La toma de Jerusalén y las Cruzadas

Las Cruzadas en Tierra Santa (Israel y otros lugares sagrados) se diseñaron para proteger a los peregrinos en su caminar a los puntos que vieron a Jesús de Nazaret y su pacífico predicar. Eran muchos los viajeros que eran asaltados o asesinados y, como primera medida de protección, se dio por viable y satisfactoria.

La Primera Cruzada fue proclamada por el Papa Urbano II y ya había un matiz: liberar los Santos Lugares bajo el lema “Voluntad de Dios” (lat. Deus vult). Quienes concurrieran a las mismas gozarían de la suspensión de sus deudas, la protección de sus bienes o el perdón de sus pecados.

Fue en el mes de mayo del año 1097 cuando las huestes de los cruzados se reúnen en la ciudad otomana (turca) de Constantinopla con el emperador bizantino Alejo I Comneno, nueve meses más tarde ponen sitio a la ciudad de Antioquía. El 3 de junio de 1098 cae y se pasa a cuchillo a todos los habitantes musulmanes.

El 7 de junio de 1099 los Cruzados se dirigen a Jerusalen con 12.000 soldados de infantería y 1.500 de caballería, sitian la ciudad y rinden armas el 15 de julio de 1099, la rendición no evita la matanza de musulmanes y judíos a manos cristianas. Fulcher narra en las crónicas de la época lo siguiente: “Alrededor de diez mil fueron decapitados en la Iglesia de la Resurrección. Si estuvierais allí, vuestros pies se teñirían hasta los talones con la sangre de la matanza. Ninguno de ellos quedó con vida. No tuvieron piedad ni de mujeres ni de niños” y Guillermo de Tiro:“No era sólo la visión de los cuerpos decapitados y miembros mutilados esparcidos por todas partes lo que provocaba horror a cuantos los veían. Todavía más espantoso era ver a los vencedores empapados de sangre desde la cabeza a los pies, un espectáculo desazonante que provocaba terror a todo aquel que los encontraba”.

Raimundo de Agiles, en sus crónicas relata: “La cantidad de sangre derramada aquel día es increíble… Algunos de nuestros hombres (y esto era más misericordioso) cortaban las cabezas de sus enemigos… Otros los torturaban más arrojándolos a las llamas… Montones de cabezas, pies y manos se veían por las calles de la ciudad. Pero estas eran cuestiones menores comparadas con lo que sucedió en la Iglesia de la Resurrección. ¿Qué sucedió allí? Si digo la verdad excederá los límites de vuestra fe. Por ello baste con que mencione al menos esto: que en la Iglesia de la Resurrección y en el patio de la misma los hombres iban a caballo con la sangre que les llegaba a las rodillas y las riendas. Realmente fue un justo y espléndido criterio de Dios que este lugar se llenara de la sangre de los infieles… La ciudad estaba llena de cadáveres y sangre”.

 

Se nombro rey de JerusalénGodofredo IV de Boulogne, bajo el título de “Protector del Santo Sepulcro”. El 1 de agosto de 1099 Arnulfo de Chocques es nombrado primer patriarca de Jerusalén. Raimundo de Agiles narra sobre su ordenación que no era ni siquiera diácono y tenía una vida un tanto disoluta.

La Cruzadas supusieron la recuperación de los llamados Santos Lugares aunque muchas veces fue el pretexto para el saqueo, la violación y muerte salvaje de personas que no querían hacer la guerra.