Curiosidades del Monasterio de Santo Domingo de Silos

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Claustro del monasterio

El Monasterio de Santo Domingo de Silos es un punto de una gran importancia tanto histórica como cultural, ubicado en plena comarca del Arlanza, dentro de la provincia de Burgos. La fundación la encontramos entre los siglos siglo IX o X, marcando la vida religiosa en toda esta comarca.

En sus orígenes, Silos era un pequeño cenobio de carácter rural que fue erigido en honor a San Sebastián. Sin embargo, fue destruido en el siglo X por las campañas de Almanzor.

Mucha Historia y curiosidades

En el año 1041, el rey de Castilla, Fernando I mandó la restauración del monasterio a Domingo Manso, ex prior  de la misma, de San Millán de la Cogolla. Manso fue capaz de sanear la maltrecha economía del monasterio, restablecer una sólida disciplina monástica así como fue el promotor de restaurar las dependencias monacales, entre ellas su iglesia y el claustro románico.

La tumba de Domingo Manso fue, desde entonces, tras su fallecimiento, un importante centro de culto y peregrinación, lo que aportó abundantes recursos a la abadía. A su muerte, en 1073, el monasterio continuó con todo lo que fue la amplitud económica de la mano de otro importante abad: Fortunio.

En el siglo XII se marca el momento en el que el monasterio logra su máximo esplendor. Hay que contabilizar a cinco monarcas castellanos y varios señores feudales, entre los que se encontraba Rodrigo Díaz de Vivar, que sería conocido como El Cid, que entregaron a Silos nada menos que el 60 por ciento de los sus recursos. De esta manera, el monasterio obtuvo dominio de 58 villas, así como de 40 centros de culto y también de 17 heredades incluyendo en esos dominios a 16 propiedades más.

En 1118, Roma concedió a la abadía la exención del prelado diocesano, lo que posibilitó la administración en solitario y de forma autónoma de los obispos.

El Monasterio de Santo Domingo de Silos posee una inherente belleza y espiritualidad. Es un testimonio vivo, en piedra, de la Historia y la cultura española, y un destino turístico imprescindible para todos para aquellos que aman la Historia y el Arte o el recogimiento.

El claustro románico de Silos es el alma el epicentro- de la vida monástica de este monasterio. Allí convergen y del mismo parte todos los edificios y actividades del monasterio.

Al norte se encuentra la iglesia, donde los monjes se reúnen para orar en comunidad o en privado. Al este, en la Edad Media, se encontraban la destacada sala capitular, en la que se celebraban las reuniones monásticas, y el scriptorium, donde los monjes copiaban manuscritos con paciencia y arte. Al sur, se encontraban lugares tan destacados como la cocina y el comedor, accediendo a plantas superiores, en el primer piso, la zona de los dormitorios, en el segundo. Al oeste, se encontraba otra zona importante como es la hospedería, de dos plantas.

El claustro siempre será un punto, un lugar de contemplación, de paseo y de descanso. Por eso, es importante que sea bello y que esté adornado con arte. Silo tiene un equilibrio magnífico.

Arte en el Monasterio de Silos

Los capiteles del claustro están decorados con elementos que son un llamamiento de vegetales y animales, destacan la parte de los ocho relieves de los machones angulares representan escenas bíblicas que son: la Ascensión muy emotiva-, la llegada del Espíritu Santo, la sepultura del Señor y resurrección, el momento del descendimiento de Cristo de la Cruz, la icónica Asunción de María y el destacado Árbol de Jessé. Otra parte a resaltar es el artesonado mudéjar que data del siglo XIV completa esta gran obra de arte.

La iglesia del monasterio es del siglo XI, pero fue sustituida en el siglo XVIII por una nueva iglesia neoclásica. De la iglesia románica aún se mantiene la portada meridional del crucero, conocida como la Puerta de las Vírgenes, estando finamente decorada con capiteles que datan del siglo XII.

El monasterio de Silos también alberga una botica que fue fundada en el año 1705, un museo con piezas medievales y una biblioteca que tiene, dispone, de más de cien mil volúmenes, entre los que hay algunos de un gran valor.

Además cabe destacar que Silos es el único monasterio de toda España en la que se sigue cantando, por parte de los monjes, el oficio divino en gregoriano, el canto llano del Medievo. Este canto, que es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, es un testimonio vivo de la tradición monástica de Silos.

El Monasterio de Santo Domingo de Silos: Un lugar para la historia, el arte, la música y la espiritualidad

El monasterio cuenta con un impresionante legado patrimonial que comprenden tanto lo artístico como lo arquitectónico, su iglesia románica, el importante claustro gótico y una sala de canto gregoriano que es también uno de los destacados como Patrimonio Mundial de la UNESCO. La sala de canto gregoriano es uno de los puntos más icónicos del monasterio, y es conocida por su acústica excepcional, siendo sublime escuchar allí cantar a los monjes.

Canto gregoriano

El canto gregoriano es música de tipo religiosa de la Iglesia Católica. Es una música solemne y espiritual que se ha utilizado durante siglos para acompañar las ceremonias religiosas. El canto en el Monasterio de Silos es conocido mundialmente pues es interpretado por los monjes del monasterio en el transcurso de las misas y otros eventos que se llevan a cabo en su interior con regularidad.

La Naturaleza del entorno

El lugar donde se encuentra el monasterio es de tonos dorados, en plena naturaleza y de una gran belleza paisajística, que dota de mayor atractivo a la zona y al edificio. Los alrededores de Silos están compuestos por trigales, campos de trigo, pueblos cargados de mucha historia y hermosas vistas. El monasterio es perfecto para quienes huyen del estrés, de las prisas, del bullicio de las grandes o no tan grandes- ciudades y lo que desea es la calma, la paz.

El monasterio es muy tranquilo y llama siempre a la reflexión siendo ideal para desconectar y equilibrar el cuerpo y el alma.

Un lugar para el recogimiento, la contemplación, la reflexión y sumir a la persona en un estado de conocimiento en el silencio, en la quietud, de un lugar con mucha magia, misticismo y una indudable religiosidad que trasciende al tiempo.