Viernes de súplicas en tiempos de coronavirus a un Nazareno que ya ‘ayudó’ a extinguir la peste

Cada viernes, uno de los sitios más visitados en la capital gaditana, posiblemente el que más, es la capilla del Nazareno en el barrio de Santa María.

El valor arquitectónico e histórico de la capilla es indudable y son muchos quienes se asoman a ella para disfrutar del mismo. Pero desde tiempos inmemoriales son muchos los fieles que una vez por semana tienen una cita con su Padre Jesús Nazareno y su Madre de los Dolores.

Es una tradición, sagrada para estos fieles, que no ha cesado pese a la amenaza del coronavirus. Un viernes sí y otro también, menos cuando se cerró el paso debido a la pandemia el año pasado, estos devotos recrean un mar de devoción en Santa María. La estampa es una clásico: flores a la entrada y personas saliendo y entrando de la capilla.

Súplicas y favores se emiten en el interior. Y seguro que muchos de estos fieles piden al Nazareno que medie para que acabe de una vez por todas la pesadilla que está suponiendo la pandemia de coronavirus.

LA PESTE EN EL SIGLO XVII

A finales del siglo XVII la ciudad sufrió los efectos de una grave epidemia de peste. Se cuenta que la noche del 22 de julio de 1681 ocurrió un milagro: el Nazareno abandonó su retablo para visitar los hospitales de la ciudad y redimir a los enfermos, llegando hasta el antiguo Hospital Real. Dicho día se dio por extinguida la epidemia.

A raíz de estos milagrosos hechos se nombró a Santa María Magdalena Protectora de la Ciudad de Cádiz, debido a que se vio caminar a la Santa junto al Nazareno y, además, este acontecimiento tuvo lugar el día de su festividad.

La puerta de la Capilla del Nazareno se construyó debido a la necesidad de la Hermandad de contar con un acceso propio, ya que el número de fieles que visitaban al Nazareno era cada vez mayor. Pocos datos se conocen del primitivo aspecto de la portada, que ha sido sometida a varias modificaciones. Su apariencia actual proviene de una reforma llevada a cabo en 1917, cuando se agrandó la puerta y se colocaron sobre ella los azulejos que reproducen la efigie de Jesús Nazareno.

El aumento de la devoción al Nazareno hizo que la Cofradía se planteara la ejecución de una ampliación de la Capilla, que finalmente se llevaría a cabo entre los años 1688 y 1690.

Como resultado de la misma se modificó la estructura tanto interior como exterior del edificio. En lo que respecta al interior, se añadió un nuevo tramo rectangular sobre el que actualmente se sitúa el altar mayor, mientras que de cara al exterior se dotó a la Capilla de su puerta lateral.