Recuerdos de lo inexplicable y nuevos fenómenos paranormales en el Varcárcel

Hay casos en Cádiz, dentro de lo paranormal, que no dejan de sorprender y de salir testimonios cuando menos se espera. Uno de esos casos es el del viejo hospicio de Valcárcel, del colegio, que ha tenido una azarosa vida a lo largo de la Historia.

En CÁDIZDIRECTO ha publicamos un trabajo sobre los hechos que ocurrían en su interior pero siempre hay testimonios que resultan especialmente emocionantes. Destacar el trabajo que Fernando Soto hace por rescatar historias gaditanas, de muy diferente género. El Valcárcel es una mina en cuanto a pasajes históricos de la ciudad o de hechos paranormales.

Testimonios de lo imposible

Así un último testimonio me llega de la mano de José Moreno, uno de los niños que estuvo en aquel hospicio y que hoy ronda ya los 80 años (o algunos más). De lo que él vivió, con una claridad meridiana, me decía: «Yo fui uno de los niños del Valcárcel en una época muy mala. Me quedé sin padres y ningún familiar estuvo por la labor de acogerme en su casa por lo que acabé allí con otros niños. Allí el trato era el que era. La cosa es que estando, uno de aquellas noches en la cama, en la sala grande donde dormía, me despertó un ruido. Miré y no vi nada pero entonces sentí una voz que me decía: «Ven, ven» y creyendo que era a mí me levanté. Lo que vi era una silueta grande, humana, que se iba desplazando por la habitación hasta llegar a la puerta donde desapareció. En este momento entró una hermana que me regañó por haberme levantado, le dije lo que vi y me dijo que eso sería un sueño y que me acostara» recordaba impresionado.

«No fue la única vez que me pasó, otro día vi a una sombra en el pasillo que daba al patio, cerca de las escaleras y también desapareció sin más, allí pasaban cosas muy raras. Algunas noches sentía gritos y ruidos que no eran propios del hospicio y que escuchaban también otros niños que estaban allí» afirmaba.

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No es de extrañar pues el edificio tiene ese vestigio de «lugar encantado» que nos recuerda que también ha sido, además de hospicio, hospital e «institución psiquiátrica» y que ese vestigio queda siempre en lo que yo, particularmente, llamo «contenedor de emociones».

Fernando Soto narra la experiencia de F.F.B. (textualmente) donde indica que «estando en la enfermería una vez que había terminado de desayunar me mandaron a la cama. Pasando unas horas me entró ganas de ir al lavabo, hice mis necesidades y salí del baño, (aquí hace una aclaración ya que me explica los pasos que solía hacer para llegar al retrete) pero antes de entrar en dicho baño tenía que subir dos escalones y a mano derecha tenía el retrete, en los escalones no había nada y entré a orinar, una vez terminado, me quede muy parado ya que vi en el escalón 7 gatitos muertos en fila muy bien colocados pegué un salto de la impresión y me fui corriendo para la cama, así que mire por todos los sitios y no había nadie estaba yo solo entonces me volví a los lavabos y cuál fue mi sorpresa que ya no estaban los 7 gatitos, me asusté todavía más ya que no había nadie en los alrededores, estuve mirando por todo lo sitio para saber por dónde habían entrado pero ya no los volví a ver más, había dos ventanas pero estaban sujeta muy arriba por dos cadenas así que era imposible de que alguien hubiera entrado por ese hueco, repito eso era imposible y lo que me extraño mas era que los gatitos fueran de varios color. A sin que no dije nada no lo quise contar por temor a que me digiera que estaba soñando o que era una fantasía».

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Una ouija en el Varcárcel

No son pocos los relatos que se acumulan del Valcárcel, incluso de chicos que, siendo instituto, decidieron hacer una ouija en una clase con resultado poco menos que terribles. Toni, uno de esos chicos me decía: «Una vez hicimos un trabajo sobre el colegio y supimos que había sido un manicomio.

Animado por la moda de aquellos tiempos de lo paranormal pues decidimos quedarnos en el recreo y hacer una ouija, con un tablero que llevábamos ya hecho sobre un papel. Nos pusimos allí tres de nosotros y comenzamos a invocar como pudimos. La cosa es que aquel vasito se comenzó a mover, todos creíamos que lo movía alguien pero la sorpresa fue que había veces que sin tocarlo apenas se movía. Entonces Quino pidió una prueba que había alguien allí y se abrió la puerta de la clase de forma muy violenta y vino una silueta. Yo me asusté mucho porque creí que era un profesor, nunca nada paranormal, pero al fijar mi vista en aquella forma vi que no tenía rasgos ni nada, era una sombre solamente, lo pasamos fatal y desde entonces el sitio, para mí, está encantado».

Los testimonios se acumulan y las interrogantes también, para unos es el espíritu de un antiguo sacerdote del centro, para otros «un loco» o un «enfermo» del mismo, la verdad se desconoce pero no los relatos inexplicables que en él se producen.