La trágica historia de Torrigiano y el juicio de la Santa Inquisición

/Su nombre era Pietro di Torrigiano d’Antonio, pero sería conocido popularmente como Pietro Torrigiano, un florentino nacido el 24 de noviembre de 1472 que vivió buena parte de su vida en la ciudad de Sevilla, hasta el momento de su muerte en 1528. Pasó a la Historia por ser un magnífico escultor italiano pero, también, por otros hechos más oscuros y terribles.

Torrigiano tenía un fuerte carácter, violento, pasional, celoso… y muy hábil en las peleas, cuentan que en un enfrentamiento con el célebre Miguel Ángel le partió la nariz al golpearlo con un tintero, cierta o no la historia lo cierto es que es su carácter era impredecible y temible.

El artista tomó como protector a una niña florentina llamada Beatriz, había sido abandonada, le cogió cariño y llegó a ser su modelo, musa y esposa. Tuvieron años de felicidad y ganancias, tuvieron un hijo, viajaron por Europa, extendieron el Renacimiento y, finalmente, se afincaron en Sevilla.

Seria en la capital hispalense donde tendría lugar un suceso que querría olvidar: un joven atractivo sedujo a Beatriz, aquel joven además había sido acogido bajo el mismo techo de Torrigiano. El artista, presa de su carácter, de la situación, de la ira, retó a un duelo al muchacho que sucumbió ante la espada hábil de Pietro. Regreso a casa y quiso hacer lo propio con Beatriz pero el amor que profesaba por ella era superior a su ira y no pudo, máxime cuando pedía de rodillas, piedad para su vida.

El escultor abandonó Sevilla, no quiso saber nada de su familia, el peso de la infidelidad de la que había sido objeto era superior a él y viajó por Inglaterra y Francia. En aquellos años realizó una estatua de Beatriz que compró un noble sevillano, un noble que se enamoró de la belleza de aquella escultura.

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Un día un mensaje quiebra la vida de Torrigiano: su hijo ha muerto. El artista regresa a Sevilla encolerizado para vengarse de su mujer culpándola de la tragedia familiar. Al llegar a la ciudad, instalado ya, planeando su venganza, comienza una nueva obra y ante la imagen de un Cristo, pensativo, le preguntó: “¿Qué escultura debo hacer?” y una voz procedente del Cristo resonó: “Perdonar a tu esposa como yo te he perdonado por cobrarte la vida de aquel joven en el injusto duelo”.

Entre tanto el noble sevillano que compró la estatua de Beatriz, por casualidad, encuentra a la joven en las calles de Sevilla “¡Es ella! ¡Es ella! ¡En persona!”. Enamorado de su figura ahora podía contemplar a la persona y, debido a sus influencias, pudo saber quién era. Al saber que era la esposa repudiada por Torrigiano planeó eliminar al artista para que ella pudiera contraer matrimonio con él: acusó ante la Santa Inquisición a Torrigiano por procesar el luteranismo, por ser protestante, en unos tiempos en los que se perseguía con severidad el protestantismo en España.

Ante el Tribunal el artista florentino narró todo lo que había sucedido en torno a Beatriz en público y allí mismo la persona, no obstante los cargos pesaban demasiado y fue condenado a muerte, aunque el propio Torrigiano ya se había condenado en el momento que repudió a su esposa. Así, el último día de su vida destroza la imagen de la estatua de Beatriz, la famosa estatua de Beatriz para morir, al día siguiente en el “fuego purificador”.

Toda leyenda tiene su fondo de verdad y el arquitecto, pintor y escritor, Giorgio Vasari, en 1522, narra cómo Pietro Torrigiano fue encarcelado y procesado por la Santa Inquisición por haber destruido la escultura de una Virgen encargada por el duque de Arcos (en la leyenda se cuenta que era la de su esposa Beatriz, tal vez por haberla usado de modelo, de ahí la deformación del relato con el paso del tiempo y su identificación con esta). El motivo de la desavenencia habría sido que el artista no se consideraba bien retribuido, siendo el duque quien lo denuncia ante la Inquisición. Preso en el Castillo de San Jorge, en Triana, Torrigiano se dejó morir de hambre entre los meses julio y agosto. No obstante bien pudiera ser en 1527 ya que se tiene informaciones de haber pintado un retrato de Isabel de Portugal en 1526 y en 1528 el tribunal de la Rota de Florencia, indicaba que el artista había muerto hacía tres meses, dentro de la respuesta a la petición de la viuda para la devolución de la dote.

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Sevilla recuerda hoy a Torrigiano con su célebre San Jerónimo Penitente en el Museo de Bellas Artes y al rotular una calle en su honor en el barrio de La Macarena ya que “la carne muere pero el Arte permanece”.