De la Rosa busca el desborde ante un defensor del Valladolid en una acción aislada de un Cádiz CF sin intensidad. Foto: Cádiz CF.

De mal en peor: el Cádiz CF se desangra y se asoma al abismo

Un equipo sin alma y sin fútbol, blando y superado cae con claridad ante un Valladolid más firme y agrava su crisis

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El Cádiz CF volvió a caerse. Y otra vez, sin respuesta y sin argumentos. Ni alma ni fútbol. La derrota ante el Real Valladolid en Zorrilla (3-0) es la confirmación de un equipo en descomposición, sin capacidad de reacción y cada vez más cerca de un escenario que ya asusta de verdad.

Los amarillos podían quedar tras esta jornada a menos de un partido de los puestos de descenso (si gana el Zaragoza) pero lo más preocupante es que ya no tienen ningún equipo entre ellos y el descenso: Los cadistas son el obetivo de los conjuntos que buscan la salvación.

El técnico Sergio González apostó por una revolución en el once, con hasta seis cambios que no invitaban precisamente al optimismo. Dos laterales señalados, un central que jugaba por primera vez en esa posición desde su llegada en el mercado de invierno, un doble pivote inédito... demasiadas incógnitas para un partido que ya exigía certezas. Y el equipo respondió como era de temer. Mal. Muy mal.

El Valladolid salió dominando, empujando al Cádiz hacia su área desde el primer minuto. Centros laterales constantes, con Latasa fijando y buscando a Pereira, mientras Caicedo concedía demasiadas facilidades. El Cádiz no tenía salida de pelota. No le duraba el balón ni tres pases. Apenas un amago en el minuto 10, un espejismo. La calma antes de lo inevitable.

Porque este Cádiz es endeble hasta lo sonrojante. Blando, frágil, incapaz de sostener cualquier situación mínimamente exigente. Y así llegó el primer golpe. En una acción que resume perfectamente su temporada.

Un despeje largo del meta rival Aceves que la defensa amarilla interpretó como si el balón no fuera con ellos. Botó una vez. Nadie atacó la jugada. Peter Federico ganó la posición con una facilidad insultante y tocó de cabeza. El balón siguió sin que nadie lo defendiera. Botó dos veces. Botó tres. Arribas llegó tarde y Chuki, tras un primer intento, aprovechó el rechace de Víctor Aznar para hacer el 1-0. Otro gol concedido. Otra vez falta de contundencia, casi de oficio.

El partido ya estaba inclinado, pero el Cádiz decidió terminar de romperlo en el minuto 29. Saque de esquina, peinada en el primer palo de Iván Alejo y Dawda, en su intento de despejar, acabó desviando el balón a su propia portería. Segundo autogol en dos partidos. A perro flaco...

Ahí se acabó todo. Media hora de partido y sensación de final absoluto. El Cádiz no tiró ni una sola vez entre los tres palos en toda la primera parte. Ni reacción, ni orgullo, ni fútbol. Solo un remate de cabeza de Dawda despejado a saque de esquina por un defensor en el mismo salto.

Antes del descanso, la situacion ya era tan clara que Sergio empezó a pensar más en el siguiente partido ante el Córdoba que en este. Kovacevic, Brian Ocampo y Álex Fernández se quedaron en el vestuario tras el intermedio. Un mensaje evidente: el partido estaba perdido.

El segundo tiempo fue directamente la nada. Un equipo irrelevante, previsible, incapaz de generar peligro real. Solo una acción aislada de Suso, tras una buena combinación con Dawda y Roger, y un disparo del gaditano al larguero en el minuto 82. Demasiado poco. Prácticamente nada.

El Valladolid, sin necesidad de apretar demasiado, terminó de cerrar el partido en el minuto 74. De nuevo Chuki, aprovechando las facilidades, firmó el 3-0 definitivo ante un Cádiz completamente entregado.

El Cádiz acabó con Joaquin González de central guardando más piezas para otra final, la del sábado a las 14:00 horas ante el Córdoba.

Los datos no hacen más que confirmar lo que se vio sobre el césped: 13 tiros del Valladolid por 8 del Cádiz, 6 a puerta por solo 1 del conjunto amarillo, más posesión, más control, más presencia en área. Un partido dominado de principio a fin por los locales ante un rival sin respuesta.

Las estadísticas finales reflejan con crudeza la diferencia entre ambos equipos durante los noventa minutos:

Pero el problema va más allá de este partido. Mucho más allá. El Cádiz transmite la sensación de estar completamente roto. Sin alma, sin convicción, sin fútbol. Un equipo que quiere, pero no puede. Y lo que es peor: que cada vez le da para querer menos tiempo.

Y ahí la responsabilidad no puede quedarse solo en los jugadores. El club lleva tiempo más pendiente de proyectos grandilocuentes, de escaparates y de mensajes hacia fuera que de lo verdaderamente importante. El balón hace tiempo que dejó de ser el centro de todo en este Cádiz de Vizcaíno y Contreras. Y eso, tarde o temprano, se paga en el campo.

Las coincidencias a veces explican más de lo que parece. Hace exactamente cinco años, un Lunes Santo, el Cádiz iniciaba un nuevo rumbo institucional que venía acompañado de grandes anuncios y promesas: anunciaba la llegada de Rafael Contreras a la vicepresidencia. Desde entonces, mucho ruido. Demasiado. Y cada vez menos fútbol.

El equipo es ahora mismo carne de Primera RFEF. Solo puede agarrarse a dos cosas: a una reacción inesperada en el próximo partido o a que haya cuatro equipos con menos puntos. O mejor dicho, como comentaba en la retransmisión en Radio Marca el cadista y tertuliano Jesús Huertos, que haya cuatro que sumen menos, porque el cadista es, a día de hoy, el peor equipo de LaLiga Hypermotion.

El Cádiz sigue desangrándose y nadie sabe cómo cortar la hemorragia. Se masca la tragedia.

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