Terror en el geriátrico abandonado

Los hospitales, residencias de mayores, ambulatorios y sanatorios son, aunque estén abandonados y sin uso, lugares donde se ha quedado una gran cantidad de emociones y sentimientos de tantas personas como han pasado por ellos. Suelo decir, habitualmente, que son contenedores de emociones y, como tales, en muchas ocasiones, hay que entenderlos. Contenedores de emociones, de lágrimas de tristeza, de alegría, de soledad, de compañía, de muerte, de recuperación, todo entre en el interior de estos lugares aunque hoy ya sean una sombre de lo que fueron y en muchos se caigan las paredes por el abandono.

De esta forma nos debemos trasladar a la localidad sevillana de Alcalá de Guadaíra para vivir una nueva investigación en la que se manifiesta lo imposible, en la que vienen a suceder hecho que, difícilmente, se podría imaginar.

En esta zona, muy a las afueras, encontramos un viejo geriátrico, abandonado, en el que en su día albergó a muchas personas que eran atendidas y vivían allí. Recuerdo que lo descubrimos por casualidad, buscábamos otro lugar hace ya años cuando pasamos por este punto y, a pie de carretera, dijimos de “echar un vistazo”. Eso hicimos, en aquel momento me acompañaban Jesús García, José David Flores, Miguel Rodríguez y Jesús Crespo. Al entrar en el lugar no encontramos con un edificio que aún se conservaba en un óptimo estado, en el que no había huellas de vandalismo e, incluso, aún mantenía la instalación eléctrica intacta sin que los expoliadores de cobre se hubieran cobrado su botín.

Estuvimos en el edificio, la presión eran enorme y Jesús García afirmaba: “Es tremendo como en este sitio se siente la presión, se podría aplicar aquello de que se puede cortar el ambiente con unas tijeras. Esto era un geríatrico, además el cartel de abajo ya “te lo canta” y podría ser un lugar magnífico para tratar de captar esas energías que, sin dudas, se quedaron aquí atrapadas, estos sitios son muy intensos y dan buenos resultados”.

Así comenzamos a hacer una sería de comprobaciones en los que las psicofonías iban a tener su particular protagonismo. “Armados” con nuestras grabadoras comenzamos una rueda de comprobaciones en los que se se preguntó: “¿Hay alguien aquí?” y la respuesta fue un rotundo y sonoro “Si” en un momento en el que estábamos todos en silencio. Incluso, durante la grabación, pudimos escuchar pasos en la misma planta y sentirnos acompañados (aunque esto es un valor subjetivo).

José David Flores dijo ver una sombra en una zona que podríamos identificar con un salón o sala grande, fue él quién dijo ver “algo o alguien” en aquella zona a la par que se escuchaban pasos en la planta baja que nos obligó a ver si alguien más podía estar allí o si era el hogar de algún “sin techo” y éramos simples usurpadores de su “hogar” y tranquilidad. Pero allí no había nadie.

En otra sesión, cercano a una cámara frigorífica preguntamos “si era el dueño del lugar” y, nuevamente, una voz, contestó con un “sí” rotundo. Era la segunda vez que nos decían esto y en ocasiones -visitas- posteriores también respondieron de la misma forma.

Voz piscofónica

Aquella voz no quería que estuviéramos allí y con otra máquina, con la “Spirit Box”, nos dijeron claramente: “Vete” o “Marchaos“. Ante nuestra insistencia en seguir en ese lugar volvió a decir: “Marchaos ya” con voz amenazante. Ante esto Jesús Crespo prefirió decir: “Es tarde y sería conveniente dejar a lo que haya aquí en paz”. Era lo más prudente.

Hubo un curioso diálogo a base de “si” y “no” en el que se logró arrancar un nombre a aquella voz psicofónica: Juan. Aquella voz parecía pertenecer a un hombre llamado de esa forma pues a la pregunta: “¿Te llamas Juan?” respondió “Si”.

Hoy día el geriátrico abandonado de Alcalá es una sombra de aquella edificación que encontramos hace unos años pero el “aroma” a inexplicable no lo perdió jamás. Es, en suma, un lugar tocado por el misterio.