Y cuando exhaló su último aliento, expiró

CÁDIZDIRECTO/E.P.- Según los Textos Sagrados, una densa oscuridad había cubierto la tierra desde la hora sexta hasta la hora nona. El sol se había eclipsado. Y cuando Cristo exhaló su último aliento, la tierra tembló, el velo del santuario se rasgó en dos, las peñas se quebraron y se abrieron los sepulcros.

Viernes Santo, día de luto para la Iglesia, dies amaritudinis, dedicado a la oración, y a la oración de la Cruz. Y en éste día se presenta la Cofradía del Santo Cristo de la Expiración.

Tiene esta Hermandad una de las historias más complicadas. Y, sin embargo, por encima de todas las dificultades, incluso el intento de cambio de su imagen titular, un solo sentimiento es el que aflora de entre las páginas apergaminadas de sus libros. La fidelidad a una advocación de unos cofrades que a lo largo de los años tomaron como guía de su vida, y centro de sus creencias lo ocurrido aquella tarde de Viernes Santo.

La misma historia nos cuenta de las distintas residencias que tuvo la Hermandad hasta encontrar sede canónica definitiva.

El Crucificado de la Expiración formaba parte de un Calvario completo, compuesto por San Juan y por una Dolorosa, que recibían culto en la Iglesia Conventual de María Santísima de los Ángeles , el antiguo Convento de los Descalzos, el cual debido a la exclaustración de 1835 queda abandonada, aunque no es hasta 1868 cuando se distribuyen por otras Iglesias todo su patrimonio artístico-religioso.

Y así es como, en calidad de depósito, la imagen de un Cristo Crucificado es enviada a San Lorenzo. Sin tener Cofradía propia contaba con muchos devotos, procesionando en el Cortejo Penitencial con Nuestro Padre Jesús de los Afligidos, Orden Tercera Servita, y con Nuestra  Señora de la Soledad y Santo Entierro.

Aún gravitan sobre el Crucificado de la Expiración dudas de su autoría, aunque según las investigaciones de los eruditos historiadores locales, bien pudiera tratarse de una obra del escultor genovés Domenico Giscardi. Del cual poco o casi nada sabemos. Según su partida de casamiento del Archivo Parroquia de Santa Cruz de Cádiz. Libro núm.32 de matrimonios, fol. 122, nació en Génova, el 3 de agosto de 1725, hijo de Nicolás y de Magdalena Giscardi, y se caso en nuestra ciudad en 1760 con Rosa Jaina.

En esta obra artística parece que se consuman todas las experiencias vitales de la escuela genovesa, de una época de esplendor. Es, desde luego, el punto extremo, el más dramático, pero fiel a una estética de seculares armonías compositivas, ajena a toda estridencia y mal gusto.

Cuerpo, de cedro policromado, y sudario están en función del tema que representa, y, sin embargo, es el rostro en donde se concentra la mayor expresión. El vientre rehundido, pecho hinchado, músculos tensos de las extremidades y manos crispadas, revelan que es el momento previo a la muerte el que se describe; pero el rostro es mucho más elocuente, por la humana angustia. Nariz afilada, mejillas hundidas, ojos vidriosos y la mirada hacia arriba, perdida en el espacio. La boca, punto de máxima atención, pues por ella se escapará el grito final de la Expiración.

Aunque no será hasta febrero de 1938, y al estar la Sede Vacante, y con la licencia de la Autoridad Eclesiástica pertinente, cuando un grupo de devotos encabezados por el canónigo Pedro Jesús Bravo, quienes formaron una Junta Pro Cultos. Teniendo su primera salida procesional el Lunes Santo del mismo año.

Pero no eran conformistas, y el 28 de enero de 1940 fue bendecida en San Lorenzo, la Virgen de la Victoria, obra del escultor  Bartús Loreto, en una ceremonia oficiada por el Padre Pedro J. Bravo. De padrinos:  Pedro Barbadillo y Teresa de la Cruz y Fernández, camarista del Santísimo Cristo. Procesionando por primera vez ese mismo año.

Y siguieron dando pasos, y en 1955, una comisión de la Corporación le propone al  Teniente Coronel D. Ángel Fernández Montes de Oca, Primer Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil, ser Hermana Mayor Honorario Perpetua la Institución a la que representa.

El Jueves Santo de 1957 estrenaron sus dos pasos, el del Santísimo Cristo de los Talleres de Pérez Calvo de Sevilla, y el de la Virgen de la Victoria de los Talleres de Ángulo de Lucena, Córdoba. Siendo anecdótico, aunque a la vez penoso, el montaje de los mismos, debido a sus grandes proporciones. Uno en la Iglesia de la Pastora, y otro en los Jardines del Hogar Psiquiátrico, o bajo toldos en la calle Armengual.

Debido a ésta situación, se decide en 1977 el traslado a una nueva sede, la Iglesia Castrense del Santo Ángel. Estando de acuerdo las partes concernientes:

Párroco de San Lorenzo, como depositario de la imagen.
Iglesia Castrense.
– Obispo.
– Gobernador Militar, ya que tenía la potestad de la nueva sede.

Posterior, y hasta llegar a la actual sede, y ya definitiva, realizaron su Salida Penitencial desde la Parroquia de San Antonio, Pastora y desde la Santa Iglesia Catedral.

Esta es una más de las historias de la historia de nuestras Hermandades y Cofradías, algunas más recientes que se hallan en la memoria de todos. Historias sencillas y difíciles que guardan la grandeza de los comportamientos generosos de los que no se detienen ante ningún obstáculo cuando ponen alta la mirada. Como la de esta “Vieja Corporación”, que hizo de la fidelidad a sus orígenes, santo y seña. El principio de una vida cofrade, que se muestra disciplinada en el andar penitencial de los Nazarenos de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Expiración.