Los “malditos” de la Historia: objetos misteriosos e imposibles

Nuestro mundo, tal y como lo conocemos, se rige por unos patrones que ha impuesto la Ciencia y la Historia oficial pero, ¿es correcta o habría que reescribir algunas partes de la misma?

Es difícil reescribir la Historia pero daré algunas pinceladas de lo que yo llamo “inconformistas” de la Historia pues ponen en jaque todo lo que hemos pensado en estos años.

El primer ejemplo de ello lo tenemos en un cinturón de aluminio que se encontró en la tumba del general chino Chu Chi de los Tsin, en la provincia de Jiangsu, sobre el siglo II al III d.C. Este cinturón tiene diferentes ornamentos y tiene 1600 años de antigüedad sin margen a la equivocación. Lo curioso del mismo es que la hebilla es de aluminio al 85%, el resto de su composición es de cobre al 10% y 5% de manganeso según informó el Instituto de Física de la Academia de Ciencias de China.

¿Dónde está el misterio? Quizás se pregunta eso. Se lo explicaré: el aluminio se aisló, por primera vez, por el físico danés H. C. Oersted; curiosamente el obstáculo principal para obtener aluminio es la energía eléctrica que se precisa para producirlo, un proceso que demanda hacerlo en cantidades muy elevadas para hacerlo rentable.

El método principal que se tiene es el de Bayer por el cual se produce alúmina partiendo de la bauxita en función de la disolución de esta con hidróxido sódico extrayendo la alúmina y de ahí, por electrolisis, el aluminio. Se precisa un mínimo de 15.000 KW/h para producir una tonelada de aluminio y hasta para los genios chinos de la época esto resulta imposible pero, sin embargo, la hebilla ahí está. ¿Cómo la hicieron?

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Las huellas de San Luis

Otro enigma lo encontramos en las llamadas “Huellas de San Luis” que se encontraban en un bloque de caliza en la orilla occidental del río Missisipi en dicha localidad.

Fue arrancado de su ubicación original por George Rape, en 1816, y trasladado a Harmony, en Indiana. Lo curioso de este bloque es que tiene unas huellas de 26 centímetros de largo y 10 de ancho en los dedos, huellas separadas por 15,5 centímetros en los talones y 34 en los dedos según el informe de Henry R. Schoolcraft.

Sería éste quién dibujó las huellas encontradas en San Luis y realizó un informe. Destacaba lo separado de los dedos, algo normal pues es común en las personas que andan descalzas. No cabe duda que son humanas y reales por la precisión de la huella y la impresión pero, ¿cómo quedaron impresas en la piedra? Debió haber estado muy blanca y, sin dudas, correspondiente a otro tiempo.

Los expertos piensan que se endureció hace 270 millones de años y el desgaste también parece indicarlo pero lo enigmático: el ser humano no existía hace 270 millones de años.

El misterio de las figuras de cobre

Fue en 1870, en el mes de agosto, cuando J.W. Moffit, encontró en Lawn Ridge, en Peoria (Illinois, Estados Unidos) algo sorprendente. Se trataba de una pieza que le extrañó mucho y que pensó que debía llevarlo a un experto para que lo analizara.

Así lo llevo al profesor A. Winchell que determinó que se trataba de una extraña aleación de cobre que resultaba desconocida. Presentaba signos de corrosión, era de forma redonda, con aristas y muy uniforme en cuanto a su espesor.

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Como grabado o dibujo tenía lo que parecía una cara de una mujer que estaba coronada y tenía otras marcas de dibujo como si estuvieran realizadas al ácido, una técnica difícil.

Por la segunda cara mostraba a un animal de orejas largas y puntiagudas junto a un caballo y unas grafías que no eran comprensibles, no estaban escritas en un idioma conocido.

Se localizó a 30 metros de profundidad, en un estrado que se estimó que tenía entre 100.000 y 150.000 años.