Sesión de ouija y fenómenos paranormales en la barrio de la Viña

Hay prácticas que deberían realizarse sólo si la persona sabe emplear las herramientas que se ponen a su alcance y, en materia paranormal, ocurre exactamente lo mismo, máxime cuando del fenómeno de contacto se trata si no se quiere tener complicaciones y que transformen en una pesadilla un momento que, teóricamente, no debería de serlo.

Muerte del abuelo y deseo de despedida

«Hace cuestión de unos meses murió mi abuelo, nosotros siempre tuvimos una relación muy especial con él y, por eso, quisimos despedirnos todos los nietos. Nos juntamos los seis y decidimos hacer una ouija, por la noche, en su casa. Teníamos las llaves y nadie se iba a enterar, además que el piso está intacto, tal y como él lo dejó» decía el testigo.

Se desplazaron al barrio de la Viña «mi abuelo vivía sólo, mi abuela murió hace ya unos años, desde entonces se apagó la chispa que tenía. Le gustaba reírse y los carnavales de encantaban, los vivía de una forma especial, pero desde la muerte de la abuela ya no fue el mismo, perdió esa ilusión y decía, muchas veces, que «lo mejor que puede hacer Dios es recogerme y llevarme con tu abuela». A mí me daba mucha cosa escucharlo hablar así. Se notaba esa desilusión que tenía el pobre».

«La cosa es que llegamos allí sobre las diez y media, en el piso de abajo no hay nadie, y sacamos el tablero y nos pusimos a hacer la ouija. Lo invocamos directamente a él, le dijimos que queríamos hablar con él, que éramos sus nietos y que nos queríamos despedir. Aquello no se movía, pero fue cuando Miguel dijo: «¿Abuelo estás con la abuela?», cuando el máster se movió al sí y comenzó a ir con más rapidez» explicaba.

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Pruebas de lo inexplicable

«Hubo nervios y mi otro primo, Juan, dijo: «¿Puedes dar una señal qué estás aquí?«. Y comenzamos a oler a tabaco negro, el que él fumaba y una tos ronca desde la habitación, en ese momento nos miramos todos como diciendo que el abuelo estaba allí y nos dio miedo. Entonces se preguntó si era él el que estaba con nosotros y la ouija dijo que «Si». En ese momento ya había muchos nervios, mucho miedo y decidimos dejarlo. Cerramos la sesión, y entonces la temperatura bajó mucho en el salón y se abrió sola la puerta de la habitación del abuelo, en ese momento salimos corriendo de allí, apagué la luz a la carrera y cerramos la puerta con las dos llaves, nos dijo pánico y, desde entonces no hemos vuelto a ir» concluía.

Son experiencias que se tienen cuando se hacen algunas sesiones de ouija -no todas- y que puede tener consecuencias como la narrada a este grupo de chicos -de ya una edad- en el barrio de la Viña con la invocación a su recién fallecido abuelo. La moraleja de todo esto es que hay prácticas que no deberían hacerse si no se sabe las consecuencias que pueden traer aparejadas y el impacto emocional/psicológico que provocan.