San Dámaso, ¿el primer papa español?

San Damaso
San Damaso

 

CÁDIZDIRECTO/J.M.García Bautista.- Sería dificil poder contrastar con absoluta fiabilidad -dado que nació en el siglo III d.C.- el lugar de nacimiento del papa San Dámaso, para unos fue en Roma, para otros en Gallaecia (Hispania) y, sería así, el primer papa hispano de la Historia. Si bien España aún no existía como país y si como provincia conquistada del Imperio Romano.

Nació hacia el año 304 y fue el papa número 37 de Roma. La fecha de su muerte si la conocemos: 11 de diciembre del 284 en Roma. Accedió al trono de Pedro en el año 366 y se mantuvo en él hasta el 384 siendo el décimo octavo papado más largo con 18 años, 2 meses y once días (un total de 6.646 días).

Se subió a los altares por su vida ejemplar -y milagros atribuidos- siendo su onomástica el 11 de diciembre, y dando patronazgo a la arqueología.

En vida coincidió con el emperador Constantino I que daría un impulso vital al cristianismo como religión oficial del Imperio, a la vez que dividía  este en Imperio Romano de Oriente e Imperio Romano de Occidente.

No fue una época fácil, el cristianismo se debatía en diferentes opciones: de un lado los católicos, de otro los arrianistas; igualmente dentro de la jerarquía religiosa había conflictos como los problemas sucesorios y la proliferación de antipapas; así como con la expansión y legitimación del cristianismo a manos del Emperador Constantino. La obra continuadora de Constantino I “El Grande” fue tomada por Teodosio I “El Grande”.

San Dámaso fue un papa de vigor, enérgico, fuerte, con una clara intención unificadora  y centralizador del poder de la Iglesia y el Imperio, como marcaban las necesidades del contexto histórico.

Su eleción como papa no estuvo libre de polémicas, siempre en torno a la elección de un nuevo pontífice ha habido tremendas disputas si bien él recibió el apoyo el mismo emperador.

En la campaña en su contra se afirmó que había cometido asesinato y adulterio en sus primeros años como papa siendo absuelto, aunque no se pudo verificar su inocencia.

Se creía que todo podía estar motivado por la lucha existente entre los cristianos más ortodoxos y los partidarios del arrianismo.

Fue el creador de la doxología «Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén»: Introdujo el uso de la voz hebraica «Aleluya»; además acometió las obras de restauranción de la Basílica de San Lorenzo Extramuros.

Pero quizás su orden más imperecedera fue la de encargar la traducción latina de la Biblia conocida popularmente como «Vulgata»,de San Jerónimo.

De la traducción de aquella primera Biblia que dan documentos de incalculable valor, uno de ellos es una carta a su persona sobre la visión de Roma por San Jerónimo (entre el 376 o 377), lo más importante de ella es la doble pregunta de  “¿Quién es el verdadero obispo de los tres que demandan dicha consideración para sí en Antioquía?” y “¿Cuál es la terminología correcta para hablar de la Deidad, de tres o de uno?”, la carta decía así:

Y yo pregunto, ¿puede alguno ser tan profano para hablar de tres esencias o sustancias en la Deidad? Hay una naturaleza de Dios y es única; y éste y sólo éste realmente lo es. El absoluto ser no derivó de ninguna otra fuente, es todo propio. Todas las demás cosas que son todas las cosas creadas, aunque parezcan ser no lo son. Había un tiempo en el que ellas no eran, y el que una vez no fue puede dejar de ser. Sólo Dios es eterno, es decir, quien no tiene ningún principio, realmente merece ser llamado una esencia.[…] quienquiera que en nombre de la religión declara que hay en la Deidad tres elementos, tres hipóstasis, es decir, esencias, se esfuerza realmente de afirmar tres naturalezas de Dios […] ¡Pero quizás la fe de Roma nunca va en esa dirección! ¡Quizás los corazones devotos de sus gentes nunca son infectados por tales doctrinas impías! Déjenos estar satisfechos por hablar de una sustancia y de tres personas sustituíbles perfectas, iguales, coeternas. Déjenos mantener una hipóstasis si ese es su deseo, y no hablar en absoluto de tres. Es un mal signo cuando los que piensan la misma cosa usan palabras diferentes. Déjenos estar satisfechos por la forma de credo que hasta ahora hemos usado. O, si usted lo piensa que es correcto que yo debiera hablar de tres hipóstasis, explicando lo que quiero decir con ellas, estoy preparado para asumirlo. Pero créame, hay veneno ocultado bajo su miel” (San Jerónimo de Estridón, Carta XV enviada a San Dámaso).

Murió cuando su edad estaba próxima a los 80 años siendo enterrado -según el Liber Pontificalis- junto con su madre y su hermana en una de las catacumbas de una de sus igolesias, de aquellas que mandó edificar entre los cementerios de Calixto y Domitilla en el camino de Ardea,actualmente siendo denominadas como Vía Ardeatina o Vía Argentina; posteriormente sus restos se trasladaron a la Iglesia de San Lorenzo, luego destruida.

En 1902 fue monseñor Wilpert el que encontró la iglesia de san Dámaso y el epitafio dejado por su madre Lorenza.