La leyenda del callejón del Duende

Las ciudades andaluzas, por su luz, por la idiosincrasia de su gente, por su propio estilo de vida, son proclives a historias de fantasmas y aparecidos, a leyendas que se enredan con la realidad y que es complejo separar cual es cual… Así nos encontramos con una singular historia por las calles de Cádiz que tiene que ver con la calle del duende o el callejón del duende.

Es angosto, estrecho, reboza romanticismo bequeriano y en él se da una historia tan singular como difícil de comprobar…

Su nombre le llega impuesto -según una primera versión- pues se decía de este lugar que era habitual del contrabando que en él hacía un conocido pirata de la ciudad apodado el “Duende”.

Pero hay otras versiones, una muy análoga –excepto por su final- a la que se pueden encontrar en la ciudad de Sevilla nos habla que un capitán francés, durante la guerra napoleónica en nuestro país, se enamoró de una hermosa joven gaditana, al punto que al no se quería marchar de España ni cuando las cosas se pusieron duras para los gabachos.

Aquellos dos jóvenes, el apuesto y serio oficial francés, y la pícara gaditana se veían en aquel mismo callejón. Era su lugar secreto, su punto de reunión y de amor… Hasta que una noche sorprendieron al francés con la bella joven. Odiados los franceses la afrenta no podía quedar así…

Los vecinos del Pópulo ya tenían su juicio… A él por francés e invasor y a ella por traidora… Y ambos perecieron. Pero desde entonces ambos amante no habrían dejado de verse, como dos espectros en la noche profesándose amor eterno que al llegar la hora bruja se funden en uno en un rencuentro eterno.

La misma leyenda en otras ciudades

Otras ciudades también tienen historias heterodoxas similares a esta, en Sevilla, por ejemplo, encontramos que la hoy calle Ruiseñor, en el popular barrio de Triana, existía una leyenda que hablaba de un duende.

La historia decía que durante la invasión napoleónica se aparecía allá un fantasma. Sevilla, ciudad supersticiosa, pronto llamó a aquella calle como el “callejón del duende” y pocos eran los que se atrevían a cruzar, en la noche, por la misma. Es la “misma” leyenda del duende.

El temor era que el fantasma te pudiera “coger” y desaparecer o, aún peor, matarte. Así que infundía un tremendo respeto este lugar.

Pero el tiempo fue pasando y todo se fue, poco a poco, descubriendo. Lo que realmente pasó en la capital hispalense tiene poco de paranormal y mucho de mundano: la relación amorosa de dos personas.

Cuentan que en esta calle vivía una hermosa joven la cual se enamoró de un soldado francés; él se escapaba todas las noches de la zona donde estaba acuertelado para ir a verla. Iba al abrigo de la noche, sin que nadie lo viera para no complicarse la vida él y a la joven pudieran tildarla de “afrancesada”. Así una noche alguien vio entrar a un soldado en la calle y lo hirió pero su cuerpo jamás apareció.

La joven auxilió al soldado en su casa, lo cuidó y fruto de aquella permanencia en su hogar crearon una familia; al acabar la guerra de la Independencia los soldados franceses abandonaron España pero él se quedó en Triana y salía por las noches para no ser visto. En cierta ocasión lo descubrieron, no era un fantasma, y fue la joven, acompañada por sus dos hijos quién salvó al soldado y fue aceptado como uno más.

Por ello a esta calle se la conoció por ese nombre durante mucho tiempo hasta que se cambió por la denominación referida anteriormente pero que hoy es una de las historias eternas de la ciudad de Sevilla.

Si buscamos en otras ciudades descubriremos que se repiten historias similares que son tan del gusto del pueblo llano y que gusta de enmarcarlo dentro de lo que es una leyenda.