Vacaciones malditas en un piso encantado en Cádiz

El verano, el tiempo de calor, suele ser el desencadenante de un éxodo de personas que se trasladan del interior a las costas buscando el frescor, la brisa marina y el agua del mar. Cádiz tiene una posición privilegiada en ello y muchos atractivos para aquellos que quieren disfrutar del clima, la playa y la buena gastronomía.

Pero también puede ocurrir que se vivan experiencias poco placenteras y que tienen que ver más con el misterio y el terror que con unas semanas de merecido descanso. Es lo que le ocurrió a una familia que decidió pasar unos días en Cádiz y que se encontraría cara a cara con lo imposible.

El protagonista, Antonio, nos comentaba: “Bueno, alquilamos un piso en el paseo que estaba muy bien, algo carillo pero bueno, si quieres lo bueno tienes que pagarlo, estaba en el paseo; un piso grande con mucho espacio y bien ubicado. La cosa es que lo cogimos para todo el mes por que yo tengo complicado tener vacaciones fuera de lo que es el verano así que nos fuimos allí esos veintitantos días” relataba sin que hubiera nada anormal en lo que nos contaba.

Diferentes experiencias

“Al poco de estar en el piso mi hija decía que en su habitación olía mal, que le llevaba, por la noche un olor a podrido muy grande, yo lo atribuí a que se duerme con las ventanas abiertas y podía venir de la calle pues es una zona que tiene muchos bares. Pero ella se quejaba de eso y luego fueron mis otros dos hijos, que son ya mayores. La cosa es que les dije que cerraran las ventanas y pondríamos unos ventiladores, pero siguió ese problema” sin presagiar que puede ser el inicio de lo que es una manifestación paranormal, como de hecho les sucedió.

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“Una noche salimos mi mujer y yo con mis hermanos que vinieron de fuera y los niños pidieron una pizza y se quedaron en la casa, el típico día que no quieren hacer nada. Al regresar, a eso de las doce y media de la noche, estaban despiertos entre risas y bromas diciendo que había hecho una ouija pintada en el cartón de la caja de la pizza y que la prima se había asustado mucho. La cosa es que mi hija preguntó a los hermanos que quién había movido el vasito y los otros dos se miraron y dijeron lo mismo “¿No has sido tú?”, ahí se quedaron un poco desconcertados” refería a la respuesta de los hijos (15,17 y 20 años).

Pero lo inquietante llegaría esa noche pues “al acostarnos, no llevaríamos ni veinte minutos en la cama, se encendió la televisión, yo pensé que era uno de los niños y al filo caso de la una y pico de la mañana no me parecía lo mejor. Salí al salón pero no había nadie. Apagué la tele y me acosté, fue estirarme en la cama y encenderse de nuevo el aparato, me levanté de nuevo y lo apagué y, delante de mí, se encendió solo. Pensé que el mando se habría estropeado y desenchufé la tele pero al ratito sentimos, todos, como algo pegaba un portazo tremendo en el salón, se asomaron mis hijos y yo mismo, era la puerta, pero la puerta tiene unas cuñas que le hacen de freno, pues estaba quitada. Les dije que sería el viento pero comenzaba ya a mosquearme”.

Todo parecía haber quedado tranquilo cuando “la niña sale de su cuarto gritando diciendo que alguien le había tocado el pie, estaba muy nerviosa, le dije que “te habrás dormido y lo has soñado” pero me dijo que no, que estaba despierta escuchando música y era todo muy raro, me rondaba en la cabeza lo de la ouija pero prefería callarme”.

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Un familiar fallecido

“Lo siguiente que pasó sucedió en nuestro dormitorio, a eso de las cuatro entraba mucho fresco por la ventana y mi mujer se levantó a echar la persiana, al volverse pegó un grito espantoso, yo desperté y los niños y me dijo que había visto a un hombre en la puerta del dormitorio, como yo te estoy viendo a ti, vamos así, físicamente, sólido, y que la había mirado y había desaparecido, todo eso en cuestión de segundos. Entonces pedí que nos calmáramos todos y estuviéramos tranquilos. A la mañana siguiente a los niños les dije que ouija ni una más, ni en broma ni en serio, ni una más. Envié mi caso a Iker Jiménez pero se ve que debe estar muy ocupado que ni me respondió y bueno, contacté también contigo y aquí estás escuchándome, fue tremendo”.

Le pregunté si preguntó por lo sucedido: “Si, a la mujer que nos alquiló el piso, con mucho disimulo le dije que había visto una foto de un hombre con la descripción que hizo mi mujer de aquella aparición en nuestro dormitorio, es mentira, yo no vi foto ninguna, pero era para ver por donde salía. Me dijo que era su padre, que fue el que compró el piso hace años y que murió haría tres años atrás, que era un hombre que le gustaba mucho ir allí por que disfrutaba mucho del mar. Entonces tuve claro que mis hijos despertaron, por aquella noche, a aquel hombre” respondía con total franqueza.

Son historias que puede suceder si se hacen juegos esotéricos que no se dominan y el lugar tiene una presencia silenciosa que, como en este caso, le sirve de detonante la sesión con el mal llamado juego.