Juan Tamariz actúa sobre un escenario vestido con camisa blanca, chaleco negro y sombrero morado, frente a una mesa de magia y con un fondo oscuro.
Juan Tamariz, durante una de sus actuaciones. El maestro de la cartomagia mantuvo durante décadas una estrecha relación con Cádiz y en sus últimos años tuvo su hogar en San Fernando. Foto: Facebook.

Adiós a Juan Tamariz: sus veranos en Cádiz y la casa de San Fernando que se convirtió en lugar de encuentro para magos

El maestro de la cartomagia, fallecido a los 83 años, mantuvo durante décadas una estrecha relación con la Bahía de Cádiz y en sus últimos años encontró en San Fernando uno de sus hogares

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Juan Tamariz ha muerto este 18 de agosto a los 83 años y con él desaparece una de las figuras fundamentales de la magia contemporánea. Pero su historia también está estrechamente unida a Cádiz, una tierra a la que regresó durante muchos veranos y que terminó formando parte de su vida.

En los últimos años, el maestro de la cartomagia tenía casa en San Fernando, donde vivía junto a su esposa, la también maga Consuelo Lorgia, en un hogar profundamente ligado al ilusionismo y frecuentado por magos y magas llegados de distintos lugares del mundo.

La relación de Tamariz con Cádiz venía de mucho antes de instalarse en San Fernando. Durante muchos años eligió la provincia para pasar parte de sus veranos, construyendo una vinculación con la zona que acabaría trascendiendo las vacaciones.

El madrileño, nacido el 18 de octubre de 1942, encontró así en la Bahía uno de esos lugares a los que regresar. Una relación prolongada durante décadas y que en la última etapa de su vida se hizo todavía más estrecha con su residencia en San Fernando.

Allí llevaba una vida mucho más alejada del Juan Tamariz que millones de españoles conocieron a través de la televisión, aunque nunca desligada de aquello que había marcado prácticamente toda su existencia: la magia.

Una casa en San Fernando por la que pasaban magos de todo el mundo

La vivienda isleña de Tamariz tenía además una particularidad. No era únicamente el lugar donde residía junto a su esposa, Consuelo Lorgia. La magia ocupaba en ella un espacio protagonista y la casa se convirtió también en un punto de encuentro para quienes compartían su oficio y su pasión.

Por allí pasaban magos y magas de diferentes generaciones, niveles y procedencias. Profesionales y aficionados encontraban en San Fernando la posibilidad de compartir tiempo con quien llevaba décadas siendo considerado uno de los grandes maestros internacionales del ilusionismo.

No resulta difícil entender esa capacidad de atracción. Tamariz no fue únicamente el personaje de pelo alborotado, humor imprevisible y violín imaginario que alcanzó una enorme popularidad en televisión. Dentro del mundo de la magia su dimensión era mucho mayor.

En 1973 obtuvo el Primer Premio Mundial de Cartomagia en el congreso de la Federación Internacional de Sociedades Mágicas (FISM) celebrado en París. Su trabajo teórico y práctico influyó después en generaciones de ilusionistas de numerosos países.

Libros como Los cinco puntos mágicos o La vía mágica se convirtieron en referencias dentro de la disciplina, mientras que su trabajo con la «Mnemónica», su sistema de ordenación de la baraja, contribuyó a transformar la manera de concebir determinados efectos con cartas.

El maestro mundial de la magia que eligió Cádiz

Esa dimensión internacional hace todavía más singular su relación con Cádiz. Tamariz recorrió escenarios de Europa y América y fue admirado por algunas de las principales figuras de la magia, pero durante muchos años siguió regresando a esta esquina del sur.

En 2009 recibió el Premio FISM a la Teoría y Filosofía y en 2011 fue distinguido con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Reconocimientos a una trayectoria que fue mucho más allá de sus apariciones televisivas y que lo convirtió en uno de los grandes teóricos de la magia moderna.

Para el público español seguirá siendo inevitablemente Tamariz: la baraja en las manos, el gesto desbordante, sus juegos aparentemente imposibles y una forma de hacer magia que parecía caótica aunque escondiera detrás una enorme precisión.

En Cádiz queda además otra memoria, más íntima y menos conocida por el gran público: la de aquellos largos veranos y la de sus últimos años en San Fernando, junto a Consuelo Lorgia, en una casa donde la magia no era únicamente una profesión ni un espectáculo y cuya puerta cruzaron magos y magas llegados desde muy distintos lugares.