El escándalo del ‘Watergate’

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- Fue el escándalo político de la década de los 70 (1972-1975) en los Estados Unidos y se desveló, a la opinión pública, las actividades ilegales por parte de la administración republicana el presidente Richard Nixon durante la campaña electoral de 1972. Unas irregularidades que llenarían de asombro al siempre susceptible electorado estadounidense.

Todo sucedió cuando cinco hombres (Eugenio Martínez, Virgilio González, Frank Sturgis, Bernard Barker y James McCord) penetraron en la sede del Comité Nacional Demócrata en el hotel Watergate en Washington, era el mes de Junio de 1972. Tras ser descubiertos y tras sortear mil y una trabas y peripecias judiciales la implicación de la administración de Nixon era más que evidente.

El peso de las pruebas hizo que el 30 de Abril de 1973, el presidente Richard Nixon aceptara la responsabilidad del gobierno –pero sólo parcialmente- y procediera a depurar responsabilidades destituyendo a varios funcionarios implicados.

Curiosamente existían cintas magnetofónicas que incriminaban directamente al presidente, cuando se solicitaron dichas cintas fue el mismo presidente el que dio su negativa a ponerlas a disposición de la justicia, ello hizo que se originara un enfrentamiento entre el ejecutivo y el judicial.

La presión mediática y la opinión pública forzó a la entrega de esas cintas, pero, curiosamente –conspiranoicamente-  una fue alterada y dos desaparecieron.

De lo que no cabe ninguna duda es de la responsabilidad y culpabilidad de Richard Nixon en el escándalo del Watergate –como se le conocería popularmente- así como de altos funcionarios norteamericanos que llevaron a que se iniciaran los procedimientos del impeachement, juicio al presidente.

Fue en el mes de Agosto de 1974 cuando Richard Nixon fue obligado a entregar transcripciones de tres cintas magnetofónicas que claramente le implicaban en el encubrimiento del escándalo. El presidente estaba directamente involucrado en el escándalo.

Ante tales pruebas Nixon perdió los pocos apoyos que le quedaban en el Congreso y el 8 de Agosto comunicó oficialmente su renuncia del cargo de presidente de los Estados Unidos al verificar que había perdido la base política necesaria para gobernar. Previamente se había garantizado la inmunidad por el espionaje ordenado sobre los Demócratas en aquellas elecciones de 1972.

Richard Nixon fue sustituido por su vicepresidente, Gerald Ford, accedió a la presidencia e inmediatamente otorgó un perdón incondicional a Nixon el 8 de Septiembre de 1974.

Se habló de una conspiración para sustituir al presidente, en este caso no hubo conspiración sino el ejercicio de la libertad y la sanción por  atentar contra ella. La única conspiración que existió fue la que Richard Nixon ordenó en el Hotel Watergate sobre el Comité Nacional Demócrata para valerse de información privilegiada.

Por una vez se hizo Justicia, o casi…

¿Qué hechos quedaban por desvelar o que sembraban de dudas todo lo acontecido? ¿Por qué entran aquellos espías en el Hotel Watergate? Quizás para esa última pregunta haya respuestas igual que para explicar todo este turbio asunto:

1º.- El equipo de intrusos espías buscaba pruebas de un escándalo sexual a gran escala dentro del Partido Demócrata.

2º.- Entre los espías había un topo de la CIA, que avisa a las autoridades.

3º.- La misteriosa identidad de Garganta profunda, que fue el encargado de informar a de las irregularidades de la Administración Nixon.

4º.- Una inquietante pregunta: ¿qué implicación tuvo Richard Nixon con el magnicidio del presidente John F. Kennedy?

Curiosamente a Richard Nixon se le conocería como  tricky Dick o Dick el estafador y el Watergate supone un claro ejemplo de corrupción política, extorsión, escuchas ilegales, conspiración, obstrucción a la justicia, destrucción de pruebas, fraude fiscal, uso ilegal de los servicios de inteligencia y de las fuerzas de seguridad, financiación oscura. Todo ilegal al amparo de la Administración Nixon.

El investigador Santiago Camacho –uno de los máximos exponentes y entendido del tema de conspiraciones de España- , en su libro 20 grandes conspiraciones del mundo decía: “Hay otros elementos que nos hacen pensar que el arresto de los intrusos del edificio Watergate no fue ni tan afortunado ni tan casual como oficialmente se nos ha pretendido vender. Uno de los principales aparece recogido en un libro escrito por el periodista de investigación Jim Hougan con motivo del 20 aniversario del caso, y se refiere a la más que sospechosa actuación de James McCord, uno de los “plomeros”. Antiguo agente de la CIA, McCord era el experto en electrónica del equipo, el encargado de burlar las alarmas e instalar los dispositivos de escucha. Pero analizando cuidadosamente los hechos, McCord se nos perfila como un personaje de mayor entidad en esta historia, como un “topo” dispuesto a sabotear la operación y la persona responsable de la delación que llevó a la detención de los intrusos. El del 17 de Junio era el segundo intento de entrada en el edificio Watergate. El primero fue abortado por McCord, que había informado a sus compañeros de la existencia de una alarma que en aquel momento no estaba preparado para anular. Curiosamente, Jim Hougan comprobó que esa alarma jamás había existido, luego McCord mintió al resto del equipo”.

¿Por qué? ¿Para abortar la acción y poder informar a sus superiores? Es posible que McCord nunca hubiera dejado de trabajar para la CIA, que presumimos lógicamente deseosa de tener un hombre en el equipo secreto de Nixon. Pero ¿qué razón podía tener la CIA para hacer saltar la operación y poner en riesgo a su propio agente? Para responder a esta pregunta es fundamental comprender lo que los plomeros buscaban en el edificio Watergate aquella noche” y apunta a un escándalo de tipo sexual: “Existen otras teorías que si bien reconocen lo evidente, apuntan hacia la posibilidad de que el máximo responsable no fuera Nixon, sino que todo hubiera sido provocado a raíz de una aventura no autorizada de alguno de sus colaboradores más directos. Los autores Len Colodny y Robert Gettlin apuntan como padre de la incursión contra el cuartel general demócrata al consejero presidencial John Dean, cuya arriesgada maniobra no habría tenido otro objeto que hacerse con las pruebas materiales -fotos, conversaciones telefónicas, etc.-de un escándalo sexual a gran escala que habría supuesto un durísimo golpe para el Partido Demócrata. Al parecer, los dirigentes del Partido Demócrata eran clientes asiduos de una red de prostitución de alto standing y realizaban múltiples transacciones de este tipo desde la oficina del edificio Watergate. El contacto entre la red de prostitución y los políticos era un abogado metido a alcahuete llamado Phillip Bailley. La detención de Bailley llamó poderosamente la atención del consejero Dean, quien rápidamente recabó toda la información disponible sobre el asunto, descubriendo la existencia de una comprometedora agenda con nombres y direcciones tanto de las chicas como de sus clientes, la cual se encontraría guardada en un despacho del edificio Watergate. Deseoso de hacerse con este tesoro, y de paso ganar puntos ante Nixon, habría sido Dean el encargado de organizar la desastrosa expedición, echando mano de un grupo de sicarios de confianza que ya habían intervenido anteriormente en otras operaciones clandestinas del equipo presidencial. Como ya sabemos, la operación fue una chapucería y Dean intentó denodadamente borrar cualquier rastro que pudiera relacionar a la Casa Blanca con lo sucedido, y especialmente con él. De haberse desarrollado así las cosas, Nixon se habría encontrado indefenso a la hora de contrarrestar un escándalo del que nada sabía. Tras este impulso inicial, el resto de irregularidades y delitos que acabaron precipitando su renuncia a la presidencia fueron cayendo uno tras otro como fichas de dominó. Esta teoría nos sirve igualmente para apuntar una razón creíble a la traición de McCord. Es perfectamente posible que tras la red de prostitución del Partido Demócrata se encontrase la CIA, que, como pudimos comprobar en el capítulo dedicado al Proyecto MK-Ultra, ha sido desde siempre muy aficionada a la utilización de estos medios. El empleo de prostitutas para chantajear a personalidades públicas de diversos ámbitos es una herramienta utilizada por los servicios secretos de todos los países. Si “los plomeros” estaban a punto de comprometer una operación de este tipo es lógico que la CIA actuase en consecuencia, si bien es poco probable que fueran conscientes del terremoto político que iba a desencadenar ese hecho”.

Los periodistas del Washington Post Carl, Bernstein y Bob Woodward, conocían la identidad del informador, de Garganta profunda, conocido en los ambientes políticos de Washington, sin embargo también se apunta a que Garganta profunda pudieran ser varias individuos.

John Dean en su Desenmascarando a Garganta Profunda, trata de dar identidad al personaje: “Es el resultado de cerca de treinta años de investigación intermitente y lo he reducido a unos poquitos”, destacó Dean en el programa “Face the Nation”, de la cadena de televisión CBS”. Así uno de los candidatos a ser Garganta profunda sería el general Alexander Haig, pues Woodward, antes de ser reportero, fue oficial de la Marina estadounidense en el Pentágono, allí trabajo para el general Haig, pese a ello el periodista negó esta implicación. ¿Protegiendo a la fuente?

Parece que el general Haig habría urdido una trama de destapar el escándalo buscando tapar unas irregularidades al frente de una red de espionaje sobre una vigilancia que se llevaba a cabo sobre personalidades de la vida pública en los Estados Unidos.

La última parte de esta conspiración surge hilándola con otra no menos conocida: la de JFK. Nixon prometió hacer lo que John Fitzgerald Kennedy pretendía en su mandato y no pudo: sacar a las tropas norteamericanas de Vietnam. Pero el negocio de la guerra y el oscuro asesinato del presidente lo impidieron. Nixon prometió lo mismo –quizás buscando el aura de Kennedy- pero incumplió su promesa electoral. ¿Qué relación hay entre ambas conspiraciones? Es curioso ya dos de los detenidos en el Hotel Watergate, Sturgis y Hunt, se parecen demasiado con dos de los vagabundos evacuados por la policía del en los alrededores del Dealy Plaza y Elm Street, los mismo vagabundo que calzaban caros y relucientes zapatos (hecho extraño en un vagabundo, por ejemplo) y que desaparecieron sin dejar rastro. Curiosamente uno de los políticos que más ganaba con la muerte de Kennedy era Richard Nixon.