Sobrenatural experiencia de una enfermera en un hospital de Cádiz

Un caso especialmente llamativo la sido el que me ha querido contar Concha, una seguidora de temas de misterio que ha querido compartir conmigo y a la que le he pedido permiso para contar su historia.

Concha trabaja de enfermera en un hospital de la provincia de Cádiz –omitiré el nombre- y siempre ha tenido un trato muy cordial con los pacientes: “Me da cosa saber que están enfermos y que se agradece una frase amable, dar conversación o tratar de darles ánimo” decía y que habla, a las claras de su profesionalidad y humanidad.

Paciente enferma

“Entre las habitaciones de la planta donde estoy hay algunas que están destinadas a paliativos y que se va sabiendo que la persona que está allí dentro está muy malita. Con eso lo que se suele es ir con la mejor disposición y tratando de arrancar una sonrisa a esa persona aunque depende mucho de cómo se encuentre ese día pues no todos sin iguales y hay días que están mejor y peor” decía.

“A una de esas habitaciones llegó una mujer, de 89 años, consumidita. Era muy amable y siempre nos trataba con el “hija” en la boca y nos daba consejos. La mujer se ganó el cariño de todas. Cuando mirabas la enfermedad que tenía sabías que no le quedaba mucho, era algo ya terminal y cuestión de tiempo, daba mucha pena y se pasa muy mal” recuerda.

Un día vino a suceder algo que la impresionó: “Ella estaba un día muy animosa pero le cambió el aire y se puso muy seria, me cogió la mano y me dijo. “Fíjate lo solita que estoy, mi hijo y mi marido vienen pero para estar en el bar y yo aquí sola, sino fuera por vosotras no me querría nadie”, lo recuerdo como si fuera ayer. Yo le dije que no dijera eso, que las horas en el hospital pasan muy lentas y que es normal ir a tomar algo, excusando un poco el comportamiento de los familiares. Entonces ella me miró y me dijo: “A mí me queda poco tiempo Concha, días sólo”. “No diga eso, usted se va a poner buena” le respondí y ella, con un aplomo tremendo me respondió: “No, tu sabes que de aquí no salgo viva, pero Concha, no te preocupes que no me voy a ir sin despedirme”. Aquello me dejó intranquila, más que nada por la seguridad que tenía la mujer que se iba a morir en breve, algo que es terrible” me explicaba.

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Las promesas que se cumplen

Pasó un día y al siguiente nuestra enfermera entraba en el turno de noche. “Mi compañera me dijo. “La mujer de la habitación XXX tiene la bomba puesta desde anoche y no creo que aguante mucho. Ten cuidado”. Cuando te dicen eso es que tiene una bomba de morfina y, la verdad, que ya está en la fortaleza de la persona. La cosa es que la noche fue discurriendo y al filo de las cuatro de la mañana sentí un ruido en el pasillo cerca de la habitación. Fue a ver y me encontré a la señora en el pasillo. Le dije: “¿Pero dónde va alma de Dios?” Y aquella mujer me miró y me dijo: “Qué ya me voy, adiós Concha”. “¿Dónde se va a ir usted? Espérese que la llevo dentro ahora mismo”, entonces sentí un ruido en la habitación contigua y distraje la mirada un segundo, era un familiar de la paciente de esa habitación que se había asomado. Al mirar a la mujer ya no estaba. Entonces entré en la habitación que ocupaba y allí estaba en la cama con todas las gomas puestas, acababa de morir. Mira, se me congeló la sangre. Fui a la habitación contigua y le pregunté al familiar si nos había escuchado hablar y me dijo que si “dos voces, si”, pero aquella mujer jamás se levantó de la cama” concluía con los vellos de punta y lágrimas en los ojos.

Me impacta mucho escuchar este tipo de relatos máxime cuando hay tan pocas explicaciones racionales más allá de lo inexplicable y lo paranormal. Sólo me resta decir que la paciente, aquella noble anciana, cumplió su palabra después de muerta.

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