Epitafios raros, singulares, nostálgicos, del cementerio de San José

Los epitafios de las tumbas de los cementerios no suelen más que mostrar el nombre del finado y la fecha de nacimiento y muerte, ocasionalmente puede indicar algún aspecto relevante de su vida o hecho importante no siendo lo usual. A continuación recorremos algunos epitafios gaditanos de los más singulares, algunos de ellos se podían leer en San José y demuestran la particular idiosincrasia que se tiene y la forma de entender la vida.

De la Vida y la Muerte

En el de Beatriz de Mondoñedo se podría leer: «Aquí yace Beatriz de Mondoñedo que murió muy joven por meterse el dedo«, cabe recordar que su padre era un conocido poeta y siempre, este epitafio, estará entre la leyenda y la realidad.

Otro atribuido al cementerio de San José decía: «Concha, ¡hija mía! Todo se olvida… Todo se olvida, el recuerdo de tu martirio será eterno al corazón de tu afligida madre. Hermosa flor tronchada en la Primavera de la vida» estando fechado el 25 de mayo de 1886.

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En el mausoleo de la familia Ysturiz se podía leer: «Sólo nos deja en este valle umbrío ausente de sus gracias amorosas sin otro alivio para tal quebranto que amar su nombre derramando llanto» de «Sus padres» en memoria de Ignacio Fernando Laborde e Ysturiz, que falleció con casi 4 años de edad.

En el epitafio de la familia Mora se podía leer: «José Moreno de Mora y Viton. «Gaditano. Dotó a la ciudad de un hospital, un sanatorio y una escuela«, notables méritos para quién fue recordado.

Poemas eternos

En el de María del Amparo Aguirre, fallecido el 5 de septiembre de 1803, de podía leer lo siguiente: «Oh mortal, al teatro apasionado / fija la vista en esta losa fría. / Aquí yace la Amparo que algún día / fue en Cádiz un objeto celebrado. / Aquí está su cadáver sepultado / dónde asquerosos gusanos cría / la que tanta aceptación hacia / el papel que en el siglo le ha tocado«.

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En el de niña pequeña de 3 años se leía: «No está tumba silenciosa / se alzó para llanto y duelo, / sólo es recuerdo esta losa / de un ángel que está en el cielo«, murió en 1895 y era la eterna plegaria, en verso, de sus padres.

Otro poema «epitáfico» decía: «Flor que se mece en el pénsil erguida, / fúlgida estrella radiante de luz, / alma del alma…, vida de mi vida. / Eso eras tú. / Tórtola herida al remontar su vuelo, / lirio tronchado, desgarrado fui, / ángel que vuela junto al Dios del cielo. / Eso eres tú«.

También había lápidas con extrañas inscripciones y dibujos, algunos de tipo masónico, otros de tipo esotérico o militar (?) pero todo era parte de esa «liturgia» tan especial que tenían algunas lápidas del viejo cementerio de San José.