Restos del Vaporcito.

Alarma en El Puerto por el estado de El Vaporcito tras las lluvias y el viento

El temporal vuelve a golpear a El Vaporcito y dispara la urgencia para salvar sus restos

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El temporal del pasado fin de semana ha vuelto a golpear uno de los símbolos más destacados y llamaticos de la memoria marítima de la Bahía de Cádiz. El vapor Adriano III, popularmente conocido por todos como El Vaporcito, amaneció visiblemente dañado tras varios días de lluvias muy intensas y rachas de viento que castigaron con dureza el litoral gaditano.

El Ayuntamiento de El Puerto ha lamentado “profundamente” el estado en el que se encuentra la histórica embarcación y reclamó una actuación urgente para retirar y asegurar los restos de la misma.

La preocupación municipal no es menor puesto que las previsiones meteorológicas anuncian que vendrán nuevos episodios de inestabilidad durante la semana, lo que incrementa el riesgo tanto para la seguridad como para la conservación de lo que queda del buque.

Según trasladó el Consistorio de El Puerto en una nota oficial, ya existe coordinación entre la Junta de Andalucía y la Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz para abordar la situación.

Ambas administraciones trabajan en una solución que permita intervenir de la forma más rápida posible, en un contexto marcado por la complejidad administrativa y la urgencia material del problema.

El Adriano III es un Bien de Interés Cultural de titularidad privada y pertenece a la Asociación de Amigos de El Vaporcito. Igualmente se encuentra ubicado en terrenos dependientes de la Autoridad Portuaria, un detalle fundamental que condiciona cualquier actuación.

El Ayuntamiento de El Puerto ha recordado que no tiene competencias directas ni sobre el bien ni sobre el suelo en el que se asienta, lo que limita su capacidad de intervención inmediata.

Pese a a ello, desde hace años el gobierno local viene reclamando a todas las partes implicadas —propiedad, Autoridad Portuaria y administraciones competentes— un acuerdo definitivo que permita trasladar, proteger y dignificar los restos del barco.

No se trata solamente de una cuestión patrimonial es motivo de seguridad pública y el respeto a un símbolo que forma parte de la identidad colectiva de la ciudad.

La relación del Vaporcito y El Puerto

Fuentes municipales de El Puerto reconocen el esfuerzo realizado en su momento por la asociación propietaria para intentar recuperar el Vaporcito. Hubo iniciativas, proyectos y una clara voluntad de cara a salvar la embarcación.

No obstante la pandemia, el avanzado deterioro estructural del buque y la falta de respaldo suficiente a algunas de esas propuestas acabaron frenando un proceso que ya entonces se antojaba complejo.

El paso del tiempo y la exposición continuada a los temporales han ido agravando el estado del Adriano III. Cada episodio que llega de lluvias intensas deja nuevas imágenes de deterioro y reabre un debate que en El Puerto nunca termina de cerrarse con cuestiones como qué hacer, y cómo hacerlo, con un vestigio del pasado que sigue despertando afecto y preocupación a partes iguales.

Desde el Ayuntamiento de El Puerto insisten en que han colaborado “en todo momento” dentro del marco legal de sus competencias y aseguran que seguirán haciéndolo.

Han recalcado que no pueden actuar directamente sobre bienes privados ni intervenir sin la autorización expresa de las administraciones y entidades titulares. Entre tanto, el viejo Vaporcito permanece a la espera de una decisión que, esta vez, muchos consideran inaplazable.

El deterioro visible del casco y de las estructuras que aún resisten ha provocado inquietud entre vecinos y asociaciones, que observan con cierta resignación cómo el icono que durante décadas unió ambas orillas se descompone ante la falta de una salida convincente.

Todo apunta a que las próximas semanas serán fundamentales puesto que si no se actúa con rapidez, el impacto del siguiente temporal podría ser definitivo y convertir un problema de gestión en una pérdida irreparable para el patrimonio histórico local.

Una escena que, según pudo saber este medio, nadie quiere volver a lamentar públicamente, cuando todavía hay margen para una intervención que esté coordinada y sea eficaz antes de que llegue.

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