La curiosa historia del Blandi Blub

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Juego del Blandi Blub

Pocos adultos hoy no recuerdan como en su infancia destacaba un juguete un tanto viscoso y repulsivo de color verdoso llamado Blandi Blub, un juguete que parecía cualquier cosa menos algo destinado a ser compañero de juegos de los más pequeños y, en algunas ocasiones, de olor extraño.

Si se ensuciaba, o cogía pelusas, había que lavarlo, no se podía acercar al pelo y a los tejidos y colocado entre las manos eran una sensación tan extraña como desagradable, pero gustaba.

Pero pocos sabrán que el popular Blandi Blub no nació como un juguete sino como un experimento fallido por parte del ingeniero escocés James Wright en 1943. Este científico buscaba un sustituto del hule para su uso a gran escala, doméstico. Entonces pensó en mezclar componentes y ahí comienza esta historia.

Mezcló ácido bórico con aceite de silicona y tras macerar la mezcla nació un material que «parecía moco» y que era pegajoso e inconsistente, un material que no tenía ninguna utilidad, pese a que trató de buscarle el uso. El juguete era repulsivo, cierto, pero hacía las delicias de los más pequeños.

Un tiempo después, seis años, Ruth Fallagetter, propietaria de una tienda de juguetes, vio aquel invento fallido y le encontró la utilidad entre su público, un juguete económico y divertido al precio de 2 dólares. Y tuvo un sobresaliente éxito, tanto que ha llegado hasta nuestros días.

Un consejo: no lo acerque a nada que tenga pelo (abrigo, ositos de peluche y similar) y de ser demasiado tarde utilice -con moderación- vinagre.

El Blandi Blub es un juguete que marcó la infancia de muchas personas en España y otros países de habla hispana. Se trata de una masa viscosa y gelatinosa de color verde que, a pesar de su aspecto repulsivo, era muy divertida de jugar.

Fallagetter pensó que el material sería un juguete perfecto para los niños, y así nació el Blandi Blub que fue un éxito inmediato. A los niños les encantaba jugar con su textura viscosa y gelatinosa. El juguete se convirtió en un fenómeno de masas y se vendió en todo el mundo.

En España, el Blandi Blub llegó en la década de 1970. Fue comercializado por la empresa española Congost, que lo vendió en un cubilete de plástico con el nombre de «Blandi Blub». El juguete tuvo un gran éxito en España y se convirtió en un clásico de la infancia de muchas personas.

El Blandi Blub era un juguete muy versátil. Los niños podían estirarlo, retorcerlo, moldearlo y jugar con él de muchas maneras. También se podía usar para hacer manualidades, como collares, pulseras o figuras.

Pero este tenía algunas desventajas. Era un juguete muy pegajoso y, si se ensuciaba, era difícil de limpiar. También tenía un olor extraño que no a todo el mundo le gustaba.

A pesar de sus desventajas, el Blandi Blub fue un juguete muy popular durante muchos años. Sigue siendo un juguete de culto para muchas personas, y en los últimos años ha experimentado un resurgimiento de popularidad.