La orgía que «acabó» con Alejandro Magno

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Fue uno de los grandes estrategas militares de todos los tiempos y un unificador. Más allá de otros crueles monarcas se épocas posteriores, Alejandro Magno trató de llevar unidad, cultura y paz a todo los territorios, aunque para conseguirla tuviera que verter la sangre de muchas vidas.

Alejandro puso fin a la casi eterna guerra con los persas cuando se adentró en el imperio invasor y derrotó al Rey Darío, a partir de ese momento todo fue un proceso de expansión en el que cayeron sistemáticamente ciudades de la importancia de Babilonia o países como Egipto, donde sería identificado como «dios viviente» y ascendido a la categoría de faraón.

Pero Alejandro Magno quería más y prosiguió su camino más allá de Persia hasta llegar al Indo, al Valle del Indo, donde se decía que estaba la cuna del mundo y allí conquistar todo lo conquistable en las siempre difíciles junglas indias. Culturas remotas como las de Harapa o Mohenjo Daro florecieron aquí y era el broche final a un imperio forjado a sus poco más de 30 años.

Vivió intensamente y murió de forma sorpresiva. Se dice que fue alcanzado por una flecha envenenada lanzada por el enemigo en la última batalla que libró. Creyendo que sólo era un rasguño apenas si prestó atención a la importancia de la misma. Tras la victoria se dispusieron a festejarla como mandaba su costumbre: con una gran orgía.

Aquella sería su última orgía, en pleno de tanto sexo desenfrenado comenzó a sentirse mal, tanto que abandonó la misma. Sus generales le consultaron si se encontraba bien pero Alejandro hizo indicaciones que siguieran ellos disfrutando. En sus aposentos comenzó a tener unas fortísimas fiebres, se cree que complicado con una malaria, y pocos días después fallecería.

Alejandro fue trasladado a Babilonia, pero ¿cómo llevarlo hasta allí sin que el cadáver se descompusiera? Pues sumergieron el cuerpo en miel, dentro de un ataúd de alabastro y allí se mantuvo inalterable pues la miel es uno de los mejores conservantes que existen.

Al llegar a Babilonia se organizó su funeral y se dispuso un nuevo traslado al lugar donde quería reposar por toda la eternidad: Alejandría (unas de las muchas Alejandrías que fundó), en Egipto. Allí descansa en un lugar indeterminado que no ha podido ser descubierto desde el 323 a.C. Aunque diferentes emperadores romanos visitaron su tumba y rindieron honores ante el emperador.

Si hoy se descubriera su tumba y estuviera aún en miel esta estaría en perfectas condiciones de consumo tal y como se demostró en diferentes hallazgos en templos del Antiguo Egipto.

Cuando Alejandro entró en aquella orgía ya no había solución a su mal, dicen las crónicas que, al menos, murió feliz.