Las otras maldiciones de Egipto

Egipto es un país que guarda, celosamente, sus secretos; secretos del pasado, de la Historia, de la cuna de una gran civilización que siempre deja muestras de lo intrigante de su pasado.

Pero si hay algo que llama poderosamente la atención es el tema de las maldiciones que tanto han alimentado la fantasía de historiadores y arqueólogos siendo, sin dudas, la más aterradora aquella que estuvo relacionada con el “faraón niño” Tutankamón.

Así encontramos casos más allá de Tut que, seguramente, desconocías. Uno de esos casos es el de una moderna maldición de la que se tuvo conocimiento al poco de suceder, se trata de la sufrida por un joven alemán en 2007 aunque, lo cierto es, se produjo con antelación luego de robar su padrastro un objeto en el Valle de los Reyes, el mítico último lugar de descanso de muchos faraones.

Walter Brian Emery

Una vez regresó a Alemania comenzó a hacer efecto la “maldición”, así mostró síntomas de fatiga, alta fiebre, parálisis que terminó derivando en la muerte. La familia creyó que todo era fruto del robo de aquel objeto y que lo mejor que podían hacer para que descansara en paz era devolverlo a su emplazamiento original.

Otro caso poco conocido es el de Walter Brian Emery, un arqueólogo reconocido del que sólo se conoció su misteriosa y trágica muerte acaecida en el año 1971.

Su historia es significativa: trabajaba en el yacimiento de Saqqara y descubrió una tumba, allí encontró una estatua del dios Osiris que, a la sazón, es el dios de la muerte. Emery se llevó el objeto a su casa, un día fue a tomar un baño cuando un estruendo alteró la tranquilidad, su asistente -Ali-al Khouli- lo llamó sin recibir respuesta y fue a ver qué pasaba. Según su propio relato: “Emery se sujetaba del lavabo, le pregunté si estaba enfermo, pero no contestó. Se quedó ahí paralizado. Lo tomé por los hombros y lo arrastré al sillón. Luego corrí al teléfono”.
Unas horas después murió totalmente paralizado y sin poder hablar. En el periódico egipcio Al Ahram se publicó: “esta extraña ocurrencia nos hace pensar que la legendaria maldición de los faraones ha sido reactivada”.

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Momia de Amosis

Zahi Hawass, ex Ministro de Antigüedades Egipcias, contó como un niño egipcio quería conocerlo con el ánimo de hablar de momias, jeroglíficos y maldiciones. El niño tenía una curiosa historia: había sufrido una rara enfermedad a la que los médicos no encontraban ninguna explicación y de la que sólo se curó cuando fue a visitar el Museo del Cairo. Su progenitor dijo: “me dijo que mientras miraba a los ojos de la momia de Amosis, el gran faraón que expulsó a los hicsos de Egipto, su hijo empezó a gritar y cayó al suelo en estado de histeria. Cuando se recuperó, estaba claro que había sido curado. Desde entonces leía cuanto pudiera sobre el antiguo Egipto”.

Otro hecho misterioso sucedió en el Museo de Manchester y tuvo como protagonista a una pequeña estatua de Neb Sanu. Tenía una particularidad: giraba poco a poco a medida que pasaba el día y durante la noche estaba inmóvil.

Este suceso fue muy destacado y se publicó en diferentes medios de comunicación siendo viral al trascender las grabaciones de seguridad en internet y redes sociales. Muchas fueron las personas que se permitieron hablar de ello atribuyéndolo a estar poseído por el espíritu del propio Neb-Sanu.

El misterio quedó desvelado cuando el programa británico Mystery Map logró hacer un estudio en el que se captó una imperceptible vibración provocada por el tráfico de los visitantes diarios.

Misterios y “maldiciones” de Egipto, reales o imaginarias pero que no deja indiferente a nadie.