cadiz cf

El rey que se enamoró de Cádiz y quiso ser enterrado en la ciudad

CÁDIZDIRECTO/J.M.P.- Alfonso X el Sabio (1221-1284) fue rey de Castilla durante más de tres décadas (entre 1252 y 1284). Durante su reinado, el monarca siempre tuvo a Cádiz en el punto de mira. Primero como objetivo de conquista, luego como ciudad predilecta.

Cuando Alfonso X asumió la corona, Cádiz pertenecía a los musulmanes, hasta que en 1262 la reconquistó para su reino con la ayuda de la armada naval dirigida por Pedro Martínez. Cádiz -que por su situación era un punto de referencia referencia y más tarde volvería a ser una de las claves del comercio mundial- fue el objetivo de un rey que supo ver la importancia del enclave gaditano. Además, en la mente del monarca siempre estuvo la conquista del norte de África para así propagar el cristianismo. Para tal fin, Cádiz era esencial.

Tras tomar la ciudad, Alfonso X se propuso refundarla y devolverle su grandeza. En aquellos años, Cádiz se encontraba en unas pésimas condiciones, fruto de las guerras entre árabes y castellanos, y necesitaba de un impulso para resurgir. Asimismo, el rey planeó convertir Cádiz en su base militar y naval gracias a la peculiar situación de la ciudad.

Entre las decisiones que tomó el monarca en Cádiz está la de otorgarle el título de ciudad, puesto que hasta ese momento tenía la condición de villa.

Además, ordenó derribar la mayor parte de las construcciones musulmanas y levantar otras nuevas al más puro estilo castellano. También decidió replobar la ciudad y trasladó a unas 300 familias cántabras hasta la ciudad gaditana.

Pero la refundación de Cádiz no estaba completa sin un gran templo cristiano. Así, Alfonso X ordenó hacia 1262-1263 derribar la mezquita musulmana y erigir en ese mismo emplazamiento la catedral de Santa Cruz, que fue el primer templo gaditano hasta 1838. El monarca dedicó tanto tiempo a la ciudad que expresó su deseo de ser enterrado en la catedral gaditana. Incluso algunos estudios indican que Alfonso X ordenó levantar Santa Cruz con el fin expreso de ser enterrado allí.

Alfonso X falleció en Sevilla el 4 de abril de 1284 y, a pesar de los deseos que pudiera expresar, el testamento no deja rastro de su anhelo por ser enterrado en Cádiz. “que el nuestro cuerpo sea enterrado en nuestro monesterio de Sancta María la Real de Murcia, que es cabeza de este reyno; el primero lugar que Dios quiso que ganasemos a servicio dél, e a honra del rey Don Fernando, e de nos, et de nuestra tierra; pero si los nuestros cabezaleros tovieren por mejor que el nuestro cuerpo sea enterrado en la cibdat de Sevilla, o en otro lugar que sea mas a servicio de Dios, tenemoslo por bien”, detalla su testamento, en el que no hay ni rastro de Cádiz.

El monarca fue enterrado finalmente en Sevilla, aunque allí solo quería que quedara su cuerpo. Alfonso X indicó en su testamento el deseo de que su corazón fuera llevado a Tierra Santa y sus entrañas acabaran en Murcia. Pero el corazón del monarca no llegó nunca a Tierra Santa, según un estudio de Santiago Soler Seguí -investigador especialista en castellología medieval-, y descansa junto a parte de sus restos en Murcia.