Miedo en “El cortijo de la sombra” en Cádiz

El fenómeno paranormal es caprichoso y, hasta cierto punto, selectivo, gusta de mostrarse pero sólo en determinadas condiciones y, por supuesto, no lo hace en la primera visita que se hace a un sitio sino que hay que insistir e insistir hasta poder captarlo. Por ello es complicado lograr esas pruebas que te hacen creer en fenómenos que, de otra forma, sería imposibles.

Uno de esos casos lo encontramos en un viejo caseron en las afueras de Jerez de la Frontera donde se decía que se aparecían sombras y se captaban psicofonías. Con tan vaga información nos atrevimos a acudir al sitio pero, como en tantas otras ocasiones, no sucedió nada, no se captaron ni sombras ni ruidos extraños. En esa desesperación se hicieron ocho visitas al lugar hasta que en la última, tras varias horas de investigación vino a pasar algo.

Fue justo en el momento en el que los compañeros de investigación y este que les escribe se dijeron: “Ya no venimos más, esto es una pérdida de tiempo y de dinero“. Debido a ello, quizás, “algo” se removió en el sitio y cuando dijimos de recoger los equipos distribuidos por aquella vieja casa, se comenzó a sentir pisadas, como si alguien se acercara lenta y pausadamente, era tan perceptible, tan evidente, que esperamos que el causante de las mismas apareciera ante nosotros pero lejos de ello no apareció nadie. Entonces uno de los acompañantes señaló a una de las paredes y vimos, perfectamente, una sombra, una silueta proyectada sobre la mismas, definida, como alguien que estaba allí, inmóvil, quieto, acechante, vigilante.

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Psicofonías

Entonces una de las máquinas que teníamos accionadas dijo: “Iros de aquí, ya” y se le replicó: “¿Quién eres?¿Por qué quieres que nos vayamos? La respuesta fue rápida: “Molestáis”. En aquel diálogo con nadie nos dijo más datos: “Soy el dueño”, “morí aquí”, “marchaos”, “disparo”, “dolor”.

Todo parecía indicar que en aquel lugar habitaba algo que jamás antes se nos había manifestado pero que, sin embargo, nos vigilaba. Hubo un detalle impresionante: “Si estás realmente aquí, ¿nos puedes dar una señal?” Fue entonces cuando la cámara de fotografías de Miguel Santos comenzó a disparar sola y en la “Spirit Box” a indicarnos: “marchaos”, “vete”, como si alguien le molestara o si fuera todo el grupo en si.

“¿Te molesta alguien?” fue la siguiente pregunta, respondiendo “Si”, “molesta Sergio”, que era la persona más escéptica y más crítica a los fenómenos que allí tratábamos de descubrir calificando todo aquello como “una pérdida de tiempo”. Sergio, con guasa, dijo: “Si eres un ente paranormal, ¿a qué no me dices como se llama el perro de mi abuela?” y la máquina respondió claramente: “Moggi”, nuestro amigo tragó saliva y nos dijo: “Se llama así, esperad. ¿Cómo se llamaba mi bisabuelo muerto en la Guerra?” y la máquina dijo: “Antonio”, “no murió en Guerra”. En ese momento se quedó cariacontecido y nos dijo: “Esto es real, se llamaba así pero no murió en la Guerra”.

Prestos a seguir con las pruebas pudimos detectar bajadas muy fuertes de temperaturas así como alteraciones muy evidentes en lo que es el campo magnético de la zona poniéndose en un valor de 300, algo que está cinco veces por encima del límite normal. Además la sombra fue vista en otras ocasiones y las psicofonías abundaron en esa comunicación iniciada que parecía no querer terminarse.

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Finalmente, al salir de allí, recogiendo ya, con la máquina activa, alguien dijo: “¿Cómo quieres que llamemos a este lugar?” y la voz se manifestó de nuevo: “Mi casa”; quizás por ello coincidimos en llamar al sitio “El Cortijo de la Sombra” y su secreto que aún debe ser descubierto.