Terror en una sesión de ouija en el Beaterio

La ouija es ese tablero temido por todos los amantes del misterio que, de alguna forma, se atreven a coquetear con él buscando el contacto con el más allá.

Una de esas experiencias de contacto es la que les quiero contar de un grupo de amigos que se atrevió a improvisar una sesión de ouija en un lugar emblemático y conocido por mi persona: el beaterio.

Un lugar vinculado a la persona de mi amigo Eugenio Belgrano, con el que tuve el placer de acudir a investigar, y que me sorprendió enormemente. Pero la experiencia que les quiero contar es diferente y la vivieron tres amigos hace meses.

«Nos habían hablado del sitio, un amigo conoce a Fede Padial y le comentó que había hecho rutas allí y hablado de investigación paranormal, así que aprovechamos para ver que se podía hacer. El sitio impresiona y nos pusimos a hacer psicofonías sabiendo que no había nadie allí. En principio no se recogió nada extraño, al menos en las revisiones que hemos hecho a los audios no hemos detectado nada pero lo peor vino luego» decía nuestro comunicante -que prefiere mantener su identidad en el anonimato-.

Experiencia inexplicable

«Uno de mis compañeros llevaba en la mochila una ouija de estas que se pliegan, un cartón con todo impreso, de las que se compran por internet. Usamos un vasito de chupito como máster y comenzamos una sesión que duraría 5 minutos, no más, el tiempo que íbamos a estar solos. Comenzamos con una invocación que tenía escrita una amiga y la hicimos en voz alta los cuatro. Pedimos que nos dieran una señal, que nos dieran una prueba que estaban allí, como pudimos nos encajamos junto a los nichos y, allí, sentimos, claramente, como alguien golpeó uno de los ataúdes aquellos pequeñitos de allí. Preguntamos por su nombre y nos dijo Dolores, entonces le pedimos otra señal y sentimos como bajaba la temperatura de forma notable. Nos quedamos todos mirándonos como diciendo que estaba pasando algo raro».

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«Entonces fue cuando sentimos que baja alguien las escaleras aquellas y fui yo mismo el que se asomó pero no había nadie. Antes de entrar en donde nos pusimos sentí que uno de los compañeros chillaba y juraba que le habían puesto una mano en la nuca, además tenía como las marcas de unos dedos. No supimos reaccionar pero lo que hicimos, por instinto, fue recoger e irnos, cuando íbamos para arriba sentimos una voz clara que dijo: «No os vayáis, quedaos» y eso fue suficiente» afirmaba aún impresionado nuestro testigo.

¿Qué les pasó a estos chicos? Quizás fueron a jugar al sitio menos indicado o, quizás, la presencia que se dice que mora en este lugar les quiso hacer compañía. ¿Quién sabe?

La historia del Beaterio

En mi artículo de CÁDIZDIRECTO sobre este tema decía: Se debe su nombre a que en esa época se fundó un beaterio por las Hermanas Terciarias de San Francisco teniendo a su impulsora en la figura de Isabel de S. Josef, en “Emporio del Orbe” de dice que “eran unas doce y vivía en comunidad bajo la obediencia y disciplina de una hermana mayor. También tenían devoción a dos padres guardianes de la orden de San Francisco, el de la observancia y el de los descalzos”.

Así las normas del beaterio decían que las religiosas tenían que llevar una vida ordenada y de recogimiento.

El edificio pertenecía a Juan de Oñate que venía de una estirpe de aventureros que descubrieron territorios -y riquezas- en Norteamérica (Zacatecas y Texas) alcanzando una gran notoriedad y poder en esa zona. La casa se terminó en 1815 y se incorporó una capital bajo la denominación de “Jesús, María, José y el Arcángel San Miguel”, de este se puede encontrar un bocete en la cueva del Beaterio.

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De la casa decía Jerónimo Becker en su libro: “era una buena casa pero sin rentas. Por eso decían los clérigos que en ella se había hecho una gran jaula pero sin alpiste” y se las echó de allí en la época constitucional. De la época se dice que la expulsión de las beatas de la finca fue por una reclamación de los herederos de Oñate.

De la cueva se dice que “se montó una empresa que enseñaba a las mujeres en riesgo de exclusión el arte de la costura, pero años más tarde, se derriba todo el edificio menos el panteón bajo, que era el lugar de enterramiento de la antigua Orden de Beatas. A mediados del siglo XIX, se construye un nuevo edificio de viviendas en el cual se conservaron las catacumbas, reutilizándolas para un nuevo uso”.

“En 1947 se utilizó dichas cuevas a consecuencia de la explosión que sufrió Cádiz por la detonación de un conjunto de minas que se almacenaban en el Instituto Hidrográfico, esto originó un destrozo y la caída de la parte alta del edificio. Por último, en la Guerra Civil, un grupo de vecinos del edificio se escondieron en el pequeño hueco situado en el nivel más bajo del lugar”.

La cueva es un ejemplo de una magnífica catacumba donde aún se pueden ver los “féretros” de las religiosas en un entorno de fuerte olor a humedad.