Hermandad de los Afligidos de Chiclana.

Calles llenas y lágrimas contenidas, Chiclana vive un Martes Santo para el recuerdo

Martes Santo en Chiclana: el reencuentro esperado tras un año marcado por la lluvia

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El Martes Santo volvió a latir con fuerza en Chiclana, en una jornada cargada de emoción, simbolismo y reencuentros. Tras un 2025 condicionado por la inestabilidad meteorológica, las hermandades regresaron a las calles con novedades patrimoniales y el respaldo masivo de fieles y vecinos.

Desde primeras horas de la tarde, el ambiente en las inmediaciones de la Iglesia de San Antonio anticipaba que no se trataba de un Martes Santo cualquiera.

Chiclana, aún con el recuerdo reciente de las dificultades vividas el año anterior, aguardaba con expectación la salida de la Hermandad del Amor.

A las 16:45, las puertas del templo se abrieron lentamente, desatando una reacción inmediata de aplausos y emoción entre los presentes.

El cortejo avanzó con solemnidad, acompañado por una multitud que no quiso perder detalle. La imagen de Nuestro Padre Jesús del Amor en su Sentencia, obra del imaginero Fernando Aguado, volvió a recorrer las calles con una fuerza simbólica especial.

La talla, que representa el momento en que Jesús es condenado, lucía una túnica de terciopelo que realzaba aún más su presencia.

Uno de los grandes atractivos fue el paso de misterio completamente finalizado, que incorporaba nuevas figuras como un centurión romano y un escriba, enriqueciendo la escena desde el punto de vista artístico y narrativo.

La orfebrería y los detalles textiles aportaban una estética cuidada que no pasó desapercibida para los asistentes.

El momento más emotivo llegó con la primera levantá, dedicada por el capataz a una niña enferma vinculada al grupo joven de la hermandad.

El gesto, extendido a todas las personas que atraviesan situaciones similares, provocó un silencio respetuoso seguido de una ovación cargada de sensibilidad.

La salida de Afligidos y el valor de la recuperación

Mientras la Hermandad del Amor avanzaba por su itinerario, la expectación crecía en torno a la salida de la cofradía de Afligidos desde la Iglesia de San Telmo.

A diferencia del año anterior, cuando la lluvia impidió su estación de penitencia, en esta ocasión todo estaba dispuesto para que la procesión se desarrollara con normalidad.

A las siete de la tarde, la Cruz de Guía marcó el inicio del recorrido, acompañada por nazarenos con túnicas negras y capirotes azules.

El público, concentrado en los alrededores, respondió con entusiasmo al paso del cortejo, que avanzaba entre muestras de respeto y admiración.

Especial atención recibió la imagen de María Santísima de los Desconsuelos, restaurada tras el incendio ocurrido dos años atrás en el templo.

El trabajo del imaginero Francisco Berlanga de Ávila devolvió a la talla su expresividad original, con una intervención que ha sido valorada por su fidelidad estética y sensibilidad artística.

El conjunto procesional ofrecía una estampa renovada, en la que tradición y recuperación se daban la mano.

La presencia de mujeres con mantilla y el acompañamiento musical contribuyeron a crear una atmósfera solemne, en la que cada detalle parecía cuidadosamente medido.

Chiclana volcada en su Semana Grande

Con ambas hermandades en la calle, Chiclana alcanzó uno de los momentos más intensos de su Semana Santa. Las calles del centro se llenaron de público, especialmente en puntos emblemáticos como la calle La Plaza o Segismundo Moret, donde el paso de las cofradías generó escenas de gran belleza.

El desarrollo de la jornada estuvo marcado por una climatología favorable, con cielos despejados y una ligera brisa de levante que no impidió el normal transcurrir de las procesiones.

Este factor fue clave para que las hermandades pudieran completar sus itinerarios sin contratiempos.

A medida que avanzaba la tarde, el ambiente se transformaba. Los aplausos espontáneos se alternaban con momentos de recogimiento, en los que el silencio se imponía como forma de respeto. La iluminación natural fue dando paso a una noche que envolvía la ciudad en una atmósfera íntima y profundamente simbólica.

El regreso de ambas cofradías a sus templos puso el broche a una jornada que muchos calificaron como histórica. No solo por los estrenos y la calidad de los desfiles procesionales, sino por lo que representaba emocionalmente para la ciudad.

Tras un año marcado por la incertidumbre, el Martes Santo de 2026 se consolidó como un punto de inflexión. Un día en el que Chiclana recuperó plenamente una de sus tradiciones más arraigadas, reafirmando el vínculo entre fe, cultura y comunidad que define su identidad.

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