Sor Úrsula, el fantasma del Parlamento de Andalucía

Parlamento de Andalucia
Parlamento de Andalucia

 

CÁDIZDIRECTO/J.M.García Bautista.-La primera vez que escuché hablar del fantasma que mora por los pasillos del magno edificio del Parlamento de Andalucía fue siendo joven, entre las páginas del periódico “Diario 16”, ya desaparecido, y firmando dicho artículo todo un insigne del periodismo en Sevilla como es Francisco Correal.

Lo que narraba en aquel artículo, no sin cierta sorna, no dejaba de ser sorprendente: en aquel lugar se aparecía el espíritu de una religiosa que tenía atemorizados a vigilantes de seguridad, limpiadoras, personal administrativo y de servicio e incluso a los diputados andaluces dando nombres de personas que hablaban sobre el fantasma como el mismo Luis Carlos Rejón o Plácido Fernández Viagas.

Así, movido por la curiosidad comienzo a investigar lo que se iba a constituir como uno de los casos paranormales más importantes de Sevilla pues afectaba a uno de sus edificios más emblemáticos.

La investigación comenzó por saber que había allí antes que el edificio fuera la sede del Parlamento de Andalucía, y llega la primera sorpresa pues fue el Hospital de las Cinco Llagas o de la Sangre, mandado construir en el siglo XVI por Catalina de Ribera y su familia, una de las grandes familias de la ciudad y que tenían su particular mecenazgo.

El edificio fue uno de los más grandes del mundo dedicado a la actividad sanitaria junto con el de Milán (Italia) siendo construido para atender a los enfermos que tenían la necesidad de curar sus males. Construido según mandaba la tradición fuera de los límites de la ciudad, extramuros de Sevilla, por si una epidemia se propagaba dentro del mismo que no se extendiera a la vieja Híspalis. Claro, que ni eso salvo a la ciudad de las terribles epidemias de peste que se declararon hacia la mitad del siglo XVII y que acabó con más de la mitad de su población.

Muchos de aquellos fallecidos en las epidemias fueron enterrados en la fosa común practicada a las afueras del edificio y en la que murieron, entre otros, el gran imaginero Martínez Montañés o cierta monja de mucha dureza al que todos llamaban sor Úrsula.

Pasaban los años y, a modo de parca, sor Úrsula seguía merodeando en el edificio, desde el más allá se resistía a abandonar aquel que había sido su hogar, y fruto de sus desvelos, por años; se aparecía en pasillos y enfermería, en compañeras religiosas o a pacientes, y el tintineo de sus llaves era temido por aquellos a los que se aparecía pues a la mañana siguiente ese infortunado habría pasado a mejor vida…

Así el edificio conoció enfermo que tuvieron su particular encuentro con sor Úrsula y no vivieron para contarlo.

Cuando en las décadas finales del siglo XX, hacia los años 70, el edificio deja de funcionar como hospital se procede a cerrar y queda “abandonado” en pleno barrio de La Macarena. El edificio fue entonces objeto de los “desguazadores” que daban buena cuenta del plomo de sus cañerías o del cobre de su instalación eléctrica (por aquel entonces más respetado que ahora debido a su valor de mercado). Ellos tuvieron inquietantes encuentros, desde simples sensaciones de estar acompañados por algo que no veían, percibir fuertes olores a desinfectante pese a que habían transcurrido años que el edificio no era hospital, hasta ver a lo lejos, en un pasillo, a una monja doblar la esquina; la monja, como no podía ser de otra forma, era sor Úrsula.

Se hizo popular el edificio de estar encantado y cuando comenzaron las obras de acondicionamiento del mismo a comienzo de la década de los 90 los trabajadores decían lo mismo: veían a una monja pasear por la galería alta o por los pasillos, sabiendo que allí no había nadie.

Al abrir el edificio fueron los vigilantes de seguridad los que comienzan a vivir su particular calvario. Puertas y ventanas que se abren y cierran (aún hoy día), pisadas que proceden de la nada, descensos bruscos de temperatura, o la terrible visión de una monja etérea que pasea por lo que antaño, siglos atrás, fue su hogar.

Lluvia de piedras en uno de sus patios que aterrorizó a un vigilante, manifestación ante una empleada de la limpieza o hasta los propios empleados de administración que atesoran su particular experiencia con la monja.

Grabando un programa de “Sevilla Oculta” para 20 Tv en el edificio nos contaron, al equipo de técnicos y a mí como dos diputadas -de dos grupos políticos diferentes- habían podido ver a sor Úrsula el pasado invierno, pero sus apariciones van más allá y a los que visitan la biblioteca magnífica del edificio también gusta de aterrorizar.

Es la historia de un edificio encantado con tanta tradición como realidad. Nadie duda de que el espíritu de sor Úrsula mora por su pasillos, incluso que se ha extendido a un edificio cercano como el Hogar Virgen de los Reyes donde un profesor de baile -ya que el Hogar es usado por el Ayuntamiento como edificio de distrito para ocupaciones-, José David Flores, pudo vivir directamente la manifestación de la religiosa, con su hábito celeste y blanco; y en una ocasión posterior la de un niño que regresó de la muerte para aterrorizarlo. Pero esta es ya otra historia.

Quizás haya que aplicar aquella máxima de “mejor creerlo que no verlo”, atrás queda el Parlamento de Andalucía con su fantasma, y a buen seguro no será la última vez que tengamos noticias suyas sin que sepamos aún la razón por la que se manifiesta en su interior.