Misterio en Cádiz: ¿Dónde se perdió el buque ‘Reina Regente’?

Naufragó en el Estrecho de Gibraltar, era un 10 de marzo de 1895 y atendía al nombre de «Reina Regente», de la Armada Española, que se fue a pique con su tripulación cuando realizaba la travesía entre Tánger y Cádiz.

Llevaba 412 personas a bordo como tripulación del barco, se trató de contactar con él pero todo fue infructuoso, el «Reina Regente» parecía haberse desvanecido como por arte de magia.

Era un barco fuerte, construido en los Astilleros James and George Thompson, en Escocia, en el año 1886, en Clydebank, siendo sus constructores el ingeniero Nathan Barnaby según proyecto de John H. Biles. Pese al prestigio de estos astilleros el buque parecía que presentaba problemas estructurales, problemas que sumados a la artillería del que estaba dotado hacía que desestabilizara la nave que, para colmo, tenía un problema de poca estanqueidad.

Pese a todo se entregó a la Armada española y se bautizó como «Reina Regente» en honor a la Reina María Cristina, viuda de Alfonso XII y madre de Alfonso XIII.

Viaje a ninguna parte

Se analizaron sus problemas y se recomendó desplazar los cañones así como sustituir otros por un calibre menor, pero no se atendió esta observación.
El 9 de marzo de 1895 el «Reina Regente» partía de Cádiz rumbo a Tánger con una delegación marroquí que visitó Madrid para llegar a un acuerdo de paz, fracasaron las negociaciones y estos regresaron a Marruecos.

El tiempo no era el mejor, las condiciones meteorológicas eran adversas pero el comandante Francisco de Paula Sanz de Andino, capitán del «Reina Regente», quiso regresar -cuánto antes- a Cádiz cumpliendo las órdenes y desoyendo las indicaciones de los expertos marroquíes y el cónsul español se aguardar a que el temporal pasara.

Pese a todo zarpó de puerto en lo que se consideró como «una temeridad», había viento huracanado y olas muy altas, navegaba a ciegas y se cruzó con los vapores británicos «Mayfield» y «Matheus» que calificaron de «locura» seguir viaje así. Para colmo el barómetro seguía bajando y todo hacía pronosticar un recrudecimiento de las condiciones.

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Se tiene una observación del «Reina Regente» de un navío británico cuya nota decía textualmente: «Dice que el buque que vio es parecido a la fotografía del Reina Regente. No notó que tuviese averías, pero daba grandes balances. Se hallaba a doce millas al noroeste de cabo Espartel navegando hacia Cádiz. El vapor inglés Matheus se hallaba a la misma hora entre ambos buques con rumbo a embocar el estrecho de Gibraltar y dirigirse a Génova. Dice que a las doce y media sufrieron un durísimo chubasco de viento y agua y que no puede decir más, salvo que pasó a una milla y media del mencionado buque, cuya nacionalidad ignora, entre frecuentes chubascos».

El barco desapareció y la preocupación en la Armada crecía. El diario El Día, publico 72 horas después de su desaparición: «Un telegrama de Tánger manifiesta inquietud al ignorarse el paradero del crucero Reina Regente, que había salido de aquel puerto el domingo. Otros telegramas dan cuenta del naufragio del hermoso buque, pero no se ha confirmado. Las autoridades de Cádiz informan que el mar, sin embargo, ha arrojado a la playa efectos que son, sin ninguna duda, del Reina Regente. Hay rumores de que el naufragio es un hecho. Si así es, España habrá perdido el segundo buque de combate que tiene: un hermoso crucero acorazado construido con los adelantos más modernos».

El desastre se había consumado, en algún punto del Estrecho de Gibraltar se hundió el Barco rumbo a Cádiz, en El Día se publicaba: «Llevamos cinco días sin tener noticias del hermoso crucero de guerra. La ansiedad crece por momentos y con ella, triste es decirlo, la certidumbre de una catástrofe».

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El único superviviente

Sólo hubo dos supervivientes que no llegaron a embarcar aquella lúgubre jornada; igualmente se salvó «Terranova» el perro del «Reina Regente» que fue rescatado por un barco inglés cuando estaba sobre uno amplio fragmento de madera.

En el diario La Verdad de Murcia decía Diego Quevedo: «el capitán se aventuró a zarpar, pues confiaba en la solidez del buque, pero zozobró. No hubo ni un superviviente y ni siquiera se encontraron los cuerpos. ¡Y no era un barco viejo! Era de los más modernos, un crucero protegido por un grueso blindaje y con poderosos cañones. Es probable que su participación en la guerra de Cuba le habría ayudado a evitar aquel desastre, pero eso nunca lo sabremos».

Muchos años después, El Diario Vasco, publicaba: «se hundió de manera súbita al dar la vuelta o bien al hundirse por la parte de proa a consecuencia de un sincronismo de balance o cabezada entre el movimiento propio del barco y el de las grandes olas. Tal coincidencia pudo aumentar tanto el cabeceo del navío que este, inclinándose mucho de proa hacia el mar, pudo hundirse instantáneamente en el sentido mismo de la marcha».

La Gaceta de Madrid daba oficialmente por desaparecido al «Reina Regente» donde hoy, en pleno siglo XXI, se desconoce dónde está el barco pese a los intentos por localizarlo. Puede que cerca de Bolonia o cubierto por tanto lodo que encontrarlo sería sólo cuestión de azar y que, hoy por hoy, es todo un misterio.