Una puerta mágica de Primera

Una puerta mágica de Primera

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CÁDIZDIRECTO/Enrique Alcina.- Del futuro no se puede vivir. A Mágico ya le dieron una puerta a mediados de 1991, tras una década de prodigios y altibajos. Ahora, el Cádiz va a consagrar al mito la puerta número siete del estadio Carranza. Hola fondo norte, hola fondo sur.

Al sur del gol de Mágico González al Santander descansa el recuerdo de las cosas que jamás sucedieron de aquella manera. Mágico lucirá de nuevo la camiseta del Cádiz el próximo miércoles día 22, junto a sus hermanos y a otros veteranos salvadoreños, cerquita de casa.

Todo parece indicar que Jorge vivirá desde la distancia el nuevo homenaje que le brindará el Submarino Amarillo. Esta vez nadie ha anunciado que Mágico ya tiene los billetes para volar a España. Lo mismo viene, ahora que no le esperan. Cádiz jamás podrá devolverle al Mago ni la mitad de lo que recibió. No en vano, esas tardes locas adornadas de triunfos y decepciones pertenecen al rincón feliz de la memoria de esta esquina del viento.

Hoy se cumplen no sé cuántos años de la fecha señalada: cuarenta años del primer ascenso a Primera, cuarenta años de la recuperaciòn del Carnaval, y otros tantos tacos de la muerte y resurrección de Elvis, la legalización de partidos políticos, la guerra de las galaxias, la derogación de la censura de prensa, la fiebre del sábado noche, la caída en desgracia del sector naval, la epopeya del rock andaluz, el testarazo de Paco Baena al Real Madrid, la amnistía y la libertad.

Hoy escandaliza más la decisión de un árbitro de fútbol que la actividad impopular de la gente más impune. Hoy cuesta la misma vida reunir a cinco mil personas en repulsa a los recortes en la sanidad pública; en el 77 salieron cien mil gaditanos a la calle en defensa propia, a cuenta de la primera regulación de empleo salvaje en Astilleros –más adelante inaugurarían la temporada de cortes de tráfico a fuego limpio en el puente, el primero–, y hasta arrojaron frigoríficos, máquinas de coser, planchas y macetas a la policía.

Hoy nadie tira los corners, ni las faltas, como Fernando Carvallo, el extraordinario futbolista chileno, el único extranjero del Cádiz hace cuarenta años, que por su talento y actitud ante la vida merecía ser gaditano. La tarde del 5 de junio de 1977, el Cádiz derrotaba al Tarrasa con tantos de Villalba y Ortega. Necesitaban un punto para subir. Jugaron: Santamaría, Cenitagoya (Puig), Barrachina, Urruchurtu, Rosado, Ortega, Ibáñez, Carvallo, Villalba (Blanco), Quino y Mané. Ahí es nada. Invadimos el campo, pa’ qué vamos a negarlo, e intentaron levantar en hombros al árbitro (?). Aquel día el Cádiz llenó dos estadios, reuniendo a dos aficionados de pie en cada “asiento” de hormigón. La torre de preferencia aún no se había convertido en símbolo fálico del chirigoteo gaditano.

A Cádiz llegó el Carnaval de verdad antes que la democracia al resto del país. Así que nada, el coro de Los Dedócratas acuñó el estribillo, aún en plena vigencia: “Aquí no pasa ná, esto es un cachondeo, porque todos los cargos y nombramientos han sido a deo”. Villanueva, Ramallo, Maján, Ayala, Rosado, Reixach, Repeto. La juventud universitaria se incorporaba a la fiesta, que un día llegó a ser comprometida, rebelde y traviesa.

Más allá de nuestras mentes diminutas, el flamenco se dejaba crecer la melena, nacían los Cai, el Camarón envenenaba la leyenda del tiempo, Fernando Quiñones llevaba al teatro Pemán, al abrigo del festival Alcances, la música inaudita del sur: Triana, Imán Califato Independiente, Gualberto, mientras ahí afuera estallaba el punk del “no hay futuro, no hay más héroes, anarquía y diversión”. “A los quince años eras joven y a los veinte, ya mayor”.

El porvenir imperfecto del Cádiz, la primera división del verano del 77, condujo al golazo de cabeza de Baena que dio la victoria al equipo amarillo en su primer choque histórico contra el Real Madrid. Pocos clubes del mundo pueden alardear de haber ganado al Madrid en el primero y en el último partido que los ha enfrentado. Cherysev, la leyenda.

Por hache o por be, desde entonces, el Cádiz ha militado doce veces en Primera, doce en Segunda y dieciséis en Segunda B. Los índices de desempleo han crecido con la marea, del 15% a casi el 40%, la barrera del millón de parados suena ya a canto rodado, Elvis vive en el rock de Valcárcel y hay gente que no se quita la careta en todo el año.

El año de los dos sietes, que situó al presidente De Diego en una aparente época de transición, tras las prometedores temporadas lideradas por Gutiérrez Trueba, escribió el principio y el final de algunas de las vidas paralelas de Cádiz.

La autoridad incompetente permitió la fiesta de febrero con límites, las diez de la noche. Tras el apoteósico ascenso, en los vestuarios de Carranza, los futbolistas se ducharon con botellas de champán obsequiada por Martín de Mora, el propietario del Cortijo de los Rosales. Al año siguiente debutaba en el Cádiz otro buque insignia, Pepe Mejías. Más puertas con nombre. A Mágico de nuestras entretelas hay que darle una puerta de Primera.

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