Los cuatro fantasmas del Cementerio de San José de Cádiz

Uno de los lugares que se presuponen siempre como más encantados son los cementerios, los camposantos, la relación que tiene con la muerte le hace siempre estar como centro de atención de aquellos que buscan fenómenos paranormales o experiencias inexplicables.

Una de esas historias es la que nos lleva a un viejo cementerio gaditano como el de San José, cementerio ya en desuso y que albergó a los cuerpos de las víctimas de la explosión de Cádiz de 1947, en una tarea triste en el que se debió reconocer los cuerpos de las víctimas. Su actividad y cabida se extendió hasta el año 1992 en el que ya no se permitieron más enterramientos por tener su capacidad agotada.

De su historia destaca que fue construido en el año 1800 extramuros de Cádiz según las ordenanzas de la época . Todo ello por disposición de Cédula Real de Carlos III de 1787.

La ciudad fue aquejada de una grave epidemia de fiebre amarilla en agosto de 1800 y se adelantaron los plazos de inauguración del proyecto de camposanto de don Torcuato José Benjumea. De su interior destacaba la pirámide conmemorativa a los gaditanos fallecidos con más de 4000 cajas de restos en una pirámide que estaba culminada, en su “cima” por un ángel y donde impactaba mucho leer los 285.141 nombres de aquellos que allí descansaban.

Fenómenos paranormales en el camposanto

Pero faltaban nombres y faltaban cuerpos por encontrar y, por ello, el cementerio siempre fue un lugar donde se hablaba que se manifestaban extraños seres de ultratumba o que se escuchaban parafonías para consternación de todos aquellos que, de alguna forma u otra, habían sido testigos de lo imposible.

En un artículo para CÁDIZDIRECTO escribía sobre los fenómenos paranormales del camposanto: “Recuerda Alfonso que “una tarde, mientras realizaba una de sus rondas por el cementerio, vi en el pasillo central un joven de aproximadamente unos dieciocho años. Hacía poco que se habían cerrado las puertas y creí que aquel chico se había quedado encerrado”, le gritó: “Oye, chico, el cementerio está ya cerrado, tienes que salir” y la sorpresa llegó cuando “el chico no hizo amago de obedecer la orden sino todo lo contrario. Con un movimiento de la mano me ‘ven’ y comenzó a andar, yo le dije ‘Niño, que te tienes que ir’ que no puedes estar aquí” mientras caminaba hacia el joven. Pronto se daría cuenta Alfonso Cozar que aquel chico no era de este mundo.

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La descripción era arraigada de otros tiempos: iba vestido con una camiseta marinera y unos pantalones vaquero. Hubo un instante en el que dejó de verlo y el vigilante gritó: “Niño, ¿dónde te has metido? Que te tienes que ir de aquí, que ya está cerrado” mientras lo seguía buscando por las instalaciones hasta llegar a la zona de los osarios.

Entonces sucedió lo imposible… Vio algo que le heló la sangre… Su corazón se precipitó, los nervios afloraron, un sudor frío comenzó a caer por su espalda… Justo frente a él había una lápida y enmarcada en la misma la foto de un joven de unos dieciocho años que vestía una camiseta de marinero y se parecía al mismo joven que desde el pasillo central del cementerio de San José le indicaba con la mano ‘Ven’, aquel joven llevaba muerto exactamente 50 años…“.

El caso de Antolín Sánchez

También se habla del fantasma de Don Rosendo y de otros tantos que reposan allí. En este aspecto hablaba recientemente con Antolín Sánchez, gaditano afincado ahora en Sevilla, a su edad, más de 80 años, son muchas las historias que cuenta, una de ellas me llamó la atención: “De esto que te voy a contar sólo mi gente sabe algo y yo no he querido hablar mucho por aquello que me tomen por loco o que crean que yo estoy implicado” me decía en plan confidencia.

“Hace unos años ya, muchos, para el día de los difuntos, fui con mi mujer al cementerio de San José, íbamos a lo típico, limpiar un poco y presentar los respetos a mis padres y abuelos. La mujer era la que solían limpiar y yo la ayudaba. En un momento sentí como disparos y pensé que era algo ruido de fuera, entonces, a unos metros de mi, vi pasar a un grupo de cuatro señores de negro, no se les veía la casa, llevaban como un pañuelo sobre ella” me decía mientras el vello se le ponían de punta. “Yo estaba fumándome un cigarro y los seguí, entonces se pararon los cuatro y uno de ellos se volvió como mirándome y señaló al suelo. Mira, me quedé espantado. Vamos salí de allí para donde estaba mi mujer que al verme me dijo: “Ni que hubieras visto un fantasma”. En casa, tranquilo, le dije lo que me había pasado y que seguramente allí en medio había alguien enterrado”.

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La historia es aterradora y particularmente oscura que no pasaría de ser una más de las experiencias extrañas vividas en el interior de este cementerio si no fuera porque en este lugar, a fecha 17 de noviembre, se comunica a través de la Delegación de Memoria Democrática, que se han localizado a cinco víctimas de la represión franquista en el patio 1 de la fosa sur, personas que parece tener, a tenor de la inspección de sus restos, disparos y haber muerto como consecuencia de los mimos.

En este lugar se enterraron cuerpos desde el mes de julio de 1937 a noviembre de 1941, justo el mes en el que nuestro testigo nos narraba que vivió esa experiencia pero en diferente año.

Se intenta localizar a 31 víctimas por arma de fuego y 36 represaliados en la “Cárcel Vieja”, prisión provincial, que estarían en algún lugar del cementerio. El primer fallecido como víctima del franquismo fue enterrado el 21 de junio de 1938 en el cementerio y se trataba de Antonio Fuentes Torreño, de El Gastor, condenado a muerte y ejecutado.

La última víctima fue Antonio Nuñez Flores, de Grazalema. Ellos junto a otras 64 personas terminaron sus días en una fosa u otros lugares del cementerio, allá donde quedan cuerpos por descubrir.

La experiencia de Antolín Sánchez no deja de llamar la atención de cómo se pueden tener visiones o recibir mensajes coherentes del “más allá” -o quién sabe de dónde- y que luego se correspondan con una inexcusable e inexplicable realidad. ¿Causalidad?