El accidentado entierro de Cayetano del Toro

CADIZ DIRECTO / @ManoloDevesa.- Una fatal noticia amargaba el comienzo de año a los gaditanos. 1915 traía la muerte de uno de los hombres más conocidos de la ciudad: Cayetano del Toro. Su muerte marcaría a Cádiz al punto de vivir un accidentado entierro en el que se llegaron a sacar incluso las navajas…

Sitúense en la calle Istúriz. Es 2 de enero y allí mismo, en su domicilio, muere Cayetano del Toro, alcalde de Cádiz gracias a la sugerencia de Segismundo Moret. Juntos y muestra de su estrecha relación, la ciudad había salido beneficiada. Fue bajo su mandato que se derribaron las murallas de Cádiz, se amplió el muelle y se ensanchó la ciudad hacia Extramuros. Las dos grandes fiestas gaditanas: el carnaval y la Semana Santa se vieron reforzadas cobrando un especial protagonismo.

Y eso Cádiz supo agradecerlo guardándole un gran cariño y respeto a su regidor. Tanto es así que durante su entierro se viven momentos especialmente delicados.  Los gaditanos se echan a la calle y está a punto de producirse un gravísimo problema de orden público.

Llueve fuertemente. Pero ni siquiera el agua es capaz de dejar a la gente en casa. El Parque de Guerra Jiménez, hoy Correos y el Mercado de Abastos, se encuentran a rebosar. Cuando observando el féretro a su paso, los gaditanos se dan cuenta de que el alcalde no va a tener honores ninguno al ser hermano de la Santa Caridad, la muchedumbre que llena las calles se las ingenia para impedir que continúe su marcha.

En su particular guerra por la justicia de un alcalde querido, el pueblo se enfrenta incluso a los guardias municipales. Y según dicen, varios trabajadores llegan a cortar con navajas las correas de los dos caballos que arrastran la carroza. Cuando se hacen con el féretro, lo portan a hombros camino al cementerio.

Una vez hecho con el ataúd, los gaditanos que ahora lo portan se detienen a la altura de la plaza de Isabel II (la del Ayuntamiento) y lo introducen en la Iglesia de San Juan de Dios para rezarle un responso. A la salida, los gritos de la inmensa multitud de gaditanos que ocupan la plaza piden que sea introducido en el Ayuntamiento a modo de homenaje. Martínez de Pinillos, alcalde por entonces, pronuncia unas palabras ante el cuerpo inerte de Del Toro presente en la Sala de Plenos.

El Ayuntamiento recibe a tal cantidad de gaditanos que hay cristales que terminan estallando con el considerable susto. Siguiendo su camino hacia el cementerio, los restos de Cayetano del Toro se pasean por Sopranis, Torno de Santa María y Puertas de Tierra en una manifestación popular difícilmente repetible a día de hoy.