Juan Páez, el niño que asesinaron en el Pópulo

Juan Paez

CÁDIZ DIRECTO / @ManoloDevesa.- Ya les comentaba en artículos anteriores que el género de los sucesos es apasionante. El de hoy nos lleva hasta principios del siglo XVIII y lo conocemos gracias a Eugenio Belgrano, investigador del subsuelo de Cádiz que se encuentra con semejante historia durante uno de sus trabajos sobre las cuevas en el subsuelo de la ciudad.

Nos vamos al barrio del Pópulo y la calle Plocia, escenarios de una historia absolutamente espeluznante. Nuestro protagonista se llama Juan Paéz, el hijo de Ambrosio y María, una pareja de quiénes se rumorea son sefarditas dispuestos a convertirse al cristianismo. Hecho éste que se baraja como uno de los motivos de lo que ocurrirá en agosto de 1708.

Con Ambrosio ya difunto, la madre de Juan se gana la vida de criada. Estamos por lo tanto ante una humilde familia. Como cada día y después de su oración, Juan juega en la puerta de su casa con sus amigos. Lo hace en Fabio Rufino, de la cual y de buenas a primeras desaparece sin dejar rastro.

Que un hecho tan desgraciado como ése ocurra en una gran ciudad puede que sea hasta normal, pero que lo haga en una ciudad tan pequeña como ésta hace que Cádiz se vuelque con el pequeño. Así que a pesar de los intentos desesperados por encontrarlo, a Juan parece habérselo tragado la tierra y se lleva cuatro largos días desaparecido.

La sorpresa llegará con su traumática aparición. Cuando a los cuatro días Juan es encontrado en la calle Plocia, su aspecto es alarmante. El chico sufre heridas en la cabeza, en los pies y en las manos. Alguien lo ha maniatado. Ante su lamentable estado, la persona que lo encuentra, lo lleva al hospital de San Juan de Dios. Allí, reconocido por un chico, no duda en llevarlo de vuelta a casa.

Su estado es tan terrible que cuentan que ni la abuela lo llega a reconocer. El alma se le cae a los pies cuando comprueba las heridas en la espalda a base probablemente de intensos azotes que parecen haberle dado tanto con cuerdas como con varas. Su cabeza está hinchada y sus ojos morados. Sin embargo todo pasa a un segundo plano cuando observa que le han malcircuncidado el pene llegándole a quemar la herida para cicatrizarla.

Las palabras del niño conmueven más aún a los que lo escuchan ensimismados: ha estado encerrado en una casa del barrio del Pópulo atado de pies y manos y con los ojos vendados. Recuerda haber escuchado borricos y confiesa haber suplicado para que lo dejasen en paz. Seis días después, Juan muere victima de las heridas con el cuerpo colocado a imagen y semejanza de Jesús crucificado. Su muerte conmueve a todo Cádiz que asiste a su entierro en una de las bóvedas de la Iglesia de Santa Cruz.

¿Leyenda o realidad? Eugenio decide continuar investigando su asombroso descubrimiento acudiendo al Archivo Catedralicio donde efectivamente encuentra el parte de defunción que no solo le confirma la muerte del chico el 6 de septiembre de 1708 si no el lugar del entierro: tras pedir los permisos oportunos,  Eugenio accede a una de las criptas de Santa Cruz donde se encuentra con restos de madera que por sus medidas pueden ser las de Juan…

¿Los culpables? Como en tantos casos, y más allá de unas cuantas detenciones que no llegan a nada, jamás se consigue aclarar su identidad.  Juan Pérez queda sin lugar a dudas para la historia negra de la ciudad por su trágico y cruel final.