Cádiz homenajea 80 años después a la primera víctima del Golpe del 36, José Bonat Ortega

CÁDIZDIRECTO/V.P.- Dos calles en Cádiz tienen mucho que ver con el Golpe de Estado de 1936: la oficial y la oficiosa; la utilizada por el Régimen y la que se llenó de sangre por primera vez aquel 18 de julio.

Rafael Corneta Soto Guerrero ha sido siempre en la historiografía oficial la primera víctima del Golpe de Estado y para su gloria, este corneta que acompañaba al golpista Enrique Varela y que falleció en el cruce de disparos del asedio al gobierno civil, según explica el historiador Santiago Moreno, mereció una calle y honores.

Cuenta también que «la muerte del corneta fue usada, además, para inculpar -sin la mínima prueba-, y fusilar a la única mujer que resistió en el interior de dicho edificio: Milagros Rendón Martell».

La otra calle, la de la Libertad, es donde fue asesinado uno de sus defensores: el cenetista José Bonat Ortega. Mantienen historiadores como Moreno que él fue la primera víctima de ese fatídico 18 de julio y no el homenajeado corneta pero, en su caso, no hubo calle, ni honores sino a su mujer y a su hija mayor limpiando la sangre del suelo y quemando todos sus documentos para evitar represalias.

Ochenta años después, el Ayuntamiento de Cádiz, a iniciativa de la familia, descubrirá esta tarde en la calle Pericón de Cádiz, 8 -donde vivía- una placa en memoria de José Bonat Ortega, uno de los principales líderes anarquistas de Andalucía en la primera mitad del siglo XX, junto con su amigo Vicente Ballester.

Según explica Moreno en el libro editado en 2008 por la Asociación de la Prensa de Cádiz Periodistas represaliados en Cádiz, José Bonet era hijo de Antonio Bonet Noguera y Ambrosia Ortega Gómez. A la edad de 25 años se casó con Concepción Santander Torres y de dicha unión nacieron Carmen, Germinal (La Rubia), Salud, Aurora, Anselmo, Libertad y Flora.

Bonet compaginó su trabajo de carpintero-tallista con sus actividades políticas y periodísticas. Así, trabajó en los talleres de José Vera, situados en la calle Cánovas del Castillo 40, donde también trabajaba Ballester Tinoco; además, poco antes de morir, tuvo que vender pescado en un puesto del Mercado.

Se cree que se afilió a la CNT entre 1916 y 1919 y dio numerosos mítines en la Casa del Pueblo de CNT mientras sus hermanos repartían propaganda anunciándolos, según su hija Aurora Bonat, dice Moreno.

Y política y periodismo como transmisor de ideas y de denuncia social, fueron de la mano: en 1919, fue uno de los responsables directos del semanario Rebelión. Poco después se cree que participó en la revista Páginas Libres del legendario Pedro Vallina. También, y posiblemente con anterioridad a 1921, Bonat ejercía de redactor para La Bandera Libre, cuyo director era el chiclanero Diego Rodríguez Barbosa. Germinal sería otra revista más de vida efímera que intentó llevar a cabo; pero sería unos años después cuando destacaría en la prensa ácrata del momento. En la primera mitad de los años 30 participó en los periódicos: El Libertario, La Voz del Campesino o CNT de Madrid.

Sus actividades no pasaron desapercibidas por las autoridades y fue detenido en 1921 y en 1930, desterrado de la ciudad con motivo de la visita a Cádiz de Alfonso XIII. Durante la II República, presidió la Comisión de Defensa Económica, que solicitaba la rebaja de alimentos de primera necesidad.

Pero el 18 de julio ni siquiera vio venir a la muerte: durante ese «intranquilo» día, como lo califica Moreno, José Bonat fue a recoger a una de sus hijas a la guardería La Colonia, y tras dejarla en casa se despidió de su mujer con un “ahora vengo”. Cuando iba por la calle Libertad recibió un tiro en la cabeza, cayendo en la acera del café Moderno.

«A día de hoy no se sabe si la muerte de José Bonat fue producto de un disparo perdido o intencionado. El hecho es que el gaditano ni siquiera llegó a formar parte de los que plantaron cara a los militares rebeldes, murió cuando posiblemente iba en busca de sus compañeros. José Bonat Ortega fue, aunque no siempre se nos contó así, el primer asesinado de la Guerra Civil en Cádiz»

Fue «un hombre cabal, compañero abnegado, amigo de todos […] forma parte de esos hombres del pueblo andaluz, por el que lucharon y murieron en busca de un mundo mejor… la Historia y los hombres de mente y corazón limpio los tendrá siempre en su memoria», dicen de él algunos de los supervivientes del 36.