceguera del Santo Oficio -que se santo tenía poco- y que quemó o destruyó obras de inmenso valor, incluso fue ciudad de donde partieron esos mismos libros al Nuevo Mundo y que fueron tenidos muy en cuenta y valorados.

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Quizás sea la parte de la Historia más desconocida de la ciudad, bien por que quedó silenciada o bien por no concederle la importancia que se merece pero pensemos que el Saber y el Conocimiento está en las páginas de los libros y que, a través de estos, se difunde y asienta la Cultura.

La Historia en muchas ocasiones se escribe con sangre pero se escribe siempre el papel de un libro, un libro que sobrevive al Tiempo.