Misterios y leyendas de la Alhambra de Granada

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- Es uno de los palacios más importantes que nos dejó el mundo musulmán en la Península Ibérica, uno de esos lugares donde las energías se encuentran. Hablamos de la Alhambra de Granada, fortaleza y Palacio andaluza donde habitaba a la corte del reino nazarí y el monarca.

Fue musulmán hasta que, finalmente, fue conquistada Granada por los Reyes Católicos en 1492. Su construcción no fue cuestión de azar pues no está en un lugar cualquiera. Se encuentra dominando toda una vista de la hermosa ciudad en un lugar que es tan mágico como bello.

En tiempos de Carlos I, tras la Reconquista cristiana, se proyectaba allí construir un palacio en una zona de derruidos muros del Alcázar, un palacio de invierno cuya obra sería encargada a Pedro Machuca, que fue el arquitecto de la misma.

Los trabajadores que participaban en aquella obra como guardias de dentro de la Alhambra comenzaron a sentir presencias. Una vez realizada aquella obra, a falta de terminar algunos detalles estéticos, comenzaron a habitarlo, entre ellos el tabernero Juan Abenhun, de ascendencia morisca, junto con su sobrina Isabel, una joven muy atractiva y de gran belleza.

Todos admiraban a aquella mujer, incluso el arquitecto Pedro Machuca que comenzó a tener una relación oculta creando una situación comprometida.

La chica pasaba muchos momentos del día paseando por los jardines de palacio y visitando una zona en particular: la zona del subsuelo de la sala Comarex. Allí, Isabel, se quedaba mirando cada una de las esquinas, cada uno de los rincones del palacio-fortaleza nazarí, como si hubiera algo más que sólo ella podía ver.

Y, quizás, debido a ello se le comentó los rumores que apuntaban a los fantasmas y extrañas presencias en la Alhambra, como en su día Washington Irving narraría de forma más literaria e imaginativa. Ese momento de temor fue aprovechado por el arquitecto Pedro Machuca para alejarla del lugar y vivir su relación de forma más discreta posible. No obstante tuvo una visión estremecedora: unos duendes le indicaban el lugar donde custodiaban un tesoro.

Isabel y un joven enamorado inmediatamente se dispusieron aquel tabique del que surgirían dos jarrones en cuyo interior se escondía aquel tesoro. Estaban llenos de doblas de oro. Le solucionó la vida pues con la recompensa tuvieron una dote para llevar una vida en común y el rey Carlos I el capital necesario para finalizar las obras de remodelación de la Alhambra.

Por siempre será un lugar referente para la cultura musulmana, jamás abandonaron Granada si el deseo ferviente de regresar. Así existe la leyenda de la existencia de un grupo de duendes que pertenecen a una tribu árabe, cada 2 de enero, una vez cada siglo, cada 100 años, en el año que finalice en 92, estos duende regresan, se aparecen y comprueban si la Alhambra ha regresado a manos musulmanas.

Otra de esas historias legendarias nos habla de cómo una noche de San Juan un joven que recorría España con su guitarra observó a un soldado de época, con atuendo musulmán y mirada triste. Aquella visión era quimérica, se trataba de un soldado árabe que habita por toda la eternidad el lugar y se manifiesta una vez cada 100 años.

El joven quiso aliviar la existencia del soldado y en diálogo con él le pidió que le liberara de la maldición, a cambio le entregaría la mitad de un tesoro. Para ello necesitaba que hasta allí un cura en ayunas y una chica cristiana.

Tras localizar a los dos subieron a la Alhambra y el soldado se manifestó en el muro, de repente se abrió y surgió un gran tesoro, el cura hambriento sacó de su bolsillo u trozo de pan y lo metió en su boca quedando el muro cerrado y la maldición activa. Pero el chico logró meter unas monedas en su bolsillo, las justas como para iniciar una relación y casarse con aquella joven que le acompañó hasta el palacio y fue testigo de lo imposible.