Pepe Mena: “Yo estaba en la lista de fusilamientos de Tejero”

CÁDIZDIRECTO/David de la Cruz.- El 23 de febrero de 1981 un mal sueño despertó a Pepe Mena (1929) de la siesta. Se coló en casa su tío, vecino de dos pisos más abajos, entre gritos y nervios: “Han dado un golpe de Estado. Han dado un golpe de Estado y no es cachondeo”. Con los ojos entreabiertos, Pepe encendió la televisón. Había música sacra. “Ya está, pensé. Es verdad. Cuando los militares dan un golpe de Estado, en la tele siempre ponen música litúrgica, clásica o militar”. Tenía la experiencia de Grecia. La ecuación no fallaba.

Pepe Mena, concejal de Fiesta ese año en el que Carlos Díaz cumplía las funciones de alcalde, se dirigió aturdido al Gran Teatro Falla, donde se desarrollaba el concurso de agrupaciones. “Por suerte, los dos gobernadores de aquí, el Civil y el Militar, dijeron que Cádiz no se sumaba al golpe, que era una ciudad libre”. “Menos mal”, masculla Pepe. “Yo estaba en la lista de fusilamientos de Tejero”.

Del Teatro al Ayuntamiento. Del Ayuntamiento a la sede del Partido Comunista. Entre unas calles en las que los rumores corrían como el agua de un río. Cuando llegó, sus camaradas se habían atrincherado en las esquinas del local provincial del Partido Comunista con comida y bocadillos. Sólo dos policías flanqueaban el acceso. “Pero, ¿qué carajo hacéis con bocadillos?”, espetó Pepe con ese carácter tan suyo. “Lo que tenéis que hacer es traer metralletas, ¿o pensáis defenderos tirando bocadillos de jamón?”.

Le ofrecieron un coche lleno de gasolina para escapar. “¿A dónde voy yo? Me quedo aquí”. Y se quedó, mientras en las tablas del Falla cantaban ‘Los Pollitos’. “Fíjate, mucha gente que estaría escuchando Carnaval ni se enteraría del Golpe, y a mí hasta me quisieron meter en una tinaja de aceite para esconderme”. Luego, salió el Rey. De madrugada. “Él no estaba dispuesta a hablar, pensaba callarse, pero le aconsejaron que lo hiciera desde la casa militar. Una farsa de la que se ha servido toda su vida”.

A las cuatro de la mañana regresó aquella jornada a casa. Entre los adoquines de una ciudad desierta donde se vislumbraban las luces encedidas de los salones y las alcobas. “Nadie dormía ni salía a la calle”. La noche de los transistores.

Este jueves, mientras proclaman a Felipe VI, Pepe Mena se desvanece en lúcidas opiniones y recuerdos. “Una indecencia, lo de la monarquía, una indecencia”. Un legado de Franco, un dictador que le empujó al exilio y la clandestinidad durante varios años de su vida. Rumanía durante un mes, Francia… “Allí viví el Mayo del 68, junto a los trabajadores franceses. Tres meses de huelga. Nunca fui un esquirol, incluso me quisieron entregar a la frontera española”. Nunca tampoco se mordió la lengua. Criticó a Carrillo en vida. Y no le tiembla el pulso cuando califica a los seguidores de los Borbones, aquellos que pasean la banderita, de “chusma”.

Pepe es republicano. Entre otras cosas porque conoció la república de niño y guarda muy buenos recuerdos. También comunista. Eso no lo cambia los años. “Al comunismo le ocurre como al cristianismo, existen muchas corrientes. Ortodoxos, Cristianos, Protestantes… El comunismo igual. Rumanía, China, Unión Soviética…”. Algunas variantes, como la china o la soviética no le hacen ninguna gracia. En cambio, en Vietnam, Francia, Italia o España sí hubo una corriente con la que se siente identificado. Durante su estancia francesa compartió un acto con el pueblo vietnamita: “Muy emotivo”.

Igual que le ocurre con Pablo Iglesias o Podemos, que le ha devuelto la ilusión y ha roto con el “bipartidismo y esa panda de sinvergüenzas”. Los Felipes González, Rubalcaba o Papandreu en Grecia. “Amigos entre ellos. Se han vendido”. Pepe, no. Permanece fiel a sus principios. Por eso su tele, la que una tarde tras la siesta le advirtió del peligro con música sacra, permanece apagada mientras coronan a un Rey no elegido por el pueblo. “Yo no veo esas cosas, hombre”, zanja con ese carácter tan suyo.